
Velenporella, elevando el arte de uñas
Perlas, cristales, piercings, cadenas y plumas son algunos de los materiales con los que trabaja Belén Flores. La artista de uñas, más conocida como Velenporella en Instagram, se ha posicionado como una de las principales referentes del Nail Art chileno, decorando las manos de reconocidas artistas como Rosalía, Ariana Grande y Princesa Alba.
Por Macarena Figueroa
Belén tenía 24 años cuando entró a una peluquería por primera vez. Su prima Mónica le comentó que quería hacerse algo en el pelo, así que la acompañó. Al llegar, le dijeron que tenía para rato así que se sentó a esperar y mientras lo hacía, vio en la pared un afiche de Opi, la marca de esmaltes, que mostraba unas uñas pintadas, cada una de distinto color. Nunca había visto algo parecido, decidió probar y hacerse la manicure.
Cinco días después, se dio cuenta de que su esmalte seguía igual, abrió Googley se puso a buscar: “Quería cachar qué onda, por qué duraba tanto”. Nunca había tenido contacto con el rubro de la belleza, no cachaba ná’. Le apareció Nail Art en internet, hizo clic en imágenes y se le abrió el mundo: “Me parecía extraño, porque aparecían obras de arte que yo había estudiado en la universidad, pero pintadas en las uñas. Eso generó como un quiebre en mi cabeza: ¿por qué la gente se está pintando un Warhol en la uña?”, recuerda Flores.
Hoy, a sus 31 años, con una mascarilla y un pincel en la mano, Belén diseña una composición de colores sobre su lienzo de dos centímetros, le agrega cristales Swarovski, a veces plumas, plasticina, perlas o lo que se le venga a la mente para completar su creación. Actualmente es más conocida como Velenporella: su nombre de Instagram, y destaca por ser una de las mejores artistas de uñas del país.

El trabajo de Belén es valorado por los más de 59 mil seguidores que tiene en su cuenta de Instagram .“La Belén es pionera en el diseño de uñas. Hace siete años era impensado ver el sitial que tiene el tema en Chile, era casi insólito pensar que se podría desarrollar algo así”, cuenta Mario, quien es su pareja hace más de una década.
En la universidad, Belén se echó el curso Pintura y dibujo dos veces, uno de los ramos base de la Licenciatura en Arte y Cultura Visual, carrera a la que ingresó después de terminar la enseñanza media. “Me iba muy mal en la universidad, fue frustrante estudiar arte, no me arrepiento, pero fue duro. Me especialicé en experimentación electrónica; fabricaba juguetes sonoros interactivos, hacía instalaciones donde tenía que soldar cablecitos y lucecitas, todo chiquitito. Me entretenía mucho hacer ese tipo de cosas”, explica Belén, quien desde pequeña se interesó por técnicas como el decoupage y el soft.
Fue en el período en el que vivía con su mamá y abuelos que decidió tomar un curso de manicurey así concretar su interés por el diseño de uñas. Sin embargo, no tuvo aceptación por parte de su familia. “Ahí le dije que no, que cómo iba a hacer eso. Yo no quería que lo hiciera, porque estigmatizaba un poco el oficio, no lo veía como una cosa profesional. La Belén ya llevaba cuatro años estudiando en la universidad, no quería que se distrajera de la carrera”, confiesa su mamá.
Claudia tenía pensado otro futuro para su hija Belén, la veía en Francia, estudiando y exponiendo con una beca. “Ella tenía las esperanzas puestas en mí respecto al arte y cuando empecé a trabajar en la peluquería me decía: pero esto es por ahora, no vas a estar ahí toda la vida, ese no es tu lugar. Mirándolo muy en menos”, recuerda la artista.
Su mamá se dio cuenta que Belén estaba siendo conocida cuando una compañera de trabajo le preguntó: “Oye, ¿tú eres la mamá de Velenporella?”. “Ahí dije: ¿dónde me perdí?,¿en qué momento empezó a ser tan famosa?”, dice Claudia entre risas.
Fueron alrededor de cinco meses los que Belén dedicó a practicar y a perfeccionar su técnica en el arte de uñas. Los fines de semana se programaba con sus tías y primas para juntarse y hacerles las uñas a todas. Cuando sintió que estaba lista, le tocaba lo difícil: hacer lo que ella llama el servicio militar de las uñas, es decir, trabajar en un mall o en una cadena de peluquerías.
Lo que no sabía Belén era que, en paralelo, estaba siendo recomendada a Paloma Suzarte, dueña de la peluquería Solo para muñecas. “Una amiga llegó mostrándome sus uñas pintadas de dorado con negro y me dijo: Oye, hay una galla que hace las uñas y es seca. Eso era algo demasiado bacán en ese momento y pensé al tiro que podía ser una buena opción para la peluquería”, cuenta Suzarte. Luego de eso, la dueña contactó a Belén y fijaron una entrevista.

