La avalancha de imágenes generadas por la IA que semanas atrás inundó las redes sociales con estética de anime japonés desató un debate sobre regulación, ética, medioambiente y el valor del arte humano. ¿Qué nos dejó esta tendencia? Expertos y creadores opinan.
Por Sofía Martínez
Era marzo de este año cuando, de pronto, las redes sociales en Chile y en el mundo se llenaron de un mismo tipo de imágenes. Eran desde fotografías y pinturas hasta escenas de películas e incluso momentos históricos, todos reinterpretados con la estética asiática más reconocible: el anime.
La apariencia de estas imágenes no era del todo ajena para muchos. Recordaba al estilo que hace décadas impulsa la icónica productora japonesa Studio Ghibli, encabezada por el director japonés Hayao Miyazaki: colores vibrantes y tonos pasteles, exageración en las facciones humanas, minimalismo y precisión en cada detalle. Este sello visual ha quedado plasmado en largometrajes como El viaje de Chihiro (2003) y El niño y la garza (2023), ambos ganadores del Oscar por mejor película animada en sus respectivos años de estreno. La productora, que este año celebra su aniversario número 40, se enfrenta, al igual que muchas entidades del rubro, a los nuevos desafíos que impone el desarrollo de la IA.
La lluvia de imágenes inspiradas en su estética surgió después de que OpenAI introdujera GPT-4o, una nueva actualización de esta herramienta con la capacidad avanzada de generar y transformar imágenes directamente en ChatGPT.
Apenas se lanzó el modelo, miles de usuarios, entre ellos Elon Musk, instituciones como la Casa Blanca e incluso candidatos a la presidencia como Evelyn Matthei, se unieron al fenómeno, compartiendo sus propias versiones “ghiblificadas”. Se estima que entre 500.000 y un millón de usuarios generaron imágenes. Sam Altman, el CEO de OpenAI, destacó en su lcuenta de X que fue tal el furor, que ChatGPT logró sumar “un millón de usuarios en una hora” —incluso, a la fecha, su foto de perfil en X está “ghiblificada”—. Fue tanta la adhesión que el servidor tuvo que limitar las solicitudes debido a su alta demanda indicando, mediante un anuncio dentro de la plataforma, el derretimiento de sus GPUs (unidades de procesamiento gráfico), esenciales para acelerar la creación de imágenes y videos. Esta masificación generó una ola de cuestionamientos. Los usuarios en redes emitieron críticas sobre la autoría y desarrollo de procesos creativos genuinos, y preocupaciones legales, medioambientales y éticas sobre el valor de lo humano en los procesos creativos.
A continuación, tres claves que ayudan a entender lo que este episodio reveló:
1) Visibilizó el consumo energético de la IA
El “episodio Ghibli” intensificó la discusión pública sobre el consumo energético de la IA. En 2023 investigadores de la Universidad de California Riverside y la Universidad de Texas en Arlington descubrieron que cada imagen generada por IA puede consumir entre dos y cinco litros de agua, dependiendo del tamaño del modelo y del centro de datos utilizado. Además, una sesión típica de ChatGPT —de entre 20 y 50 interacciones— puede requerir alrededor de medio litro de agua, solo para la refrigeración de los servidores involucrados. Manuela Garretón, diseñadora, doctora en ciencias de la ingeniería e investigadora del Núcleo Milenio FAIR (Futures of Artificial Intelligence Research), dedicado a estudiar las implicancias culturales, sociales y ambientales de la IA, trabaja con generación de imágenes mediante IA desde 2020, antes de su integración en plataformas como OpenAI. En ese entonces existía poca visibilización e incluso desinformación sobre el impacto ambiental de esta práctica, por lo que valora el debate y evidencia que el episodio provocó.
“La generación de imágenes no es inocua a la tecnología; al contrario, depende de todos los recursos”, afirma Garretón. Actualmente, junto al director de la Escuela de Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Martín Tironi, presenta la instalación Hybrid Ecologies: The Planetary Metabolism of AI en la Bienal de Arquitectura de Venecia. Con ella, busca visibilizar de forma innovadora el tema.
De todas formas, Garretón advierte que no se puede hablar de un consumo hídrico estándar, ya que este varía según múltiples factores. El tamaño de la imagen, tipo de computador, tecnología del data center, fuente energética y la ubicación geográfica influyen.
2) Incentivó la discusión sobre la regulación del entrenamiento y transparencia de datos
“La ilustración que me genera la IA es realmente un producto derivado de múltiples otros productos, o que toma uno de inspiración y, en base a eso, genera una iteración que perfectamente podría ser de otro autor”, dice Francisco Javier Rebolledo, profesor adjunto de la Facultad de Diseño UC. Se especializa en diseño de Información y tecnologías, quien actualmente investiga lo que llama “los sesgos y la lógica utilitarista de la IA”. “Ahí está la gran controversia: cómo se está entrenando la IA generativa, de dónde está sacando esta data”, agrega.
