Yo marcho desnuda

Mar 29, 2018

La mujer de la foto no es la autora de esta columna, pero ambas estuvieron en la misma marcha caminando con sus cuerpos pintados. Fotos por Patricio Espinoza.

Columna

Yo marcho desnuda

La autora de esta columna es estudiante universitaria y salió a marchar el 8 de marzo por la Alameda, en la movilización convocada por más de 30 organizaciones feministas. En este testimonio cuenta por qué tomó la decisión de caminar con su cuerpo pintado y la incomprensión posterior de su familia.

Por Magdalena Vitores

Por tercera vez salí a marchar un 8 de marzo, en conmemoración de la mujer trabajadora y los derechos de todas las mujeres. Pero por primera vez, en conjunto con unas compañeras hicimos cuerpos pintados y caminamos con el torso desnudo. Las marchas, usualmente ligadas a la violencia, las masas y el caos, podrían no ser el lugar ideal para desnudarse, pero la energía que se respira ahí, en los gritos de alegría y lucha, los vívidos colores de los lienzos y la cercanía con la piel de muchas que luchan junto a ti, hacen de este espacio, un campo de batalla completamente distinto a lo que se espera.

Yo lo hice, de forma especial, porque estoy harta de que la sociedad y sobre todo los medios de comunicación, crean que tienen el poder de decidir sobre qué tipo de cuerpo es bello y cuál no. Sobre qué está bien y qué está mal. No me sentí juzgada, ni acosada ni violentada. Me sentí poderosa y fuerte.

“Hoy, la sociedad no acepta el desnudo que no está ahí para el consumo masculino, que no figura en los cánones de belleza impuestos por la sociedad y repercutidos por los medios de comunicación”.

Llegué a mi casa alegre, pero adentro me esperaba un panorama muy distinto. Mi mamá me dijo que ese tipo de expresión no es la necesaria para hacer un cambio real en nuestra sociedad. Me argumentó que hoy, el nudismo ha dejado de ser una forma de empoderamiento y que si uno quiere lograr cambios reales debe trabajar por ellos. Y sí, trabajar por ellos es algo importante, sin embargo, algo en su argumento me dejaba inquieta.

Mi mamá me pidió que, por favor, no volviera a exponerme de ese modo. Pero claro, es poca la gente que se escandaliza cuando una periodista mujer debe salir al aire con vestido, escote y tacones mientras su compañero puede salir con terno. Pocos los que se escandalizan cuando día a día vemos gigantografías de mujeres en ropa interior, en bikini, posando para vender algún producto. Pocos los que se escandalizan cuando en cualquier película de acción, los personajes femeninos salen en la pantalla con atuendos reveladores y sexys que poco se justifican con la trama. Pero cuando una mujer en una marcha feminista decide sacarse su polera, desprenderse de su ropa interior y quedar al descubierto, la gente se escandaliza. Porque hoy, la sociedad no acepta el desnudo que no está ahí para el consumo masculino, que no figura en los cánones de belleza impuestos por la sociedad y masificados por los medios de comunicación.

“Es poca la gente que se escandaliza cuando una periodista mujer debe salir al aire con vestido, escote y tacones mientras su compañero puede salir con terno”.

Considero que el nudismo es algo esencial en este tipo de movilización. Debe ser así, porque no podemos seguir conformándonos con un mundo que solo permite la libertad cuando es por el placer de otros.

No podemos seguir aceptando un mundo que cosifica día a día a la mujer, que utiliza su cuerpo como un bien de consumo, sencillamente por el hecho de que la objetivización es lo que conlleva a la violencia, al menosprecio, y a pensar que una mujer tiene menos valor, menos poder de decisión, que un hombre. Debemos, unidas, celebrar nuestra belleza. Nuestro cuerpo. Respetarlo, cuidarlo, pero por sobre todo amarlo. Solo cuando logremos hacer entender a la sociedad que nuestros cuerpos son nuestros y de nadie más, podremos caminar tranquilas, con la cabeza en alto, libres de todo prejuicio y escrutinio.

Un par de personas me preguntaron si es que me dio vergüenza. Claro, la gente espera que me de vergüenza, porque no soy talla 34, con medidas perfectas. La gente no espera que uno se sienta feliz con un cuerpo que no encaja en el estereotipo de perfecto. Bueno, pues claro que me dio vergüenza. Pero justamente por eso, no voy a parar de luchar. No voy a parar hasta que cada mujer deje de tener vergüenza.

Sobre la autora:Magdalena Vitores es estudiante de Periodismo. Patricio Espinoza también estudia Periodismo.

Comentarios

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *