“Todo se ha vuelto mucho más artesanal, pero es la única forma de seguir haciendo periodismo en Venezuela”: Roberto Deniz, reportero e investigador exiliado, sobre trabajar en dictadura

Ene 28, 2026

Foto: fuente Premios Roche

Desde el exilio, el periodista que participó en los Panama Papers reflexiona sobre cómo es investigar la corrupción en Venezuela en medio de la opacidad y la persecución. Su diagnóstico es claro: la corrupción se ha normalizado. Por eso, hoy el desafío es otro. “Trascender de los millones y las estructuras financieras para decirle a la gente, mira, esto tiene que ver contigo, con tu día a día”.

por Catalina Reyes

Roberto Deniz es un periodista venezolano dedicado a revelar las tramas de corrupción que orbitan alrededor de figuras con alto poder político y económico en su país. Como parte del equipo fundador de Armando.Info, su voz se volvió relevante para entender la configuración de las redes de poder, la corrupción y el modo en que terminan impactando en la vida cotidiana de millones de personas.

Desde 2018 vive en Bogotá, obligado por presiones judiciales y un clima de persecución que se agudizó tras sus investigaciones sobre Alex Saab, un empresario colombiano que se convirtió en una de las figuras económicas más protegidas por Nicolás Maduro. Saab pasó a ser el foco de su trabajo cuando su nombre comenzó a aparecer de forma reiterada en programas gubernamentales, especialmente en los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), el sistema de distribución de alimentos subsidiados implementado por el gobierno venezolano en medio de la crisis.

Ese recorrido investigativo es el eje del “A Dangerous Assignment: Uncovering Corruption in Maduro’s Venezuela”, un documental de 2024 que sigue el trabajo del equipo de Armando.Info y expone las irregularidades detectadas en el programa CLAP, entre ellas la revelación de que la leche entregada era en realidad un polvo cargado de carbohidratos y sodio. Las denuncias sobre el contenido de los alimentos y su vinculación con Saab derivaron en una demanda del empresario por supuesta difamación e injuria, lo que terminó forzando la salida de Deniz del país. A ello se sumaron episodios de hostigamiento, como el allanamiento a la casa de sus padres mientras él se encontraba fuera de Venezuela, que lo expusieron más de lo que ha querido públicamente.

Pero la distancia no lo ha detenido. Desde Colombia, ha continuado rastreando documentos, conexiones y movimientos que revelan cómo se expanden las redes de corrupción que conectan a empresarios, gobiernos y operadores internacionales. Lo hace bajo la premisa de que la crisis venezolana se explica menos en los códigos clásicos de la política y más desde las lógicas propias de estructuras mafiosas incrustadas en el Estado.

Antes de convertirse en uno de los periodistas de investigación más reconocidos de Venezuela, Roberto comenzó su carrera en 2014 en la sección de economía del diario El Universal, donde se centró en cubrir la realidad empresarial venezolana y rastrear cómo operaban los negocios en un país que comenzaba a enfrentar una profunda crisis económica. Entre 2015 y 2016 colaboró con diversos portales nacionales y algunas publicaciones internacionales. Fue en mayo de 2016, tras participar en el caso de los Panamá Papers, que Deniz dio el salto a Armando.info, centrando su investigación en tramas de corrupción e irregularidades del estado venezolano a gran escala.

¿Qué lo llevó a dar ese salto del periodismo económico al periodismo de investigación?

“El hecho de estar cubriendo economía y temas empresariales también me permitió entender algo que muchas veces la opinión pública en Venezuela no percibe: cuál es el impacto que tiene la corrupción. No solo en la erosión de la democracia, sino también en la vida cotidiana de los venezolanos”.

Usted ha afirmado que hoy Venezuela se entiende más desde una lógica mafiosa que desde la política. ¿A qué se refiere exactamente con esa idea?

“Venezuela se ha convertido en una cleptocracia (un sistema de gobierno en el que quienes ejercen el poder utilizan el Estado para enriquecerse mediante el saqueo de bienes públicos), donde hay grupos que controlan el país como si fuera la hacienda de ellos. Y como no hay independencia del poder judicial, no se investiga”.

Han creado toda una serie de relaciones para que este grupo político se sostenga en el poder, que tiene que ver más con la lógica de una mafia, con la lógica de un grupo criminal, que con la lógica política”.

En Venezuela, el periodismo enfrenta un escenario complejo, donde los medios tradicionales prácticamente desaparecieron y los pocos que sobreviven operan bajo la censura o autocensura, enfocados en contenidos de entretenimiento.

