Hans Pozo, gracias por favor concedido

Fotos por Elisa Reyes

A diez años de su muerte, el joven de 20 años que fue asesinado y luego mutilado en Puente Alto, es hoy imagen de culto en su barrio. Existen cinco animitas en su honor dispersas en el sector donde murió. Entre creyentes y escépticos, en el paso bajo nivel de la calle Quitalmahue, se encuentra la principal de sus ermitas.

Por Elisa Reyes

“Es el crimen más horrendo que he escuchado en mi vida”, comenta la señora que va en la micro 207 E por la calle Santa Rosa en dirección a la población Marta Brunet. En el recorrido, a los costados de la calle se ven terrenos vacíos donde perros callejeros trajinan la basura. Esa misma escena dio inicio a una de las historias criminales más impresionantes de la última década. El 27 de marzo de 2006, los vecinos de la Marta Brunet dieron aviso a carabineros, porque un perro jugaba con una pierna humana en su hocico. La extremidad pertenecía a Hans Pozo, el protagonista de la ermita instalada en el paso bajo nivel de la calle Quitalmahue, que hoy cuenta con un grupo de seguidores que le prenden velas, le rezan y hasta le atribuyen milagros.

— ¿Por qué a él?

— Porque si se muere de esa manera, se tiene que ser santo- dice María Lincopam, de 56 años, quién va una vez a la semana a rezar a la animita de Hans Pozo.

Hay velas encendidas. También peluches, botellas de agua con flores plásticas y naturales, acompañadas por placas que agradecen favores concedidos. En el muro, pedazos de vidrio y cerámica decoran la animita. Un señor de bigote canoso y chaleco de lana camina por la vereda donde está la casita de aproximadamente un metro de altura, que contiene en el centro la fotografía del adolescente desteñida por el sol.

“Yo siempre le rezo al Hampi”, dice María Lincopan, vecina de la animita.

Al pasar por enfrente, en un gesto de respeto, se detiene y agacha la cabeza. Este hombre, al igual que otros habitantes de la zona, tiene una relación con la animita instalada hace nueve años en la esquina de la calle Quitalmahue con la caletera acceso sur de la ruta del Maipo, en Puente Alto.

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La animita ubicada en el paso bajo nivel de la calle Quitalmahue es la más visitada por los seguidores de Hans Pozo.

Es allí donde María Lincopan va una vez a la semana a rezar. Lleva consigo una vela y le pide por las notas de sus nietos o la salud de sus familiares. “Yo siempre le rezo al Hampi”, dice ella. Vive hace ocho años en el barrio y hace tres que su hermano menor, Fernando, le pide que se encomiende a la memoria de Pozo. “Todas las noches venía a dejar su taxi al paradero de los colectivos en la Marta Brunet y se devolvía caminando a su casa”; y continúa: “El camino es súper peligroso, se escuchan balaceras casi todas las noches por acá. Entonces él le pedía al Hampi que lo protegiera y en tres años nunca le pasó nada”. María cree en los poderes del ánima de Pozo. Cuenta cómo una amiga también fue bendecida por Pozo, cuando después de un año de oraciones, su marido encontró trabajo.

“El muerto es muerto no más. Es la fe de las personas la que hace milagros”, argumenta Rut Villegas, escéptica de la fe que sus vecinos le tienen al fallecido Pozo.

Hans Hernán Pozo Vergara de 20 años, fue asesinado y luego mutilado en marzo de 2006 por su ex amante, Jorge Martínez Arévalo. Pozo era drogadicto y Martínez el dueño de una heladería en el paradero 30 de la avenida Santa Rosa. Su relación se basaba en los favores sexuales, pero se volvió insostenible para el heladero cuando Pozo comenzó a exigirle más dinero, amenazándolo con revelar la relación que mantenían. “Lo mató y vino a botarlo por acá. Lo encontraron destrozado. Todos quedamos mudos cuando supimos que se lo estaban comiendo los perros”, recuerda Boris Figueroa, habitante del lugar.

