Ficción cotidiana: Supermercado

Mar 29, 2018

Ficción cotidiana: Supermercado

Exploramos un lugar que la mayoría hemos visitado con frecuencia, con el desafío de encontrar una perspectiva fresca. En estos tres relatos y colección de imágenes, nos internamos en los luminosos pasillos de un supermercado, para ver más allá de las repisas.

Texto y fotos por Sofía Maluenda

Combustible alienígena

Que para qué quieres saber eso, que qué importa, que son solo cosas. Desde chica mi tía me enseñó que hacer las compras es una rutina. Se va una, dos o tres veces a la semana para comprar lo que falta en la casa. Si uno ese día está contento, tiene que sacudirse la felicidad y entrar con cara de estrés. Cuando toma el carro tiene que hacer como que está muy apurado y no puede perder tiempo esperando que avancen los demás. A veces, incluso algunos se lo toman más en serio y se saltan el saludo cuando van a pagar a la caja. Uno ya se sabe las marcas, entonces no puede verse perdido vitrineando. El que gana en la fila del pan ganó la vida. Pero creo que al final gané yo, porque donde mi tía veía paquetes de carne roja yo veía pintura abstracta y donde los demás veían detergente, yo veía paquetes de combustible alienígena.

Los olvidados

Llevo semanas en la oscuridad. Los días pasan y lo único que observo es el frío suelo de plástico , que adquiere un tono grisáceo por la poca luz que se filtra. Algunos ya comienzan a perder la esperanza. Yo trato de mantenerme optimista para no perder la cordura, pero está difícil. La luz artificial me impide saber la hora del día y todo avanza más lento. La espera es interminable. Algunos se echan a perder de la ansiedad cuando quedan en segunda fila y el olor afecta la moral. Pero yo veo esa luz que se filtra por mi derecha y mantengo la vista hacia al frente. A la espera de la mano. Blanca, morena, arrugada o sucia. Ya ni importa.

Turismo espacial

Todos los lunes a las cuatro de la tarde mi mamá me lleva a andar en nave espacial. Yo había leído que vuelan con fuego, pero ella dice que acá tienen cuatro ruedas. El olor a metal me dice que puede ser cierto. A través de la reja apunto a mis enemigos mientras mi mamá conduce por atrás. Ella está a cargo porque es más grande y tiene permiso para manejar. A veces me llena mucho la nave y ahí me enojo, porque solamente tengo una hora. Cuando ya se acaba el tiempo mi mamá me da un dulce por ser tan paciente. No voy a decir que no, pero ni idea a qué se refiere.

Sobre la autora: Sofía Maluenda es estudiante de Periodismo, sacó estas fotos en el Taller de Fotografía Periodística, a partir de las imágenes creó los cuentos.

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