El actual director del Sistema de Empresas Públicas se muestra reacio a retornar al parlamento por ahora, pero no descarta volver a asumir un papel protagónico en la Democracia Cristiana. Dedicado a sus labores de ingeniero civil en una oficina del centro de Santiago, Latorre sigue atento a la contingencia política nacional. “A mí me parece que la Democracia Cristiana ha sido mucho más efectiva en un proceso de cambios que lo que ha sido el Partido Comunista: El que hasta el día de hoy no ha logrado prácticamente nada”, dice.

Por María José Núñez / Fotos Maritza Sore

Después de ocho años, a comienzos de marzo pasado, Juan Carlos Latorre asistió a su última sesión en la Cámara Baja. El 17 de noviembre de 2013, el exdiputado vio cómo se esfumaba su oportunidad de ser por primera vez senador. Después de cuatro períodos como diputado, interrumpidos entre 1997 y 2005, por del distrito 35 –que incluye a Pichilemu, Lolol y Santa Cruz, entre otras comunas–, trató de ganar la circunscripción de la Región de O’Higgins, pero solo obtuvo el 15,28% de los votos, que sumados al 46,02% del socialista Juan Pablo Letelier, no alcanzaron para doblar la votación de la Alianza. Según Latorre, la causa de su derrota fue que la directiva de su partido se demoró mucho en decidirse por él como carta al Senado.

Han pasado casi dos meses desde su salida del Congreso y en su nueva oficina ubicada en calle Namur, en el centro de Santiago, tiene su escritorio y una mesa de reuniones que a veces usa como comedor. Hay fotos de sus hijos colgadas en las paredes y, bajo ellas, un cirio anaranjado permanece encendido durante toda la entrevista. Su celular se carga en una mesita detrás del escritorio y suena en al menos tres ocasiones durante la conversación. En este lugar “Caco” –como le llaman sus más cercanos– ha retomado sus actividades como ingeniero civil, realizando trabajos de consultorías. Ya no usa corbata y luce una barba canosa incipiente, la que deja entrever que está “descansando de la primera línea” de la política.

El 27 de marzo pasado la Presidenta Michelle Bachelet lo nombró director del Sistema de Empresas Públicas (SEP), holding que se ocupa de maximizar el rendimiento de 22 empresas en que el Estado es directa o indirectamente socio, accionista o propietario, y que tiene la misión de evaluar “la gestión estratégica de dichas empresas, a fin de maximizar el valor económico de éstas”, según se lee en su sitio web.

— ¿Cómo ve su futuro en la política?
— Yo mantengo un vínculo muy estrecho con la Sexta Región, particularmente con el que fue mi distrito, pero volver a la política activa no aparece como una idea en el corto plazo. Lo que pase más adelante, en el futuro, no puedo preverlo hoy, pero por el momento quiero concentrarme en mi trabajo profesional.

— ¿Se proyecta al interior de la Democracia Cristiana?
— En este momento no me nace en forma espontánea el estar presente y muy activo en definiciones políticas coyunturales. Lo que busco en este período de retiro es descansar un poco, descansar de estar en la primera línea, de ser el portavoz de planteamientos que a veces son críticos y que te obligan a entrar en polémicas. Pero, la inquietud respecto a lo que es necesario hacer para el futuro está siempre presente. Por eso es que no descarto para nada el poder asumir alguna tarea política en el futuro.

— ¿De qué manera cree usted que la DC hará valer sus posturas más conservadoras en el Gobierno de la Nueva Mayoría?
— Primero que nada, yo no me siento conservador. La Democracia Cristiana fue la que inició el proceso de chilenización del cobre y fue la que hizo la reforma agraria. Yo no le regalo el carácter de avanzada a un partido como el comunista que puede cacarear mucho, pero que representa a un muy pequeño porcentaje de la población. A mí me parece que la Democracia Cristiana ha sido mucho más efectiva en un proceso de cambios que lo que ha sido el Partido Comunista: El que hasta el día de hoy no ha logrado prácticamente nada.

— El senador PPD Jaime Quintana habló de la “retroexcavadora”, mientras que el senador DC Ignacio Walker habló de levantar “puentes”, ¿cree que esos conceptos permiten ver las distintas visiones que hay dentro de la Nueva Mayoría?
— Sí, yo creo que son concepciones distintas. El senador Quintana dijo una insensatez que no tiene ningún sentido. Él quiso aparecer como el más progresista, el más revolucionario, pero lo que dijo es un absurdo porque pretender descartar lo que hemos construido durante estos años de democracia, con todo respeto, es una tontería. Mucho de lo que nuestro país ha logrado lo hemos construido nosotros mismos, la misma Concertación. Yo me quedo con la reacción de Ignacio Walker. Creo que uno siempre tiene que ser puente, ser voz de los que no tienen voz, capaz de privilegiar el diálogo.

— ¿Qué le parece la designación de su exmujer, Ximena Rincón, como Ministra Secretaria General de la Presidencia?
— Me parece que ella tiene las condiciones personales como para ejercer con éxito la responsabilidad de Gobierno que le entregó la Presidenta. Creo que fue audaz y un tanto riesgoso para su futuro político el haber renunciado a su carácter de senadora, pero eso no le resta mérito para ejercer el rol que tiene. Es riesgoso porque cuando uno es parlamentario le responde a la gente que lo eligió. Cuando es ministro, le responde a la presidenta que la nombró, y puede durar lo que la presidenta quiera.

Sobre la autora: María José Núñez es alumna de cuarto año de Periodismo y este reportaje es parte de su trabajo en el curso Taller de Prensa Escrita, dictado por la profesora Jimena Villegas. El artículo fue editado por Sofía Merino, alumna de quinto año de periodismo, como parte de su trabajo en el curso Taller de Edición en Prensa Escrita, dictado por el profesor Rodrigo Cea.