Foto “Punto 105”
Por investigar al gobierno salvadoreño, Gabriel Labrador fue forzado al exilio. Hoy reflexiona sobre el costo personal de ejercer periodismo cuando informar implica perder el país y la seguridad. “Yo quiero que cuando el salvadoreño quiera entender qué pasó, que vayan y que encuentren explicaciones en mis palabras”.
Por: Cristóbal Navarro Prelle
El 21 de mayo de 2025, Gabriel Labrador se fue de casa sin tener la posibilidad de despedirse de su hijo. El periodista salvadoreño, había activado su plan de salida de su país por una llamada de su madre contándole que la policía había llegado a su casa con la intención de encontrarlo para llevarlo detenido. Esta forma de actuar, es la misma que utilizaron para llevar detenida a Ruth López, abogada y activista de Derechos Humanos, opositora a Nayib Bukele. Por esto último, el periodista sabía lo que podía enfrentar.
Labrador, trabaja en El Faro desde hace 15 años, medio en el que ha realizado diferentes coberturas, que en su mayoría están enfocadas en el mundo político de El Salvador. Su relación con Nayib Bunkele, comenzó cuando este se postuló a la alcaldía de San Salvador, mucho antes de que llegara a la presidencia del país. En septiembre del 2021 y en medio de la pandemia del COVID-19, el periodista publicó un perfil llamado “Bukele, el autoritario cool”, donde desglosa de forma detallada la forma de ser del hombre que llegó al poder en marzo del 2019.
“Mi escepticismo sobre Bukele comenzó mucho antes, cuando él era alcalde de San Salvador. Empecé a ir a sus eventos públicos como alcalde y yo veía que estaba rodeado de gente que, por mi cobertura política, la asociaba a aspectos muy oscuros de gobiernos anteriores.
Ya se había tomado el congreso con militares el 9 de febrero de 2020 y sus medidas para contener la pandemia eran muy autoritarias. Por ejemplo, había gente detenida por la policía porque salía a la calle sin mascarilla y estaban en centros de confinamiento donde muchos de ellos morían, alguna gente fallecía porque se contagiaban ahí en los centros de contención supuestamente” dice Labrador.
La gota que rebalsó el vaso y que desencadenó una serie de hechos en contra de El Faro, fue la publicación de entrevistas con las pandillas salvadoreñas donde hablan de sus negociaciones con Bukele. Luego de estas publicaciones, el medio se enteró de que la fiscalía estaba preparando órdenes de captura en contra de las personas que habían realizado estas publicaciones.
Labrador no se encontraba en esa lista, pero sí comenzó a percibir algunas situaciones que lo tenían en alerta. Entre ellas, destacan el hackeo a su teléfono y el de sus compañeros en El Faro, el robo de su celular mientras vacacionaba con su familia y rondas de policías en las cercanías de la casa de sus padres.
Todo lo mencionado previamente y la visita de la policía a la casa de sus padres, lo llevó a activar su protocolo de salida de El Salvador.
“El 21 de mayo en la noche, llegaron policías vestidos de civil y unos uniformados a la casa de mis padres. Preguntaban quiénes vivían en la casa, quiénes eran los vecinos, si conocían a cierta persona y eran muy insistentes en preguntar quiénes vivían en la casa.
Mis padres tienen ya cierto músculo, entonces, mi mamá sabía cómo reaccionar. Recuerdo que me llamó inmediatamente después de que los policías se retiraran de la casa. No lo podía creer”.
A raíz de esta situación, Labrador activó su protocolo de emergencia y se fue a su lugar de escondite con una rutina que había practicado previamente. Le comentó lo sucedido a su jefe, Sergio Araújo, quien es también presidente de la Asociación de Periodistas de El Salvador y decidieron que lo mejor era que saliera del país a Guatemala.
En el país vecino de El Salvador, Labrador pasó dos meses y medio sin poder ver a su familia. Posterior a eso y gracias a una organización que le brindó ayuda, pudo marcharse a México, donde se encuentra actualmente.
El dolor personal del exilio
¿Qué fue lo más duro de ese momento?
Que no me pude despedir de mi hijo.
¿Cómo fueron los meses que estuvo lejos de su familia, principalmente de su mujer e hijo?
Estar separado de los tuyos sí es algo horrible. Si puedo resumir todo, me sentía en una búsqueda, porque estaba buscando estabilidad, opciones viables para reunificarnos.
Mi esposa es doctora, entonces tenía que cerrar su clínica y hacer muchos trámites antes de salir. Pero ella estaba aterrada también, cada vez que yo publicaba algo, ella decía que sentía mucho miedo, que le iban a atacar, que le iban a hacer algo. Y lo peor es que yo no le puedo decir que eso no puede pasar.
Luego, en terapias psicológicas que comencé aquí en México, descubrí que esa sensación había sido una de una búsqueda constante. Porque no estaba bien, no dormía bien, no podía concentrarme en el trabajo y necesitaba buscar soluciones económicas para salir adelante.
¿Cómo fue el reencuentro con su hijo e Inés?