Al mismo tiempo, lo que antes se consideraban herramientas básicas para investigar, como los registros de contratos estatales, sentencias judiciales o estadísticas económicas, hoy es prácticamente imposible de acceder. El Registro Nacional de Contratistas, que antes permitía verificar contratos del Estado, desapareció; las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia pueden tardar meses o años en publicarse; y datos sobre pobreza, desnutrición o calidad de vida ya no están disponibles públicamente.

En este vacío informativo es que nacen los medios independientes, como Armando.info, que ha obligado a periodistas a crear sus propios métodos para mantener un reportero riguroso y confiable.

Sin registros públicos ni instituciones transparentes, ¿qué estrategias ha desarrollado para verificar información y mantener el rigor en sus reportajes?

“En Armando.Info hemos tratado de ir haciendo acopio de toda la data pública que logramos conseguir para tenerla como consulta permanente. Eso te obliga a persistir y buscar más fuentes, tocar más puertas, ver si de alguna manera consigues que te filtren determinada información que estás tratando de obtener. Pero eso no solo hace el trabajo más lento, sino también más riesgoso, porque muchas veces te pueden filtrar cosas, pero te obliga a un proceso de verificación mucho más riguroso”.

Hoy en día, las mejores fuentes que tengo probablemente son personas que conocí hace más de diez o quince años, y eso vale mucho. Son fuentes que han visto la solidez y la seriedad del trabajo, y que confían porque uno ha respetado los off the record, ha sido cuidadoso con la confidencialidad, ha borrado rastros del origen de la información para no afectar a las fuentes.

Al final, es un trabajo de transparencia con las fuentes, pero también de paciencia. Porque todo esto se ha vuelto mucho más artesanal, más lento, pero es la única forma de seguir haciendo periodismo en Venezuela”.

Ha dicho que es un “periodista de vieja guardia”, que su cuaderno y el trabajo en terreno son esenciales. Desde Bogotá, ¿cómo ha adaptado ese método tradicional al contexto del exilio?

“No es lo mismo estar en el lugar donde pasan las cosas a que te las cuenten. Pero, llegamos al punto en que nos tocaba estar afuera, porque si no, por razones de seguridad, yo no sé qué hubiese pasado conmigo o con el resto del equipo.

Cuando uno hace periodismo de investigación hay algo muy importante: uno tiene que desarrollar esa mirada propia, ir perfilando una forma de entender dónde puede haber una historia o un caso relevante que nadie más está viendo. Si uno ha desarrollado eso termina teniendo una buena batería de temas que puedes ir trabajando con tiempo, incluso a distancia”.

Ha mencionado que su investigación más importante es La mala leche de los CLAP, porque logró conectar el entramado de corrupción con el impacto cotidiano en la población. ¿Cuál es el mayor reto para construir el puente entre el hecho y la realidad social que afecta a millones de personas?

“En el caso venezolano ocurre algo particular, y es que al ser un país petrolero que dependía fundamentalmente de los ingresos del petróleo, tenía corrupción, pero la gente no la sentía. No la sentía porque estaba el estado protector que lo quería controlar todo. El que se encargaba de dar subsidios, beneficios y ayudas.

Eso ha hecho que la gente normalice muchísimo el tema. A veces genera más rabia saber que determinados políticos son corruptos, pero pocas veces se hace el ejercicio de entender qué significa eso, cómo se traduce una corrupción tan impune y colosal como la venezolana en la vida cotidiana de las personas.

El caso de los CLAP fue distinto. Fue mostrarle a la gente que había personas que, aprovechándose del hambre de la población más necesitada, no solo se estaban enriqueciendo por estar cerca de Nicolás Maduro, sino que además compraban deliberadamente la peor comida posible en distintos países para venderla en Venezuela como un subsidio. Como si fuese una salvación del gobierno, cuando en realidad lo que estaban entregando era casi un veneno.

Ese es el gran desafío del periodismo de investigación: construir ese puente entre los hechos y la realidad social. Y sí, es frustrante, porque uno escribe sobre millones de dólares, lavado de dinero, empresas, contratos, pero no siempre logra hacer esa conexión con la vida de la gente. A veces nos quedamos en la superficie de los nombres y las cifras sin llegar a mostrar cómo eso afecta al ciudadano común.

Ese, creo yo, es el mayor reto: trascender de los millones y las estructuras financieras para decirle a la gente, mira, esto tiene que ver contigo, con tu vida y con tu día a día”.

