Nunca es tarde para seguir intentando: La carrera de los baby boomers para encontrar el amor en aplicaciones de citas

Jul 4, 2026

Según CADEM, un 32% de los chilenos empezó una relación con alguien que conoció a través de redes sociales o aplicaciones de citas. Aunque especialistas advierten que pocas de estas historias prosperan a largo plazo, hay un grupo de personas mayores que quiere estar en  ese porcentaje de éxito.

Por Renato Quevedo
Edición: Cecilia Vidal

 

La primera cita que tuvo Verónica Flores (64) gracias a Tinder empezó con un beso y terminó con gritos. El encuentro no alcanzó a durar cinco minutos. Después de tres semanas hablando con uno de sus match, aceptó salir, pero con su única regla de oro: encontrarse en un lugar público. “Nos juntamos en Baquedano y de la nada me agarra y me empieza a dar besos en la boca. Inventé garabatos para poder sacarlo”, recuerda. Después de la salida, decidió tomarse un tiempo de los encuentros románticos y bloqueó a su primer pretendiente.

Cuando Flores escuchó por primera vez sobre las aplicaciones de citas fue por sus hijos en una reunión familiar. Le explicaron que en Tinder, una de ellas, se podía conocer gente de manera digital. Estaba divorciada hace dos años y se había jubilado después de haber trabajado toda la vida como enfermera. “Era sociable, estaba sola y mi círculo social era estrecho”, dice, enumerando  las razones que le dieron sus hijos para que se creara un perfil. 

“Vero, no pierdes nada, inténtalo”, le dijo una amiga. Ese fue el último empujón que necesitó para descargar la aplicación. Eligió sus mejores fotos y comenzó a explorar perfiles. Si alguien no le llamaba la atención, deslizaba el dedo a la izquierda para descartarlo. En cambio, si le gustaba, lo hacía a la derecha. Cuando dos perfiles se gustan mutuamente, hacen match y pueden iniciar una conversación. 

Luego de unos meses ya en la plataforma, Flores asegura que ha hablado con varias personas, pero no todas le terminan agradando: “Hay mucha gente con el tema del sexo. A la primera te invitan de inmediato al departamento, porque les sale más barato”. Eso la ha decepcionado.

Pero su experiencia no es aislada. Tinder recibe cerca 50 millones de usuarios mensuales y se ha descargado más de 630 millones de veces desde su creación en Estados Unidos en 2012, según la misma empresa. . La aplicación se ha convertido en una de las plataformas más utilizadas para conocer personas con fines románticos.

Aunque casi el 60% de sus usuarios pertenece a la Generación Z, entre 18 y 30 años, la plataforma también ha llegado a adultos mayores. Según el Pew Research Centeren Estados Unidos el 17% de las personas sobre los 50 años declara haber usado una aplicación de citas. 

En Chile el fenómeno también se ha expandido. De acuerdo con la encuesta CADEM, un 32% de los chilenos dice haber empezado una relación con alguien que conoció de manera digital. Entre las plataformas más mencionadas por los encuestados, Tinder ocupa el segundo lugar con un 21%, detrás de Facebook con un 23%.

Experiencias como las que vivió Verónica Flores en Baquedano son parte del proceso. Eso le dijeron sus amigas cuando les contó. Aunque una de ellas le contó que conoció a su pareja en Tinder y que hoy llevan 8 años de relación. Solo que eso lo consiguió después de 50 intentos con otras personas. 

Por eso le recomendó armarse de paciencia, “porque esto es así”, le dijo. El problema es que la ansiedad y conflictos de las aplicaciones de citas no siempre se curan con paciencia. 

 

El deseo sexual sigue

David Castro (67), se ha dado cuenta de algo: “Hay gente de mi edad que ya renunció a la posibilidad del amor y solo quieren tener follamigos”.. Él mismo ha tenido cuatro relaciones de ese tipo, donde existen encuentros sexuales sin la necesidad de formalizar como una pareja. 

Eso sí, hoy dice buscar algo distinto: “Me gustaría alguien que fuera un compañero de vida”. 

Castro trabaja como anestesiólogo en una clínica de la comuna de Recoleta y vive solo. No tiene hijos. Según cuenta, su profesión ha atraído a hombres que se interesan más por su dinero que por él. Cuenta que buscan un “sugar daddy”, es decir, una persona mayor que los mantenga económicamente.

También probó suerte en distintas aplicaciones de citas. Ha utilizado Grindr y Tinder de manera intermitente. Las veces que las eliminó fue porque inició pololeos largos que, para él, no alcanzaban a convertirse en relaciones estables: “Una pareja es una relación duradera que comparte un compromiso, proyectos en común y sobre todo amor. Los pololeos largos son intentos de llegar a eso”.

Las diferencias que las aplicaciones de citas pueden ofrecer a sus usuarios es lo que determina su potencial de éxito. Tinder es popularmente conocida por reunir personas con intereses diversos, desde encuentros casuales hasta relaciones serias. Además, está pensada para todo el espectro de orientación sexual. Quienes migran de ella suelen hacerlo a otras dos plataformas conocidas, como Bumble y Grindr. 

Bumble se presenta como una plataforma orientada a construir relaciones significativas y auténticas. La aplicación señala que fue creada para fomentar conexiones más amables y saludables entre sus usuarios. Y Grindr, por otro lado, fue diseñada específicamente para personas gays, bisexuales, trans y queer. La aplicación asegura haberse convertido en la red más grande del mundo para las disidencias sexuales y se ha popularizado para tener encuentros sexuales fugaces.

