Nobel a un narrador con guitarra

El 13 de octubre de 2016 el mundo se enteró que Bob Dylan ganó el premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en el primer músico distinguido en esa categoría. Sin tener respuesta del rockero de 75 años, es una incertidumbre si lo aceptará o no. Aquí un recorrido al trabajo del autor a partir de sus letras, descritas por el poeta Allen Ginsberg como: “Un retorno de la poesía al cuerpo humano por medio de la música.”

Por Matías Burgos

Mural en honor a Bob Dylan en Minneapolis realizado por el artista brasilero Eduardo Kobra. Foto: Enrique Núñez Mussa.

Ha pasado una semana desde que se anunció a Bob Dylan como el ganador del Premio Nobel de Literatura 2016, y el músico aún no responde los llamados para aceptar el galardón, que la Academia Sueca le entregó: “Por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción Americana”. Pero su asistencia a la ceremonia es incierta. Su página web oficial lo anunció como winner of the Nobel prize in Literature y luego el aviso desapareció.

“The times they’re a-changing (los tiempos están cambiando)”, dijo la secretaria de la Academia Sueca cuando se le consultó sobre la decisión de premiar a un artista con sólo dos libros en su repertorio (Tarántula, de 1966 y Chronicles Vol. 1, su autobiografía de 2004). ¿Es poesía, son historias o simplemente letras para una melodía, lo que hay en las 522 canciones de Robert Zimmerman?

Poeta o no, Dylan siempre ha dicho que él es un músico. A sus 75 años poco debe importarle cómo el resto del mundo interpreta su obra mientras en vivo no toca sus temas en versión original, sino que modifica los ritmos y tonos para la confusión y placer de un público que sabe a lo que va. Porque cuando está al micrófono, Bob Dylan es un narrador, un cuenta cuentos, un denunciante, un marginado y a veces predicador. Un camaleón, pero de piel distinta a la de David Bowie, ya que lo suyo es cambiar constantemente la voz de su relato, al que dedica todo tipo de historias. Ese estilo tiene un origen y es forjado en sus primeros años como artista, pasando por épocas variadas con distintos colores y sonidos, abrazando lo que le apasiona y transformándolo en suyo.

“Esa canción lo cambió todo. Ya no me importó más intentar escribir libros, poemas o lo que fuera. He dejado de componer y cantar nada que tenga una razón para ser escrito o un motivo para ser cantado”, dijo Dylan sobre Like a Rolling Stone a la revista Playboy en 1966.

Ya a los 18 años había descubierto a Allen Ginsberg, Gary Snyder, Philip Whalen, Frank O’Hara y otros que lo inspiraron a escribir sus primeros poemas. A los 20 años, el joven Dylan llegó a Greenwich Village, Nueva York, donde cantó y festejó con beatniks e intelectuales, poetas y escritores volcados a movimientos de protesta por los derechos civiles. Fue donde se hizo amigo de Ginsberg, quien alabó su trabajo como :“Un retorno de la poesía al cuerpo humano por medio de la música”.

Con 20 años, Dylan llegó a Nueva York y conoció a artistas que protestaban por los derechos civiles. Foto: http://librarius.hu

Inspirado en su héroe, el músico y activista Woody Guthrie, Bob dedicó sus primeros versos a la denuncia por el atropello de las minorías sociales, siempre en forma de historias que dieran voz directa a quienes sufren o repudian estos hechos. Canciones como “Masters Of War” dirigen sus dardos directo a la industria de la guerra, y en “Oxford Town” cuenta sobre los incidentes tras el ingreso de la primera estudiante afroamericana a la segregada Universidad de Mississippi en 1962. “A Hard Rain’s a-Gonna Fall”, una de sus composiciones más complejas y famosas, es un espiral de episodios apocalípticos en el que mira desde los ojos del oprimido en toda clase de escenarios. Mucho más literal es “The Lonesome Death Of Hattie Carroll”, relatando de entrada el asesinato de una empleada de raza negra de manos de su patrón:

William Zanzinger mató a la pobre Hattie Carroll/

Con un bastón que giró alrededor de su dedo con el anillo de diamante/

En un encuentro social en el hotel de Baltimore

Dylan nunca dejó de lado las canciones de amor, pero hacia 1964 otras cosas brotaban de su mente. Es el año en que tomó LSD por primera vez, dando origen a su fanatismo por Arthur Rimbaud y el surrealismo de “Mr. Tambourine Man”:

Llévame en un viaje sobre tu mágico y girante barco/

mis sentidos han sido desnudados/

Mis manos no pueden sentir para agarrarme/

Los dedos de mis pies están muy entumecidos para pisar

Tras escuchar a los Beatles, se compró una guitarra eléctrica y enchufó a toda una generación al rock and roll con “Subterranean Homesick Blues” y “Maggie´s Farm”, del disco Bringing It All Back Home (1965).

Todo se vuelve personal y doloroso con Blood On The Tracks (1975), un álbum que sangra relatos del auge y caída de un amor.