Tras el “episodio Ghibli”, Rebolledo valora los cuestionamientos surgidos en torno al entrenamiento, el acceso y la confianza que se le está otorgando a estas tecnologías. Destaca la importancia de comprender que estas herramientas se entrenan con datos que publicamos y que, al igual que nosotros, están cargados de sesgos y errores. Entender cómo funciona la IA, qué datos utiliza y quién tiene derecho a controlar ese proceso se vuelve, en este contexto, una tarea urgente. “Cuando uno está escribiendo un texto y, de cierta manera, te autocompleta o te sugiere o rellena, eso ya es IA. Hay un software atrás, que también es un discurso que, de cierta manera, tiende a homogeneizar”, dice Rebolledo.
Advierte, además, que la masificación vuelve aún más necesaria establecer marcos legales que regulen su uso y contengan su tendencia a la generalización desmedida. Es la que se ha promovido en Europa, la primera región en impulsar una ley integral para regular la IA: el EU AI Act, aprobado en 2024, que vela por la protección de datos, transparencia sobre el entrenamiento de los sistemas y otras facultades que buscan una gobernabilidad democrática de sus funciones.
“Se dieron cuenta, de cierta manera, que la privacidad, al menos en el contexto de los dispositivos móviles, las aplicaciones y las cookies de los navegadores, está súper en tierra de nadie, y legislaron sobre eso”, señala Rebolledo.
Tanto Garretón como Rebolledo coinciden en que los países europeos están mucho más avanzados que Chile en materia de regulación legal sobre el entrenamiento y la protección de datos. No obstante, ambos advierten que el verdadero control de esta tecnología debe abordarse a escala global. “Hay harta reticencia, no solo en Chile, a nivel global (…) es una tecnología que no depende solo de un país, sino que está en todo el mundo”, dice Manuela Garretón.
3) Puso en valor la narrativa humana en el arte
Con el debate sobre los derechos de autor y la legitimidad estética de las imágenes creadas mediante IA, distintas personalidades del mundo artístico se pronunciaron al respecto. Tal fue el caso de Zelda Williams, actriz y directora de cine, además de hija de Robin Williams, quien a través de una publicación en Instagram expresó su descontento al respecto: “Tú no puedes impedirme hablar sobre lo vacía que se volverá la vida si relegamos la búsqueda del arte o del conocimiento a una máquina, solo porque a algunas personas no les gusta el esfuerzo que implica aprender, ya sea una habilidad artística o hacer tareas escolares”, dijo.
En paralelo, volvió a circular —y se viralizó nuevamente— un video de 2016, extraído del documental Never Ending Man: Hayao Miyazaki de la cadena japonesa NHK, donde califica el uso de la IA como “un insulto a la vida misma”. También recobró fuerza una intervención del director español Guillermo del Toro, en la que aseguraba que “la IA nunca podrá capturar un sentimiento, una expresión, o la suavidad de un rostro humano”.
Desde Chile, artistas como Paloma Amaya, ilustradora y ceramista con más de diez años de trayectoria, valoraron que esta tendencia haya abierto un espacio de debate y reflexión. “A nivel artístico es muy importante cuestionarse este tipo de cosas”, afirma. Sin embargo, no se alarma frente al avance de esta tecnología: “Uno tiene que entender que está en un mundo demasiado visual y que, si antes era suficiente subir una foto a mi Instagram y que alguien dijera, ‘a mí me interesa, te la compro’, ahora eso no es suficiente. Entonces, hay que buscar siempre la forma de hacer que la gente quiera tener eso porque lo hiciste tú”.
El ilustrador chileno Martín Rojas también subraya el valor del trabajo auténtico de los artistas frente a la inmediatez de lo generado por IA. “La IA solo responde a esa necesidad inmediata de búsqueda de algo sin sustancia ni historia detrás”, dice.
Tanto Rojas como Amaya destacan la importancia de la comunidad, la construcción de una narrativa y el esfuerzo personal como elementos fundamentales para sostener el oficio y el valor del arte. “Ese refugio que suele ser el arte, es un espacio que perdura y se sostiene. Y en este caso especial del “episodio Ghibli”, sí tal como llegó, se fue, y no duró más que eso. Con eso quiero respaldar el poder del arte verdadero hecho por humanos”, concluye Rojas.
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Sofía Martínez es estudiante de tercer año de Periodismo en la @fcomuc. Actualmente es editora de la revista @revistakmcero y ayudante del Test de Actualidad IIB. Es su segunda vez publicando es este medio.


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