“Se caen todas las máscaras y los que eran más bien moderados resulta que no lo eran tanto”
Mauricio Jürgensen renunció al matinal Bienvenidos cuando las críticas a la cobertura de la televisión sobre las manifestaciones entraba en su clímax. En conversación con Km Cero, explica los motivos de su renuncia, reflexiona sobre su futuro profesional y, pese a defender el trabajo de su gremio, también critica cómo la pantalla chica ha mostrado la realidad: “La televisión cristaliza todavía algo que para mucha gente es muy violento”.
Por Tania Contreras

Fotografía: Extraída del Instagram oficial de Mauricio Jürgensen.
Nos recibe con apuro a las 12.30 hrs. Acaba de finalizar el programa Una nueva mañana en el que trabaja en Radio Cooperativa, y en una hora más debe ir a encontrarse con sus hijos. Aquella es la nueva rutina de Mauricio Jürgensen (44), que hasta el 8 de noviembre era miembro del panel del matinal Bienvenidos de Canal 13.
Luego de 15 meses en el programa, renunció entre lágrimas de sus compañeros de trabajo, en una de las semanas más complicadas de la televisión, marcada por cuestionamientos a la cobertura de las manifestaciones en Chile, tras el estallido social del 18 de octubre, salidas y congelamientos de profesionales y una obligada reformulación de contenidos de la pantalla chica que a Jürgensen no convencieron. “No me empecé a sentir cómodo, porque sentía que mi mirada terminó siendo particularmente minoritaria”, dice.
El ex panelista de Bienvenidos, que incluso desmintió en vivo al Presidente de la República Sebastián Piñera, hoy celebra las manifestaciones pacíficas que se llevan a cabo a lo largo del país y condena firmemente la forma en la que el Jefe de Gobierno ha abordado la crisis. “Ha tomado todas las decisiones más desacertadas posibles y, finalmente, después de todo lo que ha pasado, tenemos un Presidente inexistente en el gobierno”, apunta.
Hoy junto a Daniel Stingo y Alejandra Valle participa en el Matinal de los que Sobran de El Desconcierto y está pensando qué hacer, porque dice que la tele cambió.
— ¿Cómo has vivido este tiempo de estallido social?
— Lo he visto como todos, me imagino: con inquietud, con esperanza también, con entusiasmo al comienzo. Siento que llevábamos demasiados años anestesiados con un modelo que nos tenía a todos un poco asfixiados. Pero también me asusta ver cómo se aprovecha el contexto legítimo de la protesta para generar caos y terminar vulnerando los derechos de las mismas personas que se intentan defender.
Por otro lado, me indigna la violencia de una policía descontrolada, de un Gobierno en particular muy desorientado respecto a cómo manejarlo. Pero también tengo una expectativa respecto a los acuerdos que se puedan lograr.
— ¿Cuáles son los motivos de tu salida de Canal 13?
— Lo dije en pantalla y es realmente lo que pasó. A mí no me echaron, a mí no me censuraron. A lo más me hicieron sugerencias en la previa de esta contingencia, que a todos nos obligó a reformular los contenidos en una situación compleja. También, porque los medios de comunicación estaban siendo señalados, creo yo, con justicia, como parte del problema. Ahí hay que hacer un mea culpa, que en lo que a mí me toca, lo hice en pantalla.
Pero lo que me pasó fue que, en este contexto y en este cambio que vino en los contenidos, en los invitados, en el tono del programa, yo me empecé a sentir incómodo, porque sentí que mi opinión terminó siendo particularmente minoritaria (en el panel).
— ¿Faltaban voces en el panel?
— Tengo el mayor y el mejor de los cariños de ese equipo y entiendo lo que hacen. Fui parte de ese equipo. No reniego. Entiendo, además, que yo ocupaba, comillas, un rol dentro de la composición de la conversación que reflejaba una opinión que no estaba antes ahí. Así mucha gente me lo hace saber. Es algo de lo que me siento humildemente orgulloso. Pero, en este contexto, yo sentí que en la conversación mi mirada se empezó a desdibujar un poco. Y (suspira), en ese escenario me pareció que lo más justo conmigo, con mi propia ética, era dar un paso al costado a pesar de que era un equipo que adoraba y adoro. Por eso fue difícil.
Sentía que algunos invitados que llegaron al programa no eran aporte sino que estaban tratando de generar una falsa polémica. Hubo una discusión en pantalla, que fue el día en que yo decidí partir, entre Alberto Plaza y el actor Claudio Arredondo que fue bien comentada. Yo ahí tuve la sensación como: “Esto no está bien. Esto no es lo que deberíamos estar haciendo”. ¿Te fijai? Y en ese momento dije: “Sí, tengo que partir”. Y partí.
