Menos alcohol, más proteína. El consumo en jóvenes cayó del 61% en 2021 al 42% en 2025 y los gimnasios se llenan de escolares. Los llaman «gymrats». ¿Es una generación más sana que las otras o una obsesión que todavía no sabemos nombrar?
Por Francisca Poblete
Edición por Silvia Matamala
Son las 17:00 de un jueves de mayo en un gimnasio de la comuna de Las Condes. Hay cuatro jóvenes en uniforme escolar que observan a un quinto sentado en una máquina. En ella, toma la barra que está por encima de él y la baja hacia su pecho. Cuando termina su serie de repeticiones, va el siguiente. Y así, uno por uno, hasta que todos terminan su rutina. El proceso es el mismo al cambiarse a otro ejercicio.
Los denominados “gymrats” reflejan el aumento de los jóvenes que asisten religiosamente al gimnasio. El término hace alusión a personas apasionadas por el deporte, y que lo convierten en su estilo de vida. El Diccionario de Cambridge lo reconoce como concepto. Surgió en redes sociales y, en Tiktok e Instagram, el hashtag “gymrat” suma más de 51 millones de publicaciones.
Según estudios realizados por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), los estudiantes de educación superior disminuyeron su consumo de alcohol del 61% en 2021 a un 42% en 2025. El consumo de marihuana en los mismos años también bajó de un 32% a un 23%.
A nivel internacional, el panorama es similar. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el consumo de alcohol en los países miembros ha disminuido un 2,5% en los últimos 20 años. En un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el impacto del consumo de alcohol en 2019, el promedio global de consumo bajó de 5.7 a 5.5 litros por persona. Y ya es derechamente una tendencia: porque la entidad lo atribuye directamente a cambios culturales en los hábitos de las nuevas generaciones.
Sebastián Reyes (21) estudia Ingeniería Comercial y es personal trainer. “Muévete, entrena y cambiará tu vida”, dice su biografía de Instagram en la que hoy tiene 127 mil seguidores. Comenzó a subir contenido a sus redes sociales a fines de 2024 para motivar a los demás, específicamente a aquellos que no tuvieron una referencia deportiva como la tuvo él. Reyes es hijo de dos profesores de educación física, por lo que creció ligado al deporte.
Al estar en contacto con más jóvenes y compartir información sobre este mundo, dice que siente una responsabilidad. Sobre todo porque la mayoría de sus seguidores, cuenta, son menores de edad y es consciente de la influencia que tiene sobre las personas. “Me dicen que quieren ser como yo, pero tengo que explicarles que cada uno tiene un camino diferente para cada objetivo”, aclara Reyes.
En busca de la perfección
Cuando Alejandro Cortés (23) piensa en que irá a comer a un tenedor libre, un restaurant donde se puede comer ilimitadamente pagando un precio fijo, la planificación comienza el día anterior: “Voy a comer la mitad de mis porciones para permitirme disfrutar tranquilo”. Por eso, si un día come poco, al otro día come más para mantener el equilibrio.
Solo así, dice, puede mantenerse riguroso con sus comidas, contando cuántas calorías consume en sus jornadas. También hace ejercicio todos los días pero, más que por disciplina, comenta que es porque su cuerpo lo pide.
Cortés es kinesiólogo e influencer fitness y suma más 91 mil seguidores en Instagram. En su plataforma crea contenido para transmitir sus conocimientos hacia los demás y vende asesorías con un programa llamado New Day. Este dura tres meses y en él, los alumnos aprenden a alimentarse, a entrenar y a «dominar su mente», según describe. Hasta ahora, ha tenido más de 200 alumnos de seis países distintos. “Yo quiero que la gente aprenda hábitos sostenibles en el tiempo”, dice.
Lilian Brand es psiquiatra experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y asegura que el auge e interés por la vida saludable se debe a las redes sociales. “Estamos muy hiperconectados y pendientes de lo que hacen los demás”, señala. Algo que, según Brand, es peligroso, ya que solo vemos lo que las personas quieren mostrar y no el panorama completo de sus vidas.
Para Brand, si bien esto es una moda sana, hay que tener claro el límite de cuándo estas conductas se comienzan a volver obsesivas y potencialmente peligrosas. La primera alerta, dice, son las actitudes compensatorias. “La gente tiene la idea de que necesita compensar lo que come o que necesita desintoxicarse, y eso está bien lejos de la realidad”, afirma, enfatizando que una dieta sana también tiene que ser flexible.
