Encerrarse por gusto: 10 días en un retiro de silencio

Oct 25, 2026

No se puede hablar ni acceder al celular y, para algunos, tampoco comer desde las 11 de la mañana. Así se viven 10 días en una casona de San Felipe donde se realiza, una vez al año, el retiro de Vipassana. Una instancia gratuita que funciona en base a donaciones, donde la pelea por conseguir un cupo puede ser eterna. 

Por: Isidora Villegas

Edición: Fernanda Álvarez

Paula Vásquez despierta a las cuatro de la mañana con el sonido de un gong. No está en su casa, no tiene su celular y tampoco puede hablar en voz alta. No podrá hacerlo por los próximos diez días, pues se encuentra totalmente aislada del mundo exterior. 

Así comienza el primero de sus diez días de meditación Vipassana en un centro ubicado en Putaendo, San Felipe. Durante su retiro deberá convivir con otros 60 participantes en una casona llamada PuntoZero. No podrá leer, escribir, ni escuchar música. Menos dirigir la palabra, mirar o interactuar con sus compañeros, una norma conocida como “el noble silencio”.

El Vipassana es conocido como una antigua técnica de meditación de la India. El centro de meditación Dhamma Passana en Chile realiza retiros espirituales que consisten en aprender este estilo, basado en la auto-observación. El alumno pasa diez días en el recinto, en completo silencio, con un régimen alimentario y con extensas jornadas de meditación, todo con el fin de purificar la mente, erradicar el dolor y disfrutar el arte de vivir.

Vásquez, quien actualmente es psicóloga especializada en el psicoanálisis, cuenta que ingresar no es cosa sencilla. Conoció el método a través de Google, y su primer retiro fue en 2018, cuando tenía 26 años. Ya había participado en otros cursos de meditación en ocasiones anteriores, pero no había conseguido los resultados esperados. Un sitio web en particular llamó su atención: Dhamma Pasanna, una organización sin fines de lucro, que funcionaba como un centro de meditación en Chile. Fue ahí donde descubrió los retiros de silencio de Vipassana, los cuales son gratuitos. 

Los cupos se acaban rápidamente, especialmente los de mujeres. Según Vásquez, esto se debe a que las mujeres son mucho más creyentes en la espiritualidad y el poder de la meditación. En su primer intento no fue aceptada por no conocer el horario exacto de postulación. Por lo general, al abrir el formulario para optar a un cupo, las personas interesadas ingresan a las 7 am para asegurar su lugar o quedar en lista de espera. Vásquez ingresó a las 9 am, pero los cupos ya se habían acabado a eso de las 8 am. 

El origen histórico 

El Vipassana no es una técnica reciente. Se estima que comenzó hace más de 2500 años, pero la historia de los retiros se remonta a 1950, aproximadamente. Según se relata en la página web de Dhamma Passana, un exitoso empresario textil llamado S.N. Goenka, se encontraba buscando soluciones a sus intensas migrañas, que ya estaban siendo tratadas con morfina a causa del dolor. Fue así como llegó hasta donde U Ba Khin, un maestro de meditación que, en primera instancia, se negó a recibirlo. Su argumento era que la meditación no era para curar dolores de cabeza, sino para entender las profundidades del sufrimiento humano. 

Luego de ser aceptado, Goenka superó sus migrañas y se quedó practicando esta disciplina durante casi dos décadas. En 1969 comenzó a difundir la técnica en India, transformándola en un formato laico y despojado de rituales religiosos.

Humberto Barahona, especialista del Instituto de Difusión Budista, contextualiza que la técnica proviene de las enseñanzas del Buda histórico, específicamente de los «cuatro fundamentos de la atención». Sin embargo, la metodología de los diez días de aislamiento fue una variación implementada por el maestro Goenka. El instituto de Barahona, por ejemplo, enseña la misma técnica mediante cursos online de cuatro sesiones semanales y la complementa con Metta (amor incondicional). 

“Vipassana significa ver las cosas tal como son y eso tiene que ver con conocer nuestros contenidos internos, nuestras emociones, observar los pensamientos. Es una técnica de observación de la mente, en pocas palabras” señala Barahona. Agrega además que no es indispensable asistir a un retiro inmersivo para cultivar el hábito de la meditación como tal. 