— Me imagino que el gatillante de tu salida fue el estallido social del 18 de octubre, pero, ¿habías sentido esta incomodidad respecto a los comentarios anteriormente?
— Siempre fui sincero. Como soy periodista, iba a trabajar allá y, a veces, claro, al comienzo me encontré con situaciones más frívolas del matinal. Alguna vez tuvieron un vidente ahí sentado. Yo sentía que estábamos cometiendo un gran error. Pero muchas otras pautas yo las celebraba.
Reconozco haber tenido reticencias iniciales que después fui soltando. Dije que nunca me iba a disfrazar, terminé disfrazado. Jugando un poco al chiste de la tontera. Está bien, yo me presté para ese juego y nadie me obligó.
Una cosa es esa, la dimensión de los programas de entretención, que, a veces, tienen situaciones en las cuales te puedes sentir un poco avergonzado. Y otra, cuando ya tus inquietudes tienen que ver con una cuestión más de convicciones.
No quiero decir que no podía decir lo que pensaba, sino que hubo ciertos contextos de conversación que yo sentía que podrían haber sido distintos. Por ejemplo, hubo una cobertura muy policial y poca conversación sobre los otros temas que para mí también eran relevantes. Yo, tratando de remarcar esos contrapuntos, me empecé a sentir un poco más solo en esa intención.
“Lo dije en pantalla y es realmente lo que pasó. A mí no me echaron, a mí no me censuraron”, dice Jürgensen.
— ¿Cómo evalúas la cobertura de los medios del estallido social? ¿Cuáles pasaron de curso y cuáles repitieron?
— Siento que este es un momento de la verdad para todo Chile y para los medios también. Se caen todas las máscaras y no se han dado cuenta que los que eran más bien moderados resulta que no lo eran tanto. Los que eran más bien tolerantes parece que no lo eran tanto. Yo creo que eso es algo que la gente ve. Porque la gente hoy lo que le pide a los medios y a las personas que están detrás de los medios, es realidad, veracidad, consecuencia.
Hay medios que han estado a la altura y otros que no. Yo creo que ha sido un súper buen momento para los medios independientes que no tienen las espaldas de un dueño empresario. Lo que no significa que hayan estado exentos de errores.
Respecto a los medios tradicionales, creo que la prensa tiene una función más difícil. Tiene que tener una muñeca más articulada entre la responsabilidad del medio y las opiniones divergentes. Quiero defender a los periodistas. Estoy hablando del periodista que gana 400 lucas, que está en la calle y está trabajando 30 días seguidos. Ese también es un periodista que está haciendo su pega en una época muy difícil. Eso lo pongo siempre sobre la mesa a la hora en que se habla de los medios comprándose teorías de que están todos vendidos. Porque, sabes qué, si cerramos todos los medios, todos los canales, cómo se informa la gente. ¿Las redes sociales cuentan toda la verdad? ¿Tienen el rigor periodístico?
Entonces, eso no significa que no sea evidente que en algunos medios hay un control desde la propiedad y que uno presume que pueden tratar de intervenir en los contenidos. Eso es algo complejo. Uno ha visto los retiros, salidas de editores de prensa y otros que me imagino que habrán tenido los mismos cuestionamientos.
— Pero tú también decías que en el matinal, por ejemplo, el descontento hacia los medios durante los primeros días en que solo se cubría vandalismo y muchos incendios en todas partes.¿Crees que eso va con las líneas editoriales de los medios? ¿Quién es el que hace ese filtro?
— Creo que todo esto también venía de antes. No es que alguien diga “esto sí, esto no”. Es que son medios que también han ido acomodándose a este modelo. Cuando explotó esto DE la “tele miente”, creo que también hay una culpa de cómo los medios hemos mostrado la realidad. Por ejemplo, en el matinal, yo sentía que, a veces, hay un tratamiento de las cosas que no es siempre adecuado.
¿Cómo hemos actualizado nuestros contenidos respecto a cómo hablar de las mujeres, de la infancia o cómo a veces se glorifica la precarización? “Este caballero de 80 años, es un ejemplo de esfuerzo, todavía está trabajando”. No está bien eso. No podemos convertir en héroe a un hombre que está siendo vulnerado en sus derechos de adulto mayor.
Ese tipo de preguntas uno se las empieza a hacer. Yo quisiera pensar que hay contenidos que hasta el 18 de octubre no se van a ver más en televisión.
