Los hilos que han movido la vida de Sergio Guzmán

Nov 13, 2017

Los hilos que han movido la vida de Sergio Guzmán

Es titiritero hace 59 años. Escribe las historias, crea y fabrica los personajes y actúa en las obras. Durante su carrera ha viajado por Chile mostrando su arte escuela por escuela. Es el mayor referente del teatro de títeres en el país y el más antiguo en el oficio. En 2016 fue reconocido como uno de los cuatro Tesoros Humanos Vivos.

Texto y fotos por Josefa Soto

— Sergio, ¿Se puede poner más adelante? Para que salgan los monos en la foto, por favor.

— Ay no. Por favor, no les diga monos. Son títeres.

Hace 59 años que Sergio Guzmán Vallejo es titiritero. Está sentado en el living de su casa en la comuna de Lo Espejo, donde también tiene su taller. Aún recuerda el momento en que comenzó su sueño. Fue a los siete años, cuando asistía a clases en una escuela rural de la ciudad de Victoria en Malleco. Ese día su profesora preguntó quién tenía un par de monedas para ir a ver un show. Guzmán y un amigo fueron los únicos que levantaron la mano.

“Mi amigo tenía plata. Yo no, pero siempre me guardaba una monedita. No era de comprarme muchos dulces”, dice. Tomaron un bus que los dejó en una escuela más grande. Se sentaron y de repente aparecieron dos personajes. “Si parece que fuera ayer. Me acuerdo perfecto. Estaba tan impresionado, imagínese. Yo era un cabro del sur, nunca había visto algo así. Era todo tan real, tan entretenido”, cuenta mientras le brillan los ojos.

Guzmán cuenta que para ser titiritero entró a estudiar Teatro a la Universidad de Chile en 1959. Abandonó un año y medio más tarde. “Es que no enseñaban títeres, ¿para qué me iba a quedar?”, cuenta. Un par de años antes ya había conocido a su esposa Luisa Flores, su compañera desde los 16 años. Para ese entonces ya tenían dos hijos y hoy suman ocho. Además tienen 22 nietos.

Desde 1989 a la fecha, Luisa Flores y Tito Guzmán, han estado en al menos 26 festivales de Sudamérica, siendo los más recurrentes Argentina, Perú y Bolivia.

En 2016 lo nombraron Tesoro Humano Vivo, premio que se le otorga a personas y comunidades que son un aporte cultural a través de expresiones en peligro de desaparecer y que reflejan la identidad de las comunidades locales.

Sergio Guzmán dedicó su vida a ser un artesano de títeres: los fabrica, pinta y les da vida. También escribe las obras, las monta y luego las actúa. En 1958 fundó la compañía de títeres Candelilla junto a su esposa Luisa Flores. Que lo llevó a ser reconocido en 2016 como Tesoro Humano Vivo, premio que se le otorga a personas y comunidades que son un aporte cultural a través de expresiones en peligro de desaparecer y que reflejan la identidad de las comunidades locales. Guzmán es el primer artista escénico condecorado con este reconocimiento en Chile.

Desde 1989 a la fecha, Luisa Flores y Tito Guzmán, han estado en al menos 26 festivales de Sudamérica, siendo los más recurrentes Argentina, Perú y Bolivia.

Una de sus presentaciones más recientes fue para el día del patrimonio en la Municipalidad de Lo Espejo. Ese día actuaron en una de las obras preferidas de Guzmán, El cocodrilo Tilo. “Se trata de una pareja de abuelitos que cuidan un árbolito. Entonces llega un malo a quien no le gusta la naturaleza y pide ayuda a un cocodrilo para destruirlo, pero el cocodrilo viene de la selva, es un amante de lo verde así que no le hace caso. Es un cuento que habla de lo importante que es cuidar el ecosistema”, explica el titiritero.

Guzmán mide 1.70 metros y a sus 82 años, camina y habla con calma. Tiene el pelo blanco y un par de arrugas alrededor de los ojos. Sonríe tanto, que se podría asumir que su buen carácter es el culpable de las arrugas que le cubren la frente.

Sobre la mesa hay marraquetas, palta, café y leche en polvo. Guzmán, Flores y su hija Elizabeth toman once en la casa que comparten. Hay cuadros de títeres en el living y la cocina. También un par de marionetas colgando de la pared y otras sobre algunos muebles.

Guzmán junto al títere protagonista de El rey que no sabía sumar, su primera creación.

A lo largo de su trayectoria, Guzmán se ha caracterizado por la fabricación de títeres más clásica: a base de papel maché. Ha creado alrededor de 100 títeres. El primero fue el personaje principal de su cuento El rey que no sabía sumar.

Guzmán se sirve una taza de café y recuerda la historia de uno de sus personajes favoritos, una bruja un poco deteriorada de traje negro. Fue creada por uno de sus alumnos hace 57 años en uno de los talleres que impartió en Lo Espejo. “Este chico estaba triste, porque quería hacer un príncipe. Pero yo lo vi y dije: esta es una bruja. Tiene una personalidad muy especial”, explica.

Su carrera ha estado marcada por la variedad de ciudades, escuelas y festivales que ha visitado. Freddy Espíndola, dueño y fundador de la Compañía Caracol que tiene 35 años de trayectoria, es alumno y amigo de Guzmán. Cuenta que la primera vez que lo vio fue en El Quisco cuando tenía 10 años. “Sin duda fue un gran referente. En esa época Tito viajaba con su teatro móvil. Presencié ese show como espectador y aún lo recuerdo”, cuenta.

Guzmán ha creado unos cien títeres en base a papel maché.