Las paredes rosadas y celestes en tonos pastel y las lámparas que cuelgan del techo son algunos de los elementos que distinguen a Solo Para Muñecas de otras peluquerías, además de la variedad de colores de pelo que lucen sus trabajadores.
En ese lugar es donde Princesa Alba se atiende con frecuencia. Casi todos los meses agenda con Belén un hora para probar un nuevo diseño, que luego luce en sus redes sociales y en eventos en los que participa.
El día de la entrevista en Solo Para Muñecas, Belén llevaba una ruleta de uñas con diseños. Gatos, chinitas y figuras geométricas son algunos de los que recuerda Paloma. “La diferencia entre la Belén y las que habían estado acá antes es que ella tenía una propuesta, no era solo pintar las uñas, sino: loco yo vengo a hacer algo que es la cagá”.
Para Belén hay una clara diferencia entre ser manicurista y ser artista de uñas. “Hay una composición. Es ser capaz de leer y crear en relación a lo que quiere tu cliente, porque es un trabajo muy minucioso. Las manicuristas pueden hacer las uñas una tras otra, no hay un valor agregado además de pintar las uñas. Yo veo que el arte de uñas es realmente un arte”, expresa Belén.
Velenporella trabaja alrededor de ocho horas al día de martes a sábado. Ha estado con clientas por más de cinco horas de corrido, poniéndoles aplicaciones que pueden superar los $75.000, precio que, para Paloma, dueña del lugar en el que trabaja Belén debería ser mucho mayor, considerando el esfuerzo físico que conlleva. “Para mí es normal levantarme una vez al baño en el día. Hay veces que sufro, se me duerme una mano, me dan fatigas, se me nubla la vista, es un trabajo súper exigente físicamente”, confiesa la nail artist.
A pesar de lo exigente, Belén reconoce que todo el esfuerzo lo vale y que incluso la ha llevado a tener oportunidades que no se imaginaba que tendría. El 2018, durante uno de sus viajes a Barcelona, pudo crear sobre las manos de Rosalía, un diseño que luego la cantante lució al principio de este video.
La artista también cuenta que los días antes de atender a alguien famoso le dan ataques de colon. “Imagino que tal vez no le va a gustar mi trabajo y le doy mil vueltas a los pensamientos, me atrapo”, explica.
En 2017, Belén pintó de blanco las uñas de Ariana Grande, momento en que la estadounidense visitaba Chile para un concierto. Ese mismo año en Solo Para Muñecas la artista creó una composición sobre las manos de Nathy Peluso, quien las lució en algunas de sus presentaciones.

“La Belén es súper obsesiva para hacer las cosas que le gustan, es muy ordenada, metódica y concentrada en sus objetivos. Yo creo que eso es lo que le ha permitido llegar al nivel en el que está ahora”, explica Mario. La descripción coincide con la de Claudia, su mamá: “Ella se preocupa de que hasta la última línea le quede perfecta, de que el color que puso arriba combine con el de abajo y así. A veces, por esa misma razón se estresa demasiado”.
“Siempre compro de más, si me quedo con lo justo como que me explota la cabeza, entonces tengo una mesa con un montón de cosas con las que puedo ir probando y llegando a un resultado, eso me deja tranquila”, confiesa Belén, recordando un encargo que le realizaron para un videoclip y para el cual su clienta pidió algo parecido a una alfombra persa, por lo que decidió poner en sus uñas los pompones más pequeños que encontró, tratando de imitar a la perfección el diseño del bordado y los colores.
Para Belén, su trabajo se trata de embellecer a otra mujer, por eso le gusta tanto: “Es importante decirle a la otra que está bonita y a los hombres también, porque ahora también se están pintando más las uñas, ellos también se sienten distintos. Es algo súper banal, hacerse las uñas, pero igual es algo que te da un poder y una seguridad”, cuenta con un sonrisa.
“Me voy”, escribió Belén bajo una foto que publicó a principios de agosto en su Instagram, confirmando su viaje a España. Su meta es quedarse en Barcelona por lo menos un año, ya que siente que es su lugar en el mundo. Con la maleta llena de esmaltes y cristales emprenderá a principios de septiembre su aventura en busca de nuevos desafíos y oportunidades.
Sobre la autora: Macarena Figueroa es estudiante de Periodismo y escribió este perfil en el curso Taller de Periodismo en Prensa. Fue editado por Macarena Milla en el Taller de Edición en Prensa.

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