Ilustración Mathias Sielfeld

Que es poco el tiempo para responder, que no hay espacio paras las interpelaciones y que no deberían participar las “candidaturas testimoniales”. Aunque algunos reconocen aspectos positivos del programa, la mayoría de los comandos de los presidenciales critica el “formato impuesto” de los debates televisivos del 29 y 30 de octubre.

Por Josefina Ortiz Zawadzky

“Es lo que hay”, dice Juan Agustín Vargas, director del Proyecto de Televisión Digital y uno de los gestores del debate presidencial de los canales de televisión abierta. Vargas afirma que no debiera llamarse “debate”, sino “programa de exposición” y que este, a su juicio, tiene dos finalidades: “juntar nombres con caras” y conocer “pequeñas cosas” de los candidatos, por ejemplo, el poder de síntesis.

El protocolo del debate presidencial indica, entre otros aspectos, que se realizará en las dependencias de TVN. Cada canal será representado por un periodista: en el programa del martes participarán UCV, Mega y Canal 13, representados por sus periodistas Claudio Elórtegui, Soledad Onetto y Constanza Santa María, respectivamente. Al día siguiente, intervendrán Beatriz Sánchez de La Red, Iván Núñez de Chilevisión y Mauricio Bustamante de TVN.

Los temas acordados para discutir en la primera etapa serán seguridad pública, salud y previsión, mientras que al día siguiente se debatirá sobre economía y educación. Se abordarán con una pregunta común que los candidatos podrán responder en un minuto. A continuación, cada periodista contrapreguntará al candidato, quien dispondrá de 30 segundos para responder. Luego, se generará un diálogo de dos minutos y medio entre un candidato y uno de los periodistas, quien escogerá el tema. Al final de cada bloque, cada uno de los aspirantes a La Moneda tendrá un minuto para dar un mensaje final sobre la materia que desee.

Los nueve candidatos estarán sentados en sillones y, a diferencia del debate de la ANP de comienzos de octubre, al cumplirse el tiempo de respuesta no se apagarán los micrófonos, sino que se dará de dos a tres segundos extras para cerrar la idea. De continuar hablando, se les disminuirá el volumen del sonido.

“No nos gusta el formato”, comenta Jorge Saint-Jean, miembro del comando comunicacional y asesor de Evelyn Matthei, quien además afirma que el programa no será un debate, sino una entrevista. Su comando, dice Saint-Jean, propuso a la Anatel que se hicieran debates de cuatro o cinco candidatos, excluyendo a quienes “solo están en candidaturas testimoniales”.

“No quedamos conformes, pero tenemos que participar porque estamos en ciudadanía”, señala Saint-Jean. Gonzalo Cornejo, jefe territorial de la candidata de la Alianza, asegura que la audiencia irá bajando y habrá poca gente que termine viendo el debate. “Es un formato fome, lento y aburrido y no se van a marcar las diferencias entre los candidatos”, comenta Cornejo.

Álvaro Elizalde, vocero de la campaña de Michelle Bachelet, cuenta que por “respeto y prudencia” ellos simplemente ratificaron su participación en el programa, siendo uno de los pocos comandos que no puso exigencias al respecto. “A nosotros no nos corresponde definir el formato, solo nos toca someternos a las reglas del juego”, explica. Además, destaca que la expresidenta ha sido la candidata que más ha participado en debates presidenciales y que eso la favorece por tener “gran experiencia en la materia”.

Algunos comandos de “candidaturas testimoniales” creen que el debate no permitirá la interpelación y, por lo tanto, que será nada más que una disertación. Roxana Miranda lamenta la falta de oportunidad que habrá para desarrollar una idea “porque era importante que se destacaran las nueve voces y eso no podrá ser posible”. Julio Oliva, miembro de la comisión de derechos humanos del comando de Marcel Claude, critica que cualquiera podrá “decir lo que se le ocurra” porque no habrá derecho a réplica. “Este debate da para decir consignas que parecen ofertas de supermercado”, asegura Oliva.