Espíndola se refiere a uno de los proyectos más recordados de la Compañía Candelilla. Un teatro móvil con forma de castillo que recorrió prácticamente todas las playas del litoral entre 1970 y 2004 y que, según cuenta Guzmán, surgió por la falta de funciones y espacios en el período de verano. “Me puse a pensar qué podía hacer porque necesitábamos el dinero. Coincidió con que fuimos con la Luisa a un festival en Argentina y allí vi un carro de títeres. Guardé esa idea y así nació El Castillo Itinerante”, cuenta Guzmán.

La gran mayoría de los viajes y giras que ha hecho la Compañía Candelilla, han sido auto gestionadas por Guzmán. Es él quien se ha encargado de ir a tocar puertas, llamar por teléfono, comprar pasajes en bus y hacer todo lo necesario para presentarse en distintas partes de Chile. Eso es lo que le ha permitido ser reconocido por casi todos los titiriteros del país.

“Seguir este oficio se dio de manera natural para mí. Veíamos a mi papá haciendo títeres, escribiendo las obras, era como un juego para nosotros. Lo acompañábamos a las funciones y empecé a actuar a los cinco años”, cuenta su hija Elizabeth Guzmán.

“Tito Guzmán es nuestro Javier Villafañe, un argentino que recorrió Latinoamérica con sus títeres. Él sigue este trabajo andariego y busquilla de visitar colegios, escuelas, programar las funciones, las hace todas. Un viajero y titiritero. Esa forma de hacer títeres en Chile es única. Es la forma de Tito Guzmán”, dice Espíndola. Tito, así le han dicho a Sergio Guzmán desde que comenzó a ser titiritero.

Las puertas de las salas de clases de la Escuela Bernardo O’Higgins de la Población José María Caro están cubiertas por rejas y candados. En una de esas salas,Tito Guzmán acompañado de su esposa y una de sus hijas, Elizabeth, imparte un taller de títeres a alumnos de cuarto básico. La iniciativa impulsada por el Consejo de la Cultura, duró dos meses y constó de la fabricación de los títeres y la presentación de una obra al final del semestre.

El ambiente es un caos. Los niños están inquietos. Su energía contrasta con la de Guzmán y Flores, pero no con la de su hija que trata de poner orden entre los 35 niños.

Elizabeth Guzmán, siguió los pasos de su padre. Es miembro de la Asamblea de Titiriteros Chilenos, una agrupación que reúne a quiénes trabajan en el rubro y que lucha por promover y conservar este tipo de teatro. La hija de Guzmán se dedica a tiempo completo a realizar funciones y talleres de títeres. “Seguir este oficio se dio de manera natural para mí. Veíamos a mi papá haciendo títeres, escribiendo las obras, era como un juego para nosotros. Lo acompañábamos a las funciones y empecé a actuar a los cinco años”, cuenta.

Respecto al reconocimiento de Guzmán como Tesoro Humano Vivo comenta: “El Tito maneja todas las técnicas, es el más completo en su oficio en cuanto a construir los títeres, modelar, pintar, hacer los libretos, las obras. Ha recorrido el país de Arica a Punta Arenas y eso no lo ha hecho otro en Chile. No en su época ni a tal magnitud”.

Guzmán sigue en la Escuela Bernardo O’Higngins de Lo Espejo. Viste un buzo, zapatillas y un polar rojo que dice “Compañía de títeres Candelilla”. Entre sus manos hay una mezcla de confort, cola fría en polvo y agua. Ahora explica a los niños cómo empezar a dar forma a lo que luego será la cabeza de un títere. No habla muy fuerte, pero sus alumnos lo escuchan e imitan los movimientos que hace con las manos.

Mientras toman once, Elizabeth y Luisa conversan. Guzmán no parece muy pendiente, de hecho tiene la mirada perdida, quizás reflexiva.

Luisa Flores y Tito Guzmán, han estado juntos desde los 16 años.

— Sergio, de dónde cree que sacó su lado artístico. ¿Había algún artista en su familia?

— Mi mamá cantaba. Me sentaba en sus piernas cuando yo era chico y me cantaba tan lindo. Es de las pocas cosas que recuerdo de ella.

Su mamá murió cuando él tenía cuatro años. Así cuenta mientras toma café en una taza de Condorito. Cree que esa muerte temprana forjó su forma de ser. “Cuando niño era muy introvertido. Era medio desordenado y viéndolo desde lejos, yo creo que era porque me sentía solo”, dice y ahora se muestra mucho más atento a la conversación. “Esa parte de mi personalidad cambió gracias al mundo de los títeres y bueno, gracias a la Luisa”, reflexiona.

Cuando a Guzmán le preguntan por su carrera siempre habla en plural. Tiene claro que nunca ha trabajado solo y que Luisa es tan responsable de su éxito como él. “Ella me ha seguido en todas mis aventuras”, dice y ella le sonríe. Luego ella comenta que lo que más valora de su esposo es la constancia:

— Él quería ser titiritero y nunca dejó de trabajar para eso. Aunque fue difícil porque a veces no teníamos funciones, se las arreglaba y él iba a gestionar por cuenta propia que lo contrataran. Nunca nos faltó nada.

— Fue difícil al principio. Bueno cuando llegamos a esta casa no teníamos nada, de hecho. — recuerda él.

— Sergio cómo dices eso. Yo me acuerdo que compraste como tres cucharas un par de sillas y una cama.

Sergio se ríe.

Sobre la autora: Josefa Sotoes estudiante de Periodismo y escribió este reportaje en el curso Taller de Prensa. El artículo fue editado por Vicente Salas en el Taller de Edición en Prensa.

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