Verle los ojos a mi hijo fue muy emocionante. Porque yo vi su carita como diciendo ‘no puedo creer que mi papá está aquí, lo estoy viendo’. Le habían dicho que sí nos íbamos a reunir, pero cuando me vio como que no lo creía. Entonces, le decía, «Mi amor, soy yo, soy yo».
Yo siento que ahora ya puedo publicar y estoy cruzando los dedos para que mi familia que está en El Salvador no sufra nada. Pero al menos mi núcleo está conmigo y eso me da mucha libertad, ya estoy publicando mucho más y me siento más preparado para seguir publicando.
¿Qué siente al ser exiliado a raíz de presiones gubernamentales?. ¿Imaginó vivir esto cuando decidió estudiar periodismo?
Nadie me dijo que iba a pagar este costo altísimo. Yo creo que no lo imaginábamos o yo no lo imaginaba cuando comencé y hubiera agradecido que alguien me explicara esto…
Bukele y el periodismo
Y luego de publicar el perfil, ¿comenzó a sufrir cierta censura por parte de autoridades?
Nunca a ningún periodista le habían vetado el ingreso a una conferencia en casa presidencial. Y a mí me bloquearon.
¿Cómo era la reacción del presidente a ciertas preguntas de la prensa?
En varias conferencias, él tuvo enfrentamientos verbales con nosotros, conmigo, con otros colegas que le hacíamos preguntas y no le gustaba el tono. O evidentemente ya quería empezar a atacar nuestra credibilidad.
Pero lo mejor que ha hecho el periodismo, El Faro, sobre todo, es mantener nuestra credibilidad muy arriba. Y eso es frustrante, supongo, para el gobierno que ha dedicado muchísimos recursos a tratar de eliminar nuestra credibilidad. Es increíble que antes este señor decía que nuestro medio era lo mejor y que nadie podía dudar de nuestra integridad y ahora es totalmente opuesto.
Las publicaciones realizadas por Gabriel y compañía condujeron al gobierno a tal nivel de disgusto que señalaron en una conferencia, donde Labrador estaba presente, que El Faro estaba realizando lavados de dinero. Además, gran parte del equipo periodístico de este medio tuvo que acudir al exilio por presiones gubernamentales.
¿Y cómo pudo aguantar la compostura en este tipo de situaciones?
Los periodistas tenemos esta posibilidad de ponernos una coraza, que nos digan lo que nos digan. Yo creo que lo desarrollé con políticos, sobre todo.
¿Qué siente cuando se da cuenta de que en diversos países piden que llegue una persona como Bukele al poder de su nación?
Yo me quedo asustado ante la enorme operación de comunicación que tiene el gobierno de El Salvador.
El estribillo ahora a nivel mundial es que él convirtió a El Salvador en un remanso de paz y eso es una mentira. Porque no hay paz para muchísima gente que tiene a sus familiares detenidos injustamente. Hay gente que ha muerto en las cárceles sin haber sido condenado ni procesado. A veces hay gente que le han dado carta de libertad porque se demostró que no tienen ningún vínculo con pandillas. Y resulta que cuando los van a buscar a la cárcel ya está muerto y le entregan a la familia un cadáver.
El futuro periodístico de Gabriel Labrador
¿Cómo han sido estos meses trabajando desde afuera para un medio salvadoreño?
Muy difícil. He notado un enfriamiento en las comunicaciones en el sentido que hay mucha desconfianza, entonces las fuentes se han alejado. Antes viviendo ahí te empapabas de las cosas. Pero ahora, cuando algo ocurre en El Salvador, realmente dudo, tengo escepticismo y pienso ¿realmente está pasando? Pero no tengo manera de confirmarlo.
¿Qué espera de su futuro profesional?
Me da miedo pensar eso. Pero bueno, es una posibilidad, ya hice lo que estaba a mi alcance, he pagado un costo altísimo y yo siento que, si me toca renunciar al periodismo, bueno, al menos ya contribuí a la historia.
A raíz de todo lo que le ha tocado vivir en el último tiempo y en su carrera, ¿qué impacto quiere generar en la gente que lee sus publicaciones?
Yo quiero que el salvadoreño y la salvadoreña que ahora están aplaudiendo a Bukele, cuando la dictadura los alcance, los muerda y quieran entender qué pasó, que vayan y que encuentren explicaciones en mis palabras.
En tus años trabajando en dicho medio, ¿qué enseñanzas le ha dejado su labor como periodista?
Uno siempre llega tarde a las cosas, ya ocurrió algo, el acto de corrupción ya fue consumado, ya está el cadáver ahí tirado y el peor error es creer que ahí comienza la historia. Ahí apenas comienza nuestra mirada a esa historia, pero tenemos que seguir pistas hacia atrás, tener contexto suficiente, haber leído y haber entendido la temática, de lo contrario es un periodismo de paracaídas.
En El Faro descubrí que hay que explicar las cosas. Uno menciona personas, cargos, funcionarios. Y a veces uno da por sentado que el lector, la lectora o la audiencia sabe quiénes son o por qué son importantes. Pero en este medio entendí que hay que darles el justo contexto a las cosas y eso permite justificar la importancia de ese trabajo que estás haciendo.


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