Carlos Ominami, del comando de Marco Enríquez-Ominami, afirma que todos los candidatos deben tener las mismas oportunidades para debatir, pero que esto simplemente es un “amago de debate”. “Es una suma de entrevistas de periodistas con los candidatos”, comenta Ominami, mientras que Carolina Fuentealba, directora programática de Franco Parisi, dice que su candidato accedió a pesar de no ser lo óptimo pues no habrá interacción. “No se abordarán todos los puntos que son de interés de la comunidad”, comenta Fuentealba.

Juan Agustín Vargas reconoce que no será un debate, “ni siquiera un foro”, como reclama la mayoría de los candidatos a La Moneda. Sin embargo, Vargas llama a los comandos a aprovechar la oportunidad. “Este es un espacio que puede permitir lucirse a un tipo de forma espectacular, justamente porque son nueve. Entonces, la pregunta es ¿cómo me voy a mostrar?”, dice.

“El desafío que tienen los candidatos es que aprovechen su minuto y medio”, comenta Ernesto Corona, presidente de Anatel. Con la inscripción de nueve candidatos a la presidencia la organización del espacio televisivo se complicó y, entre otras medidas, hubo que agregar un día para dar a los candidatos igualdad de condiciones.

La definición del formato

“La pregunta era ¿cómo lo hacemos? Estarán de pie, sentados, planteamos preguntas iguales para todos…. Una serie de cosas del manejo propio del programa”, comenta Juan Agustín Vargas. Uno de los puntos de discordancia entre los directorios de los canales fue elegir la fecha de realización del debate. Además de que es muy costoso para ellos levantar la programación de dos días, ninguno quería ceder los programas en que lideran el rating.

Las modalidades del debate fueron discutidas por un grupo de trabajo en el que colaboraron encargados de prensa y marketing de los distintos canales y el directorio de la Anatel, la asociación gremial que une a siete canales de televisión: Mega, Chilevisión, Canal 13, La Red, UCV, Telecanal y TVN.

En un comienzo, el directorio de la agrupación –compuesto por su presidente Ernesto Corona y los directores de los canales–, suponía la inscripción de cuatro o cinco candidatos, y se propuso un día para la realización del debate. El 28 de agosto, el Servel ratificó que serían nueve candidatos, lo que significó que debía agregarse un día más. “Hace cuatro meses que se definió la línea gruesa del espacio: el requisito esencial y no transable de no discriminar. Y sobre esa base se construyó”, cuenta Ernesto Corona.

También hay opiniones positivas. Israel Campusano, vocero del candidato Alfredo Sfeir, comenta que el debate de la ANP demostró que el tiempo era suficiente para mostrar diferencias entre los candidatos y, por lo tanto, que es una vitrina útil y viable. “Valoramos que Anatel no se haya dejado presionar por ningún comando”, dice.

Eduardo Salas, jefe de campaña de Ricardo Israel, opina que las personas, en general, “tienen poco tiempo para la política” y que se aburrirían con un debate de cuatro o cinco horas. Por eso, está de acuerdo con el diseño del programa.

“Hubo candidatos que propusieron condiciones inequitativas para el resto y en esas condiciones el formato salió bien”, comenta el candidato Tomás Jocelyn-Holt, quien cree que lo que se pondrá a prueba es el carácter y cómo este se usará para alcanzar la presidencia.

La realización de discusiones entre los candidatos en distintas regiones del país o en universidades, que los canales eliminen parte de sus programas diarios, más tiempo para contestar, debatir de pie y mayor interpelación fueron algunas de las peticiones que los comandos hicieron al directorio de Anatel y que fueron rechazadas. “Nosotros hicimos una invitación: esta es la propuesta de Anatel para el debate presidencial y uno puede tomarla o rechazarla. No teníamos otra alternativa”, asegura Ernesto Corona.

Sobre la autora: Josefina Ortiz Zawadzky es alumna de tercer año de Periodismo y este artículo es parte de su trabajo en el curso Taller de Prensa Escrita, dictado por la profesora María Olga Delpiano.