El Vipassana llegó a Chile en 1995. En ese año se realizó el primer encuentro, impulsado por practicantes que aprendieron la técnica en el extranjero, según la web de Dhamma Passana. Los primeros retiros se organizaron en recintos de localidades cercanas a Santiago, como Puangue y Putaendo. Hoy, el método opera a través de 270 centros de meditación permanentes y 132 ubicaciones transitorias en todo el mundo.

(Los marcadores verdes son lugares transitorios y los morados son centros permanentes)

El día Cero

Una vez que Vásquez quedó seleccionada, desde la organización de Dhamma Passana le enviaron el Código de Disciplina al menos dos veces, el cual debió leer y aceptar para confirmar su asistencia. Dentro de este código se expresan distintos preceptos éticos (abstenerse de matar, robar, mentir, etc.) y reglas estrictas, como el noble silencio, la prohibición del contacto físico, la anulación de todo contacto con el exterior y la restricción de cámaras, entre otras disposiciones. 

Durante el retiro la alimentación es estrictamente vegetariana y no se pueden comer huevos. Esto con el objetivo de dejar el cuerpo con liviandad para las actividades y prácticas de la meditación. Paredes señala que desde la alimentación hasta los horarios están pensados para aprovechar al máximo los beneficios del Vipassana. 

Cuando llegó el día de ingresar al retiro, Vásquez se puso de acuerdo con otros participantes para llegar hasta San Felipe en auto. El noble silencio no se aplicaba de inmediato. “Podías llegar entre las dos y las seis de la tarde. Nos recibieron voluntarios y profesores, nos separaron por género y nos indicaron que dejáramos nuestras pertenencias en las habitaciones. Ahí todavía se podía hablar”, cuenta. Vásquez debió dejar su celular y su billetera en la recepción. 

Luego de distribuir las piezas, Vásquez relata que les hicieron una charla sobre el método de la meditación. A las seis de la tarde le sirvieron, a modo de cena, una sopa de zapallo. Fue su última comida del día. A las ocho sonó el gong para realizar una breve sesión de meditación, y luego todos fueron despachados a sus habitaciones. A las nueve, todas las luces se apagaron. El noble silencio había comenzado. 

(“Pentaflor punto energético”, sala de meditación, lugar de descanso. PuntoZero)

4:00 am

Lo que más le complicó a Vásquez al inicio del retiro no fue despertarse a las cuatro de la mañana con el sonido de un gong, sino aprender a estar consigo misma en su interior. “Por más que uno esté en silencio por fuera, la mente nunca está callada por dentro, y tuve que lidiar con frustración y niveles de violencia interna de los que ni yo estaba enterada que tenía”, cuenta. 

Sostener una logística que aísla por completo a 60 personas exige una maquinaria administrativa inusual: opera totalmente al margen del mercado. Los retiros no tienen costo y se sostienen exclusivamente mediante donaciones de alumnos antiguos. Un estudiante antiguo es la persona que ha completado esta instancia de diez días. 

Sebastián de Toro, presidente de la asociación Vipassana en Chile, señala que la administración recae en una corporación manejada por servidores voluntarios sin remuneración. “En un inicio se cobraba por el alojamiento y por la comida, pero no por la técnica. Después se dieron cuenta que realmente era mucho más puro si eran gratuitos”, dice de Toro. 

6:30 am

Luego de que suena el primer gong del día, Vásquez y los participantes se dirigen al hall central de meditación, realizando prácticas hasta las seis y media de la mañana, en completo silencio. No hay instrucciones verbales, solo las que se indicaron el día anterior. Se sirve el desayuno, que consiste en cereales, fruta y un vaso de té. El descanso es hasta las ocho de la mañana. Siguen por delante tres horas de meditación hasta el almuerzo. 

Durante los primeros cuatro días se practica la meditación Anapana. Esta técnica consiste en focalizar la atención exclusivamente en la respiración. Gabriella García, psicóloga que realizó el retiro en 2023, detalla que la instrucción exige concentrarse en las fosas nasales, percibiendo sensaciones sutiles, como picazón o ardor, para afilar la agudeza mental. 

La primera vez que García realizó el retiro no logró completarlo: se fue al octavo día. Dos años después, en 2025, volvió a Dhamma Passana y finalizó la experiencia. “A medida que vas profundizando en la práctica vas accediendo a zonas de tu inconsciente que tienen una carga energética más difícil de mantener. La primera vez que lo hice, el día siete llegué a una zona de mucha angustia donde me sentía muy encerrada en mí misma”, cuenta García. 