Según Francisca Buzeta, sexóloga y conductora de Sexo Sentido en Radio ADN, las aplicaciones de citas limitan las experiencias que tradicionalmente formaban parte del proceso de conocer a otra persona. “Se pierde el deseo, la espera, la sorpresa y lo espontáneo”, afirma. Define a estas nuevas formas de relacionarse como “pan para hoy y hambre para mañana”.

A su juicio, el problema de conectar románticamente se agudiza en la tercera edad. Se trata de personas que vivieron sus primeras experiencias afectivas fuera de la pantalla y ahora se enfrentan a dinámicas donde muchas veces el objetivo es concretar un encuentro sexual y nada más. “A los 60 años todavía están en la plenitud de la sexualidad”, afirma.

La especialista sostiene que, según su experiencia clínica, solo un 10% de las parejas que se conocen mediante aplicaciones de citas logra mantenerse en el tiempo. Sin embargo, la posibilidad de formar parte de ese porcentaje sigue impulsando a quienes buscan una relación estable.

David Castro es uno de ellos. “Creo que el amor es posible”, escribió Castro en su biografía de Tinder, una frase que utiliza como carta de presentación para quienes visitan su perfil.

 

«Los viejos buscamos las mismas cosas que el resto» 

Monserrat Alarcón (70) también creyó en el amor. Probó suerte en Tenlove, una aplicación de citas que busca conectar a personas mayores de 50 años que de otra forma probablemente no se habrían conocido. Hace seis años contó su experiencia en un reportaje de La Tercera. Días después, recibió el llamado de una desconocida que le reveló que su pareja estaba casada y tenía una familia. Alarcón había sido la amante sin saberlo.

Cuando conoció al que fue su novio, reconoce que le gustó que usara “fotos naturales, sin presumir nada”. Después de dos meses conversando, sentía que lo conocía más que a personas con las que había compartido por un año. Para ella, era una compañía.

Según Rodrigo Larraín, sociólogo y académico de la Universidad Central, las aplicaciones de citas representan una “redefinición de cómo conocer personas que pueden ser posibles parejas”. Sin embargo, sostiene que la lógica detrás de estas plataformas no es nueva, sino una adaptación a lo digital de las formas de socialización que siempre han existido. 

La sexóloga Buzeta cree que esta búsqueda de una pareja puede responder a la soledad o a la desolación y distingue entre ambos términos. Mientras la primera implica disfrutar del tiempo con uno mismo y elegir compartir con otros, la segunda responde a una necesidad constante de estar acompañado.

Este fenómeno ocurre en un contexto donde la población mayor es cada vez más numerosa y está más conectada. Según el Observatorio del Envejecimiento UC, el 89% de este grupo etario declara tener un teléfono celular, donde el 51% corresponde a un smartphone. Además, de acuerdo con la Fundación Conecta Mayor, para 2050 se espera que un tercio de la población en Chile tenga más de 60 años. 

Larraín agrega que esta búsqueda también responde a un cambio demográfico, ya que las personas viven más años que generaciones anteriores. Por ello, enfrentan períodos más largos de soltería, viudez o separación. En ese contexto, las redes sociales y las aplicaciones de citas aparecen como una vía de escape alternativa para conocer gente nueva. Sin embargo, advierte que estos espacios también permiten construir identidades que no necesariamente son la realidad. 

Ese fue el caso de la expareja de Monserrat Alarcón. Después de que se publicara el reportaje del que era protagonista, la llamó la hermana de la esposa de su pareja y así descubrió que él era casado. Terminó la relación de inmediato.

Hoy dedica gran parte de su tiempo a actividades recreativas. “Estoy en ese plano de que lo poquito que hay, hay que conservarlo”, comenta. A pesar de que reconoce que en esos espacios también puede conocer gente, asegura que ya no está buscando una relación: “No estoy necesitando una pareja, pero si llegara a tenerla, tendría que darse de forma espontánea y en mi grupo, en mi ambiente”.

Verónica Flores también participa en actividades extraordinarias para conocer personas de forma presencial. Asiste a clases de baile, una alternativa que ha ganado popularidad entre la población mayor que busca ampliar su círculo social. Un ejemplo es BonUp Espacio Silver, ubicado en Mall Plaza Egaña, un espacio pensado para personas mayores de 55 años, donde se realizan talleres, actividades recreativas y encuentros para socializar.

“La soledad te pasa la cuenta, pero no es un tema de edad, sino de encontrar a la persona adecuada. A lo mejor me demoraré, no lo sé, el tiempo dirá”, comenta Verónica Flores.

A David Castro le gustaría encontrar un compañero para toda la vida, con quien construir una relación basada en la fidelidad y el honor. A eso es a lo que apunta,  y seguirá buscando ese fin en las apps de citas. 

Monserrat Alarcón no se siente rara por buscar el amor de manera digital a su edad.  Esa búsqueda no es distinta a la de cualquier otra persona con distinta edad: “Al final del día los viejos tenemos las mismas sensaciones y pasiones. Buscamos las mismas cosas que el resto. Solamente estamos más cansados, somos más lentos y estamos buscando espacios más seguros”.

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