El cuerpo desfigurado fue identificado gracias al tatuaje de un cupido sin alas, dibujado artesanalmente. El siguiente paso fue investigar a Jorge Martínez, pero cuando los carabineros llegaron a su casa, el comerciante se suicidó. En 2013 la Fiscalía cerró el caso judicial. Con el único sospechoso muerto, nunca lograron llegar al origen del crimen.

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Los vecinos discrepan en sus versiones acerca de si la animita ubicada en el pasaje rural al final de la calle Quitalmahue, está donde se encontraron sus manos o su cabeza.

Han pasado tres años y cada una de las animitas que recuerdan a Pozo se ubica en el lugar donde apareció una parte de su cuerpo diseccionado, aunque los vecinos discrepan respecto a qué extremidad apareció en qué lugar, hay animitas donde habrían encontrado los brazos, las piernas, el torso, la cabeza y las manos. Pero, la más popular y visitada es la que pertenece al sector donde encontraron sus piernas, en la esquina del paso nivel de la calle Quitalmahue, donde en las horas de mayor afluencia algunos autos se detienen en el lugar.

Por las tardes y noches cuando el memorial atrae más visitantes, incluso hay autos que se paran unos minutos en el lugar.

Viviana Bustamante (54) es la dueña de la carnicería VR, ubicada a dos cuadras de la animita y dice que una vecina pasa todas las tardes frente a su negocio. “Es una señora de 50 años que va a rezarle por el hijo que tiene enfermo y me dice que es milagroso”, comenta Viviana.

Guillermo Adriazola (33) tiene una peluquería en la calle Reloj de Sol y cuenta que hay un matrimonio, ambos de más de 60 años de edad, que todas las noches acude a la esquina con la animita de Hans Pozo para rezar.

También hay escépticos en el barrio. Raúl Flores, habitante de la zona, asegura que esa esquina está maldita. Dice que desde que se instaló han aumentado los accidentes automovilísticos en ese punto. A dos pasajes del lugar vive Boris Figueroa, que concuerda con Flores: “Ahí hay cualquier cantidad de choques de autos. Entre cuatro o dos por mes”.

El suboficial mayor Sergio Jerez de la 62° Comisaría de Carabineros, confirma que esa esquina es foco importante de accidentes, pero atribuye las causas a la falta de semáforos y señaléticas en el lugar. En enero hubo un choque que destruyó parte de la animita, pero familiares, fieles y amigos no tardaron en reconstruirla.

“Ellos piensan que hace milagros, pero no creo yo mucho en eso, porque desde que llegó la animita los choques y las muertes son pan de cada día”, dice Guillermo Adriazola.

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En la población Marta Brunet, en Puente Alto, prenden velas y agradecen los favores concedidos por Hans Pozo.

María Jorquera, dueña del almacén Los Nietos, ubicado a una cuadra de la ermita, es testigo del movimiento en la esquina. “Siempre viene gente a comprarme velas para llevarle al muerto, y hasta me piden fósforos”, cuenta la propietaria del local. “Dicen que es cobrador de mandas. Pero aquí la gente cree en todo. Yo no, yo solo creo en Dios”, recalca. Otra pobladora de la zona, Rut Villegas, comenta que su barrio es malo y supone que por necesidad los seguidores de Pozo se aferran a la fe. “Aquí hay mucha droga, maldad, niñas jóvenes embarazadas, personas afligidas y desconsoladas. La gente necesita creer en algo. El muerto es muerto no más. Es la fe de las personas la que hace milagros”, dice Villegas.

Muchos de los pobladores de las calles más cercanas a la animita de Quitalmahue llegaron al barrio después de que fue construida y solo conocieron la historia de Hans Pozo a través de las pantallas de televisión. “Yo creo que viene más gente que es de afuera”, dice Jorquera. Entre los vecinos no concuerdan en una explicación respecto a la adhesión al joven difunto, pero igualmente las velas siguen encendidas.

Sobre la autora: Elisa Reyes es estudiante de Periodismo y escribió este artículo en el curso Taller de Prensa impartido por el profesor Eduardo Miranda. El reportaje fue pauteado y editado por José Tomás González como parte de su trabajo en el curso Taller de Edición en Prensa impartido por el profesor Enrique Núñez Mussa.

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