Pero, también, hay otra cosa que le llama la atención: “¿Por qué hay tantos influencers dándoselas de profesionales de la salud?”.
Nicolás Fernández, psicólogo y asesor en Salud Mental del Ministerio de Salud (Minsal), se acerca a una respuesta: “Las redes han promovido esta idea de que con hábitos sanos conseguimos la felicidad, cuando hay un montón de otras cosas que influyen en el bienestar”.
Según Fernández, lo individual desplazó a lo colectivo. Explica que el aumento del estilo de vida fitness que se vive en la población responde a que las personas prefieren no relacionarse ni vincularse con los demás. “Este tipo de hábitos genera un individualismo que es propio de cómo entendemos las relaciones hoy en día”.
La nueva tendencia ya se está viendo reflejada en los gimnasios del país. Según un profesor de una cadena de gimnasios del sector oriente, cuenta que después de la pandemia hubo un alza en las inscripciones de jóvenes en los centros deportivos. “Específicamente escolares, que después del colegio pasan horas en el gimnasio”, señala.
Hay otro dato llamativo que aporta a esta tendencia: el 15° Estudio de Drogas en Población Escolar 2023 del SENDA dice que los estudiantes de octavo básico a cuarto medio disminuyeron su consumo de alcohol de un 36% en 2013 a un 23% en 2023.
Cuando Alejandro Cortés piensa en dejar este estilo de vida, hay algo que no le hace sentido: “No me entra en la cabeza desperdiciar todo el trabajo que he hecho”. Cuenta que compara su cuerpo con un auto caro que demoró años en armar y al que siempre estará cuidando. “Es cariño a lo que se ha construido y una necesidad de estar bien”, afirma.
El riesgo de la obsesión
Benjamín Escobar (18) comenzó su trayectoria fitness cuando estaba en séptimo básico. Cuenta que era obeso y durante la cuarentena del COVID-19 se ejercitaba con videos de Youtube. Su motivación fue mejorar su salud, pero también su autoestima y su confianza.
Cuando logró ver un cambio físico y sentirse mejor consigo mismo, decidió subir videos a redes sociales en donde suma más de 100 mil seguidores en Instagram y TikTok. Los comentarios de apoyo en sus publicaciones van desde “crack”, “máquina” hasta “futuro representante de Chile”.
Hubo momentos, confiesa, en donde se sintió obsesionado con la alimentación y el deporte, debido a la competencia y comparación con otros, sobre todo en el entorno digital: “Querer ser mejor que el otro en lugar de ser mejor que yo mismo”. Admite que se estaba perdiendo experiencias nutritivas para él como persona. “Uno se deshumaniza y el estilo de vida comienza a ser más robótico”, dice.
Escobar afirma que actualmente tiene régimen sobre sus comidas, ya que así es más “ordenado”, pero asegura tener excepciones dentro de la disciplina. Dice que sus planes lo hace con inteligencia artificial, ya que no puede costear las asesorías con un nutricionista.
La nutrióloga María José Figueroa afirma que es preocupante cuando la alimentación y el ejercicio comienzan a ser muy estrictos, o incluso esclavizantes. “Cuando excluyes grupos completos de alimentos, no te permites socializar y ahí empiezas a no asistir a eventos, a no disfrutar”, explica. Según Figueroa, la tendencia se mantendrá y las redes sociales distorsionan el concepto de vida saludable: «Uno rígido, poco flexible, que te pone muchas presiones”.
Dentro de su disciplina, Sebastián Reyes es flexible. Come de todo en cantidades controladas y, si no quiere entrenar un día, no entrena. “Lo importante es hacer el 80% de las cosas bien, más que hacer el 100% de las cosas bien un tiempo y después dejarlo de lado”, afirma Reyes.
Benjamín Escobar reconoce que antes pesaba cada comida y seguía sus nutrientes para evaluar si la podía consumir o no. No comía tanto en las comidas familiares, dice, ya que se pasaba de sus calorías. “Vivía controlado por mi propia mente”.
“Si me dieran una luca por cada vez que me han dicho loco u obsesionado sería millonario”, confiesa Alejandro Cortés. Lo que muchas personas pueden ver como algo exagerado, para estos exponentes es solo el estilo de vida que decidieron adoptar, que los hace sentir bien. Porque Cortés es enfático: “Yo no lo hago para complacer a nadie. Lo hago porque me siento mal si no me cuido”.


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