El futuro de los medios

En 2024, el documental “A Dangerous Assignment: Uncovering Corruption in Maduro’s Venezuela”, se convirtió en una herramienta clave para sintetizar toda esa información que Roberto Deniz llevaba años investigando junto a su equipo. La producción realizada junto a Frontline, tomó el desafío de presentar el caso de Saab, el exilio y los CLAP de manera clara, logrando que incluso personas que desconocían el caso pudieran entender la magnitud de la investigación.

Cuando una investigación se desarrolla durante años y acumula gran cantidad de información compleja, ¿cómo logran que la audiencia pueda seguir la historia y entenderla claramente?

“En el equipo de Armando.Info, siempre hemos intentado tratar de incorporar elementos que arrojen contexto o explicaciones adicionales. Somos conscientes de que esto es muy pesado de entender, incluso para uno mismo.

Entonces, todo lo que sean ambientes, recursos gráficos u otras herramientas para contarlo son muy útiles y tratamos de hacerlo.

A mí me impactó ver cómo mucha gente pensaba que lo que contábamos ahí era algo que recién estaba pasando, cuando en realidad yo llevo investigando a Alex Saab desde 2016.

Eso me hizo reflexionar sobre el alcance que puede tener una investigación periodística cuando se presenta en formato documental, que sin duda es mucho mayor que el de un reportaje escrito. Estamos en una época en la que a la gente parece que le cuesta leer, no le gusta o tiene demasiadas distracciones y preocupaciones. Todo eso influye en el tiempo que alguien puede dedicar a leer un reportaje con calma.

Vamos hacia un mundo donde no solo habrá que buscar, verificar y publicar información, sino también mostrarse de la forma más transparente y cercana posible. Creo que eso puede hacer que más público se vuelva a enganchar con las noticias y la información”.

Sus investigaciones han sido parte de colaboraciones internacionales como los Panama Papers. ¿Cómo aporta el trabajo en red cuando se enfrentan estructuras de poder transnacionales?

“Hoy en día los medios son menos fuertes de lo que eran antes y no hay medios tan hegemónicos. Por lo que cuando tú haces todas estas redes te da cierta, cobertura y respaldo para transmitir un mensaje. La corrupción venezolana, en sus magnitudes, es algo colosal. La gente de otros países no dimensiona hasta dónde llega eso. Entonces construir esas redes te hace más fuerte también para investigar.

Como en Venezuela hay opacidad, un fiscal independiente no se atrevería a investigar nada de esto. A lo mejor nos encontramos con muchos de los casos de corrupción, donde primero empiezan a dar indicios fuera de Venezuela. Hay casos venezolanos cuyas pistas iniciales han salido en un juzgado de Madrid que comenzó una investigación, o en un juzgado en Nueva York o en Florida, por posible lavado de dinero”.

En el documental se muestra cuando la policía allanó la casa de sus padres en Caracas. ¿Cómo logra cuidar su salud mental cuando ve que esas cosas pueden pasar allá en Venezuela?

“Irme del país ha tenido muchos picos emocionales muy fuertes, pero ese hecho en concreto, fue una situación muy agotadora. Te preguntas, a ti mismo: esto está pasando por mi trabajo, ¿hasta dónde puede llegar esto?, ¿cuánto va a escalar?, ¿qué les pueden hacer? Yo en muchos casos digo, un poquito en broma, que para poder seguir adelante con la investigación, en algún punto corté con las emociones.

Cuando sientes que tu familia está sufriendo o siendo afectada por tu trabajo, es algo que te golpea mucho, que te hace sentir culpable. Y entonces te preguntas mil veces si vale la pena o no lo que estás haciendo. Pero, bueno, yo soy un convencido del valor que tiene el periodismo en una sociedad”.

Ha dicho que su trabajo no se trata de valentía sino de responsabilidad, ¿Qué significa esa diferencia en el contexto de un periodismo bajo amenaza?

“La razón por la que al menos yo sigo haciendo esto es sencillamente por un tema de responsabilidad. Yo creo que, en el momento en que uno ha escogido ser periodista, yo no puedo decir un día “bueno, esta semana sí hago periodismo, pero la semana que viene, si me encuentro con un caso que me puede meter en problemas, no”. No sería coherente, no sería responsable”.

¿Qué cree que es lo más importante que ha aprendido que lo ayuda a poder ejercer un buen periodismo?

“Se me hace que es el tema de la responsabilidad, el compromiso y la ética. Si tú no crees en eso, si no tienes ese compromiso, si no crees en el valor de esto, difícilmente va a ser algo que te va a enganchar a trabajar ahí”.

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