
Tres vueltas al eclipse
La oscuridad total por un par de minutos fue lo que vivieron los habitantes de la cuarta región de nuestro país, durante el reciente eclipse solar del martes 2 de julio. En este reportaje te contamos cómo se interpreta desde la Astrofísica, la cosmovisión mapuche y la Astrología, en la mirada de tres especialistas.
Por María Arriagada
Más de un millón de personas invadieron el norte chico de nuestro país el pasado martes 2 de julio, con lentes especiales y telescopios para presenciar el eclipse solar que oscureció por completo todas las comunas de la cuarta región. Mientras, desde la Región Metropolitana se pudo ver cómo se ocultó el sol hasta un 92,11%. Así parcial o de forma completa, el fenómeno se pudo presenciar desde todo el territorio.
Un eclipse solar total como el que se acaba de vivir en Chile, donde el sol, la luna y la Tierra se alinearon provocando oscuridad total, no ocurre todos los años. Según la NASA en promedio cada 375 años se puede ver un eclipse solar desde un mismo lugar en el planeta. Para entender este fenómeno desde diferente dimensiones, conversamos con un astrofísico que explica por qué lo vemos y cada cuánto, un machi que comenta su dimensión espiritual y una astróloga que dice que el mensaje del eclipse es un llamado a volver al concepto de “tribu”.
Desde el lente de la Astrofísica
El profesor de la Universidad Católica, Thomas Puzia, doctor en Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Munich en Alemania, describe el eclipse solar como el alineamiento perfecto entre la Luna, el Sol y la Tierra. “El astro lunar tiene que ubicarse en un punto geométricamente definido”, explica Puzia. En promedio ocurren 238 eclipses solares por siglo, y hay un eclipse total cada 154 días. Estos últimos son aquellos en los que el sol se tapa por completo. Mientras, en los parciales la Luna no recubre totalmente al sol, así sólo se ve una media Luna. El profesor explica que son muchas las situaciones que tuvieron que ocurrir en el orden de los astros para que se haya manifestado este fenómeno de manera completa en la Región de Coquimbo.

Si los tres astros estuvieran permanentemente en el mismo plano tendríamos eclipses todos los meses. Sin embargo, la Luna puede interponerse entre el Sol y la Tierra y no provocar sombra, ya que la órbita de nuestro satélite natural está inclinada cinco grados respecto del plano en que están el planeta y el astro. La orientación de esta inclinación va cambiando de a poco. De este cambio dependió la alineación perfecta entre los tres, es decir, el eclipse. Así, la luna pudo provocar sombra completa en un área de la planeta. “La sombra de totalidad pasó por la cuarta región”, recuerda el astrofísico. A esta sombra los astrónomos le llaman umbra. En cambio, a lo que ocurrió en las ciudades en que la estrella gigante no fue cubierta por completo, le dicen penumbra.

Otra circunstancia necesaria para que ocurra un eclipse es que la Luna esté cercana a la Tierra. En el momento del eclipse solar total el satélite natural y el Sol tienen que verse de un mismo volumen en el cielo, aunque el primero sea muchísimo más chico que el segundo. Debido a que la Luna se mueve alrededor del planeta en forma de elipse, una especie de óvalo, algunas veces está más cerca de la Tierra y otras más lejos. “En el momento del eclipse el Sol que es 400 veces más grande que la Luna, está 400 veces más lejos de la Tierra que la Luna. Así que aparecen del mismo tamaño angular en el cielo”, explica Puzia. Estas dos variables tuvieron que combinarse para que el 2 de julio la Luna se viera del mismo porte que el Sol en el cielo y lograra taparlo por completo para una zona chilena y de forma parcial para las demás ciudades.