Un año después, el tambor inicial de “Like A Rolling Stone” tumbó de una patada la puerta que lo mantenía encerrado como cantante folk pregonero de un mensaje. “Esa canción lo cambió todo. Ya no me importó más intentar escribir libros, poemas o lo que fuera. He dejado de componer y cantar nada que tenga una razón para ser escrito o un motivo para ser cantado”, dijo Dylan a la revista Playboy en 1966. En cada noche del tour de ese año desafió con un: “How does it feel to be on your own?”, a una audiencia que lo pifiaba de principio a fin, indignados de que el “portavoz de su generación” dejara que su conciencia viajara por calles y escenas plagadas de personajes históricos en líneas inventadas de tiempo y espacio.

Einstein disfrazado de Robin Hood con sus recuerdos en un baúl/

Pasó por aquí hace una hora con su amigo, un monje celoso (…)

Y Ezra Pound y T.S. Eliot peleando en la torre del capitán/

Mientras cantantes de calipso se ríen de ellos y pescadores sostienen flores

Esos versos canta en “Desolation Row”, canción de 11 minutos en la que cada estrofa es un poema en sí mismo. Otras como “Sooner Or Later (One Of Us Must Know)” dan cuenta de turbulentas relaciones de un período de rupturas y amoríos:

Y me dijiste después mientras me disculpaba/

que sólo estabas bromeando, que realmente no eras de la granja/

Y te dije, mientras me sacabas los ojos, que nunca fue mi intención hacerte daño

“A muchos les gusta el álbum. Es difícil para mí aceptarlo, es decir… gente disfrutando ese tipo de dolor”, dijo Dylan sobre Buckets Of Rain, Buckets Of Tears. Foto: Flickr.

Tras un accidente en moto, Bob Dylan baja a tierra con discos de sonidos country donde deja los versos largos. Destacan John Wesley Harding (1967) y Nashville Skyline (1969) e incluso produce la banda sonora con letras inspiradas en la cultura americana para Pat Garrett and Billy The Kid (1973), una película western en la que también actuó. Pero todo se vuelve personal y doloroso con Blood On The Tracks (1975), un álbum que sangra relatos del auge y caída de un amor. Negó que fuese autobiográfico, aunque su hijo contó que la obra trata de un diálogo entre sus padres.

La gente me dice que es un pecado saber y sentir demasiado dentro/

Aún creo que ella es mi gemela, pero perdí el anillo/

Ella nació en primavera, pero yo nací muy tarde/

Culpa a un simple giro del destino

Canta con suavidad en “Simple Twist Of Fate”. Títulos como “You’re Gonna Make Me Lonesome When You Go” y “Buckets Of Rain, Buckets Of Tears” hablan por sí solos y contienen una intimidad tan desnuda que hasta Dylan dijo: “A muchos les gusta el álbum. Es difícil para mí aceptarlo, es decir… gente disfrutando ese tipo de dolor”.

Da igual si es su historia o la toma prestada, no será ni la primera ni la última vez que haga parte de sí un canto con honestidad y sin pretensiones, más que encontrar un vehículo musical para su lírica eterna y danzante. Entre 1979 y 1981 lanzó tres discos con letras dedicadas a su renovada fe cristiana y se autodenominó un mensajero de la palabra de Dios. El año pasado versionó diez canciones de Frank Sinatra. Siempre es un relato nuevo si lo pinta Bob Dylan, usando todos los colores que ha sumado a una paleta que aún no conoce límites.


Dylan, una buena influencia

Chinoy (Foto: Flickr)
“En realidad a nadie le interesa el Nobel. Pero él es un muy buen poeta, me gusta que sea un marihuanero irreverente, y que maneje una cultura que le permita expresar un polo poético de metáforas creíbles, habla muy cerca de la verdad”. Chinoy, músico.
Ramírez Neira (Foto: Youtube)
“El premio a Dylan es una deuda histórica del mundo literario con la canción en tanto forma poética, porque la canción cuenta, habla y, principalmente, se escribe. Me ha ayudado a entender el poder que hay en la palabra y darle una sustancia. Trabajar para ser un poeta entonador de nuestros tiempos”. Ramírez Neira, músico.
“Es decirle a la música popular que es posible alcanzar un estatus de profundo refinamiento artístico en sus letras y que tiene una función social que cumplir. El mundo necesita nuevas canciones potentes que expresen una reacción artística y política a nuestros conflictos y que permitan difundir un mensaje a un público que está ciego y sordo respecto de los textos de la academia tradicional”. Óscar Cornejo, poeta.
Edo Agrela (Foto: Vimeo)
“Tiene un lado outlaw, un espíritu bluesman que es tan auténtico que no creo que le importe salir premiado. Gracias a él con mi banda intentamos llevar una narración en nuestros temas, mirando a Sudamérica y su historia”. Edo Agrela, músico.
“Me parece muy bueno porque en el futuro cuando todo haya desaparecido, el Nobel a Bob Dylan siempre va a ser una pista, una puerta de entrada donde revisitar y volver a encontrarnos con él y otros personajes de su generación”. Domingo Abelli, poeta.
Tilo Nurmi (Foto: periodismosinafan.cl)
“Me parece bien que Dylan, creador incansable y siempre polémico, ni siquiera se pronuncie por este reconocimiento. Y como poeta, me parece irrelevante si su transmisión es oral (hablada o cantada) o estrictamente escrita. La poesía no obedece a formatos ni soportes” . Tilo Nurmi, poeta.

Sobre el autor: Matías Burgos es estudiante de Periodismo y escribió este artículo como colaborador de Km Cero. Fue editado por Javiera Navarro en el Taller de Edición en Prensa.