La brecha más allá de los números

Aunque las revisiones son ciegas, los fondos de investigación científica adjudicados a mujeres en la ciencia son menores que los adjudicados a los hombres. Por cada diez hombres que se han ganado un premio nacional en ciencias, sólo hay una mujer. El crecimiento académico dentro de las universidades y factores como la maternidad influyen en que la brecha siga siendo amplia.

Por Rafaella Bremer

Ilustración: Felipe Muhr

El Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt) es un fondo público administrado por la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt). Con 35 años de existencia se ha convertido en una de las principales fuentes de financiamiento para la investigación científica y académica en Chile. Sus tres concursos: regular, inicio de investigación y post doctorado; a la fecha han entregado recursos a más de 16 mil proyectos. Sin embargo, sus números esconden un enorme déficit de participación femenina en investigación.

Fondecyt informa los nombres de los responsables de investigaciones aprobadas para el concurso regular desde 1981 a 2012. De 7.097 personas, sólo 1.605 son mujeres. El 77,4% de los proyectos fueron elaborados por hombres.

Entre 2010 y 2015, el 77,2% del total de proyectos financiados por CONICYT, fueron propuestos por hombres.

La realidad no es muy distinta si se analizan los tres concursos en conjunto. En los últimos 15 años, 26.806 proyectos fueron catalogados como “admisibles”, es decir, cumplen con los requisitos para postular. De ellos, por cada 2,4 hombres que presentaron proyectos sólo había una mujer, reduciendo de esta manera la participación de las mujeres a un 29,2%. Si bien la aprobación femenina en fondos ha aumentado, esto no ha sido significativo ya que de 2005 a 2015 el aumento fue de un 7%.

Para Amara Mauro, directora del Centro de Estudios de la Mujer, no hay segregación de género por parte de Fondecyt en el proceso de selección de los proyectos. “Cuando la evaluación es ciega, es decir, que no se sabe el sexo del autor, no puede existir discriminación pues no se sabe quién lo presenta”, señala. Esta selección de proyectos y asignación de recursos está a cargo del Consejo Superior de Ciencia de Conicyt, conformado por cinco hombres y una mujer. La evaluación considera tres elementos: en primer lugar la calidad de la propuesta, luego la vialidad de la misma y finalmente la productividad del investigador, basado en su currículo. Cuando la investigación aprueba esos filtros se considera admisible y pasa a competir con los demás para recibir los beneficios.

“Si miras quiénes son directores de laboratorio y quiénes dirigen centros, son casi en su totalidad hombres”, asegura Valeria González.

Entre 2010 y 2015, el 77,2% del total de proyectos financiados por Conicyt fueron propuestos por hombres. “La brecha de género no se produce en la adjudicación, ya que ésta es proporcional a la cantidad de postulaciones, independiente del sexo del participante”, asegura María Elena Bosier, exdirectora de Fondecyt y actual directora del Departamento de Investigación de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

¿Qué pasa en las universidades?

Según los informes del concurso regular de este año, de las 25 divisiones por disciplina de investigación, sólo en educación hay más mujeres, mientras que el área de economía y administración es la menos explorada. Incluso en áreas del conocimiento con alta participación femenina, como las ciencias sociales y el humanismo, los proyectos presentados por mujeres representan un 35% del total. La Universidad Católica y la Universidad de Chile lideran el ranking de postulación.

Para César Méndez, director de investigación de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, el resultado no se relaciona con la cantidad de investigadoras de su departamento. “Las mujeres son un fuerte motor de la investigación en nuestra facultad, líderes de varios grupos y de investigaciones individuales. Incluso muchos departamentos tienen más mujeres que hombres, por ejemplo Psicología”, dice Méndez.

Cuando el jefe del laboratorio de Psicología inicia una discusión en la Universidad de Chile, cada miembro debe dar ideas para una nueva postulación a Fondecyt. Valeria González (26) levanta la mano, pero debe esperar. Los hombres siempre opinan primero. Ella era una de las diez mejores alumnas de Psicología en la Universidad de Chile. Estudió gratis y sus logros la llevaron a adjudicarse una beca para realizar su doctorado en Portugal.

González comparte que el número de investigadores por género está equilibrado entre hombres y mujeres. Sin embargo, para ella existen notorias diferencias en los roles que desempeña cada uno. “Si miras quiénes son directores de laboratorio y quiénes dirigen centros, son casi en su totalidad hombres”, asegura.

“Cuando un equipo genera un proyecto, lo postula el que tiene el mejor currículo y, muchas veces, estos son hombres, porque han podido seguir mientras que las mujeres entre medio tuvieron hijos y se quedaron un poco más atrás”, recalca María Elena Bosier.

Cristina Dorador (33) es licenciada en Ciencias de la Universidad de Chile y PhD en Ciencias Naturales. Pese a que en los últimos 14 años ha realizado 16 investigaciones propias y ha ganado dos Fondecyt, denuncia la falta de oportunidades y la dificultad para acceder a mejores puestos. “En las universidades chilenas la mayoría de las mujeres académicas no acceden a jerarquías mayores a las de profesor asistente, teniendo a su vez diferencias salariales con sus pares masculinos a pesar de contar con la misma formación”, argumenta Dorador.

Para María Elena Bosier, esto tiene que ver más con las competencias de los investigadores. “Cuando un equipo genera un proyecto, lo postula el que tiene el mejor currículo y, muchas veces, son hombres porque han podido seguir mientras que las mujeres entre medio tuvieron hijos y se quedaron un poco más atrás”, recalca Bosier.

Conscientes del problema, durante 2006 Fondecyt inició medidas para facilitar la investigación femenina extendiendo el financiamiento durante el pre y post natal. “Hay que entender que el problema se relaciona directamente con las pocas facilidades que tienen durante la planificación familiar. Las mujeres siempre van a estar en desmedro si es que no se regula para equiparar la cancha”, señala Claudio Pérez, presidente de la Asociación de Investigadores de Postgrado de Chile. Jorge Babul, presidente del Consejo de Sociedades Científicas en Chile, comparte el diagnóstico. “Yo creo que las posibilidades de la mujer de hacer investigación son muy bajas. Todavía existe un rol de crianza asociado a ellas, entonces les es muy difícil”, declara.

Para las investigadoras, en ese rol se reflejan las desigualdades de género en la ciencia y la investigación académica. “En mis distintos cargos he sentido que la voz de los hombres se valida más que la de las mujeres. Tú puedes decir lo mismo primero, pero a él lo escuchan y a ti no. A veces me tengo que transformar en peleadora, porque es la única forma en que me escuchan”, dice María Elena Bosier. Valeria González coincide con esa experiencia: “Es desgastante tener que discutir, reclamar y demostrar todo el tiempo por qué estás ahí. Demostrar que podemos tener ideas tan buenas como ellos”.

Cristina Dorador cree que el temprano fomento a las mujeres en la ciencia revisando los contenidos en colegios y escuelas, además de evitar los estereotipos, es el primer paso para que la investigación sea más transversal e igualitaria. Además de la visibilización de las actividades y logros científicos de las mujeres.

Bosier comparte que la visibilidad y el reconocimiento entre pares son fundamentales para motivar la investigación femenina. “Si una académica con trayectoria apadrina a otra con menos recorrido y comparten sus experiencias pueden motivarse mutuamente y colaborar en función de un objetivo común”, dice ella. Junto a esto, recalca la importancia de crear políticas de género conscientes con la realidad actual para reducir la brecha.

Sobre la autora: Rafaella Bremer es estudiante de Periodismo y escribió este reportaje en el curso Taller de Prensa.