Por último, según el astrofísico el eclipse pudo ocurrir gracias a que la Luna es extensa si la comparamos con la mayoría de los otros satélites del sistema solar. “El hecho de que tengamos una Luna tan grande para el tamaño de la tierra es exótico”, dice.
Con el Ciclo de Saros — un concepto científico complejo que los estudiantes de la Universidad de Antioquía resumieron como los períodos tras los cuales las órbitas de la Luna y de la Tierra vuelven a estar aproximadamente en la misma posición inicial y se pueden repetir los eclipses — los astrónomos tienen la oportunidad de determinar cuándo y en qué área de la esfera de nuestro planeta será el eclipse. Según este sistema se repiten series de eclipses de tipos solar anular, parcial y total, cada 18 años aproximadamente. Sin embargo, no pueden saber el lugar específico sólo estudiando el Ciclo de Saros, ya que la frecuencia de rotación de la Tierra, es decir, su giro alrededor de la misma, no está coordinada con este ciclo. “Tú puedes determinar los caminos, pero por la rotación de la tierra el eclipse no cae en los mismos lugares”.
Volver al origen
El machi José Luis Nahuelcura, que atiende en su casa de Puente Alto a personas con enfermedades físicas y psicológicas, comenta que en el instante en que se alinean el Sol, la Luna y la Tierra: “Hay una inyección energética, una transformación del universo”.

Según el machi, el eclipse generaría cambios en las personas. Las personalidades podrían mutar y los estados de ánimo también, y no sólo en los humanos, también habría un cambio en los animales y las plantas: “En todo lugar donde haya vida”. Aclara, además, que esta transformación puede ser positiva o negativa. “La gente está más cerrada, cree menos en su Gobierno, cree menos en la familia, cree menos en la existencia. La gente está mala de espíritu”, asegura. A raíz de esto, espera que haya un cambio en las personas.
Nahuelcura cuenta que los eclipses lunares han influido en el mundo mapuche anteriormente y cree que este eclipse solar puede generar un impacto parecido. Asegura que la gente está más espiritual y cree más en la ceremonia: “Están dejando las creencias que nos implantó la raza dominante, la gente está volviendo a sus orígenes en el mundo indígena en general”. Así, a raíz de los eclipses lunares, dice que han surgido nuevas vocaciones: “Hay una evolución del espíritu de los machis. Han nacido jóvenes y antiguos (de elevada edad)”.
Cartas y astros
Según la astróloga Mila Arata, de 26, este fenómeno viene a destapar lo que está escondido en el inconsciente. “Lo que hace el eclipse es hacer que lo oscuro, lo que no queremos ver en nosotros mismos, salga a la luz”, explica. Es psicóloga y lleva tres años estudiando la interpretación del comportamiento de los astros.

“La Astrología no niega la ciencia, ni tampoco la acepta. Va por otro carril”, declara Arata, quien atiende a cerca de 30 personas al mes en su consulta de psicóloga. Les lee la Carta Astral a sus pacientes cuando considera que les puede ayudar en su terapia, además, se la interpreta a diez personas mensualmente que no quieren un enfoque de terapia psicológica, sino que sólo buscan orientación astrológica.

El nodo norte, que son los puntos de intersección en que la órbita de la Luna corta con la del Sol en el momento del eclipse, refieren a Cáncer, asegura la astróloga. Lo que dice que significa que tenemos que empezar a abrazar lo que se asocia a este signo del zodiaco: el clan, la familia y el calor humano.
Según Mila Arata, el eclipse llama al sentido de tribu. A reconectar con los que nosotros consideramos familia: “Ir a buscar a los amigos”. Sin embargo, asegura que al mismo tiempo viene a remecer: “Es tiempo de hablar de las cosas que duelen dentro de los núcleos familiares”. Agrega que “si uno vive la herida emocional y la trabaja puede conectar con una fuente tremenda de amor”.
Para la astrología lo que está contrario de Cáncer es Capricornio, esto está en el nodo sur: “Lo que significa que es lo que hay que dejar atrás. Este signo (Capricornio) representa límites, al padre severo, al que está enfocado en el éxito”.
Para terminar, destaca que nos hemos preocupado de producir y producir desde la época industrial hasta que “nos fumamos el planeta”. Así, dice que el eclipse llama a volver a los orígenes y a la familia para preguntarnos qué es lo esencial. “Si no te conectas con el sentido del linaje, sobre qué le voy a dejar a mis hijos: ¿Por qué me va a preocupar el planeta?”, termina preguntándose.

Si bien este eclipse es histórico porque ocurre en una misma superficie cada 375 años aproximadamente, Chile ya está esperando otro para el año 2020. El 14 de diciembre se podrá presenciar en Pucón y Villarrica, por un par de minutos la oscuridad total, al igual que hace unos días en el norte chico del país.
Sobre la autora: María Arriagada es estudiante de Periodismo y escribió este artículo como parte de su práctica interna en Km Cero. Fue editado por Macarena Milla en el Taller de Edición en Prensa.

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