
Marichi Weu: Diez veces venceremos
Debido al asesinato de Camilo Catrillanca, el día miércoles 14 de noviembre, la comunidad mapuche ha convocado a un mes seguido de movilizaciones. La rabia, esta vez, parece estar más presente que nunca entre los manifestantes.
Por Adria Campos
“¡Asesinos, asesinos, asesinos!”, corea un grupo de personas -fácilmente más de doscientas-, en dirección a los carros lanza-agua de Carabineros, los guanacos. Entre Nataniel Cox y Zenteno, calles que encierran la Plaza de la Ciudadanía, justo al frente de La Moneda, los manifestantes se agrupan con banderas mapuche, de movimientos de izquierda y pañuelos a favor del aborto legal. El blanco esta vez no es solamente un gobierno o un ministerio: son los uniformados.
El miércoles 14 de noviembre, alrededor de las cuatro de la tarde, el comunero mapuche Camilo Catrillanca fue asesinado de un disparo en la espalda por carabineros del GOPE, en la localidad de Ercilla, Región de la Araucanía. Luego de lo ocurrido, el entonces intendente Luis Mayol dijo que Catrillanca se había visto envuelto en un asalto a mano armada hacia cuatro profesoras de la localidad, quienes fueron amenazadas y luego despojadas de los vehículos en los que se desplazaban.
Sin embargo, al día siguiente, Mayol no volvió a referirse a Catrillanca como posible participante del asalto, debido a la inexistencia de pruebas que lo vincularan. Asimismo, más irregularidades en el procedimiento comenzaron a surgir: al momento de solicitar las grabaciones a los miembros del GOPE involucrados en el incidente, los funcionarios de Carabineros no las entregaron, para después esclarecerse que la tarjeta de memoria había sido destruida.
Lo ocurrido causó indignación tanto en la comunidad mapuche como en distintos sectores de la ciudadanía, ya que al exigir explicaciones se entregaban respuestas confusas, como denunció a los medios el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), sobre la imposibilidad de las autoridades de responder ante la detención ilegal de un menor de 15 años que acompañaba a Camilo Catrillanca en el momento de su asesinato. El INDH además presentó una querella criminal ante el Juzgado de Letras y Garantía de Collipulli, por el mismo caso.
No solo el asesinato de Catrillanca, sino que las explicaciones insuficientes y confusas fueron las que dieron pie a que a través de redes sociales se convocara a las manifestaciones, mediante eventos en Facebook y otras redes. Todo esto en el marco de un mes de protestas convocado por mapuche chilenos. Es un lunes 19 de noviembre a las 19:00 horas. Los carros de Carabineros comenzaron a avanzar por las calles paralelas a la plaza, y los manifestantes corrieron por Nataniel Cox buscando escapar del gas lacrimógeno que se esparcía por los aires. Al mismo tiempo, piedras, botellas de vidrio vacías y bombas molotov eran lanzadas en dirección a los guanacos que se aproximaban.
“¡Ya van a ver, ya van a ver, todas las balas se van a devolver!”, cantaban unos, mientras otros arrancaban los basureros instalados en la esquina de Nataniel Cox con Alonso de Ovalle, para usarlos como material para encender una barricada. Recién pasadas las 19:30 horas, la densidad del aire se conformaba de una mezcla de humo y gas lacrimógeno, lo que hacía que todos los autos que circulaban por el sector cerraran sus ventanas.
Al paso de un carro lanza-agua, Benjamín e Ivanka, ambos de 20 años, lograron ingresar a la recepción de un edificio, auxiliados por una señora que se encontraba ahí. Ambos viven en Peñalolén y son estudiantes de la Universidad Diego Portales. “Frente a la impotencia se convocan estas cosas, porque siento que la única forma para el pueblo de sacar la voz es juntándose”, dice Ivanka. La primera palabra que se les viene a la mente a ambos al momento de describir el sentir común de ese instante es “rabia”.
Diez veces venceremos
La Plaza Baquedano, justo al frente del Teatro de la Universidad de Chile, se encuentra repleta de banderas mapuche. Es lunes 26 de noviembre, y el sol se está escondiendo. Cientos de personas se concentran para escuchar hablar a diferentes organizaciones que convocaron el banderazo: la Coordinadora de Organizaciones de Estudiantes Mapuche (COEM), Mujeres Mapuche Autoconvocadas, Meli Wixan Mapu, entre otras.
“Es por eso que hoy lo que pedimos es la desmilitarización del territorio mapuche, que se disuelva el Comando Jungla, la renuncia de Chadwick, la renuncia de Hermes Soto, y justicia para Camilo Catrillanca”, concluye su discurso un joven, que hablaba a un micrófono conectado a un parlante entre toda la muchedumbre. Inmediatamente, muchos de los asistentes comienzan a gritar “Marichi Weu” que en mapudungún significa “Diez veces venceremos”. Las banderas empiezan a ondear en el aire, y lienzos que piden la renuncia al ministro del Interior son desplegados.
Se da inicio a la escena usual. Los guanacos comienzan a rodear la manifestación y lanzan chorros de agua para dispersar a la multitud. La mayoría de los manifestantes se dirige hacia el Parque Bustamante, mientras otros se quedan para lanzarle botellas y bombas molotov a los carabineros. “¡Que el pueblo escuche, mataron a un mapuche!”, comienza a vitorear la gente, al mismo tiempo que escapan del gas lacrimógeno, con el choque de las botellas contra las ruedas del guanaco de fondo. El enfrentamiento, una vez más, se ha iniciado.
“Yo realmente sentí mucha rabia e impotencia cuando lo asesinaron. En las redes sociales se mostró que el gobierno decía una cosa y al final se desmintió, y la impotencia que eso me dio nos motivó a salir a cualquier manifestación”, comenta Luis, que lleva una bandera mapuche colgada como una especie de capa en la espalda. Va acompañado de su polola y al igual que gran parte de las personas que se encuentran en medio del caos, se informa de todo lo que ha estado ocurriendo a través de las redes sociales.
Después de aproximadamente una hora, el espesor del aire se comienza a desvanecer. El ardor del gas lacrimógeno era cada vez más sutil. En las calles solo quedan barricadas a punto de apagarse, rodeadas de cenizas. Algunos carabineros encargados del tránsito intentan ordenar a los automovilistas molestos que se encuentran atrapados en el tráfico de las calles cercanas al metro Salvador. Los únicos ruidos que se escuchan son los de las bocinas de los automóviles, que llegaron a reemplazar lo que fue el coro de los manifestantes. La rutina del centro de la capital retoma su curso, al menos por este día. En unos días más, otra protesta está citada en las cercanías.
Sobre la autora: Adria Campos es estudiante de periodismo y escribió este artículocomo parte de su práctica interna en Km Cero. El artículo fue editado por Paula Santibáñez en el Taller de Edición en Prensa.

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