Jürgensen continúa en Una nueva mañana en Cooperativa, además de su nuevo espacio en El Desconcierto.
— ¿Crees que la televisión haya sido parte del origen descontento que se desencadenó el 18 de octubre? Por ejemplo, anteponer el contenido de entretención antes del informativo o tener en un panel a expertos y no a una persona promedio.
— Yo no creo que la televisión sea parte del origen del descontento, pero sí, creo que la televisión (suspira), cristaliza todavía algo que para mucha gente es muy violento. Creo que, para mucha gente es la proyección de la desigualdad y de cómo se fueron normalizando esas desigualdades.
Pienso, por ejemplo, en Viña del Mar. La gala claramente no tienen que hacerla. Yo no la haría. ¿Cómo haces una gala sin el glamour de la gala? ¿No es violento salir con esa ropa y esas cosas en este momento?
— Ahora en los matinales se discute de política y de las necesidades de la gente. ¿Por qué no se hizo antes?
— Yo entré en julio de 2018 al matinal y se me invitó a ser parte de un panel ciudadano. No hablábamos toda la mañana de política, pero sí se discutieron asuntos como los que estamos hablando. Lo hacíamos a menudo, y yo creo que nuestro modelo en Bienvenidos comenzó a ser replicado en otros lugares, salvo en Mucho Gusto que se mantuvo en una isla de gomitas y no se metieron en estos temas hasta ahora. Nos dimos cuenta que lo que tratábamos de hacer empezó a ser replicado en otros lugares. El político sentado en el matinal es algo que comenzó a cuajar.
Creo que también sentían muchos políticos que llegar a un matinal era un terreno dócil. Pero yo, por lo menos, trataba de cumplir un rol distinto que era que no creyeran que se la iban a llevar tan fácil por ir a un matinal. No por nada yo ahí trabajando en el Bienvenidos, antes que pasara esto, me perfilé, entre comillas, como un periodista que hablaba de política o que atrincaba a los políticos.
— ¿Cuáles son tus proyectos para el futuro?
— Estoy redefiniendo mi futuro, como el país. Igual yo tengo esta, entre comillas, doble militancia. Yo soy formado en el periodismo de espectáculos. Cuando me llamaron para ir al matinal, yo pensé que era para hablar de música, pero finalmente de manera muy natural y espontánea me empecé a meter en otros contenidos. Después de 15, 16 meses allá, es evidente que me doy cuenta que mi perfil profesional también me permitiría en el futuro abordar otros contenidos que no sean necesariamente la música.
Podría tener un programa de conversación, podría entrevistar a políticos, podría hablar de contingencia. Como que me siento con ganas y preparado medianamente para meterme en esos temas. Digo medianamente, porque uno siempre tiene que ir preparándose más.
He recibido ofertas de medios digitales. Me gusta esa posibilidad de estar en un lugar donde pueda aportar a otro público al que le hace sentido que tú también estés ahí. No tiene mucho sentido salirme de un matinal para irme a trabajar a otro. En fin, no sé. Estoy pensando qué quiero hacer.
— Actualmente estás participando en el Matinal de los que sobran en El Desconcierto. que ha tenido muchas visitas, ¿crees que va a continuar?
— De hecho, la primera vez tuvo algo así como un millón de visualizaciones en Facebook que, según me explicaban, era una brutalidad. Estamos viendo la posibilidad de que pueda permanecer, en qué condiciones y cómo se sostiene si no hay avisaje. Pero aparentemente hay interés y es una cosa que puede prender.
El abogado Daniel Stingo y la periodista Alejandra Valle, junto con Jürgensen, estaban en franjeados de diferentes canales, y fueron convocados para un proyecto alternativo de El Desconcierto, que se transmite online: El matinal de los que sobran.
— ¿Volverías a la tele?
— Depende a qué. Como que no lo sé. No sé, de hecho, en el matinal los chiquillos me decían “cuando se calme todo esto, vuelve”. Pero probablemente todo va a haber cambiado tanto.
Igual siento que es un lugar que me provee y al que podría volver, pero sería interesante saber a qué. Me han invitado a un montón de programas, voy a ir a algunos. Pero me quedo con el ofrecimiento de volver cuando se pueda, cuando quiera. Realmente, muy sinceramente, yo no tengo muy claro qué va a pasar.
Sobre la autora: Tania Opazo escribió este artículo como parte de su práctica interna en Km Cero. El artículo fue editado por Sebastián Avila en el Taller de Edición en Prensa Escrita.

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