El Vipassana comienza a implementarse recién en el cuarto día. Uno de los principios que se enseña en este punto es el de ecuanimidad, que significa observar las sensaciones corporales sin reaccionar ante ellas con deseo o rechazo. 

11:00 am

Se sirve el almuerzo. Para los estudiantes antiguos, es decir, quienes ya han realizado algún retiro antes, esta es su última comida sólida del día, ya que por la tarde solo reciben una infusión de jengibre con limón. Este descanso se prolonga hasta la una de la tarde. En este horario también hay entrevistas privadas con los profesores. Por esta vez, el noble silencio puede romperse únicamente para hacer consultas sobre la técnica de meditación. 

Vásquez cuenta que las únicas actividades que se podían realizar aparte de la meditación era lavar ropa a mano o caminar por el patio del recinto. “No puedes hacer deporte ni yoga, ni ninguna actividad que saque esa tensión que uno tiene sobre sí mismo”, relata.

Dentro de la organización, la directiva funciona en general como una democracia que toma decisiones en conjunto, sin embargo, hay una jerarquización marcada en sus cargos. Según de Toro, la directiva se elige mediante la observación de la profesora encargada y el interés de los participantes: “Cuando uno medita regularmente, también te surge espontáneamente el deseo de compartir eso tan bueno que tienes tú. Te vas acercando al servicio, vas preguntando en qué necesitan ayuda y ahí ya entras en el radar”. 

Dentro del encierro, en cambio, la labor se separa rigurosamente entre los profesores, encargados de resolver las dudas técnicas de la propia meditación, y los mánagers o gerentes, dedicados a suplir las necesidades logísticas de los participantes.

17:00 pm 

Ya van cuatro horas de meditación, con pequeños descansos de cinco minutos entre sesiones. La última comida de Vásquez es una fruta y media. Además del principio de ecuanimidad, se buscaba desarrollar y practicar la impermanencia. “Es entender que todo lo que surge en los pensamientos, emociones y sensaciones está todo el tiempo cambiando. No hay nada que que permanece”, señala.  

En la sala de meditación no hay gurús presenciales, la técnica es guiada mediante audios pregrabados del maestro Goenka. Según explica de Toro, el propósito es que la instrucción se mantenga lo más pura y objetiva posible. Recién a las siete de la tarde, un discurso grabado explica la base teórica de lo que los alumnos practicaron durante la jornada. 

Dhamma Passana recibe entre 300 y 400 meditadores anuales en el país, contemplando únicamente sus retiros de diez días. Sin embargo, además de los retiros extensos, existen formatos de cuatro días, cursos de un día, meditaciones grupales, meditaciones para niños, etc. Considerando esto, Sebastián explica que hoy en día podrían haber aproximadamente unos 4.000 participantes en total al año de todas las actividades.  

20:15 pm

Es la última jornada de meditación. Ya en el día nueve, el retiro está prácticamente finalizado, las posturas y las respiraciones se realizan en calma. García señala que cercano a finalizar la instancia “hay una sensación de totalidad muy grande. La vida en el fondo te devuelve a qué es lo importante y que todo lo demás pasa”. A las nueve de la noche las luces se apagan. Al día siguiente el noble silencio se romperá. 

(Horario del curso según la web oficial)

El ruidoso regreso 

De vuelta a la rutina, Vásquez explica que la técnica obliga a confrontar la propia naturaleza contradictoria de la mente a través de la inmovilidad física: «Uno se da cuenta de que, en realidad, está lleno de contradicciones, lleno de ambivalencias. Puede aparecer el conflicto interno, pero hay que sostener la postura».

Al regresar a su casa, experimentó por primera vez una sensación consciente de calma y ausencia total de ansiedad. El impacto de esa quietud fue tan profundo que posteriormente viajó a Australia, vivió en un centro Vipassana y mantuvo la estricta disciplina de meditar durante tres años.

Por su parte, García relata que si bien atravesó la dificultad de no terminar el retiro la primera vez que lo intentó, conserva hasta el día de hoy las enseñanzas aprendidas en dicha experiencia: “la meditación te vuelve mucho más libre, de los enojos, de las ansiedades, de los apegos, de todo lo que vivimos en este cuerpo. Cambia mucho tu percepción de la vida” cuenta.  

Sebastián de Toro explica que el choque con la rutina suele amenazar toda la experiencia aprendida: «En el último día, el profesor te dice que logramos tener una plantita muy chiquitita, muy vulnerable, y que si la cuidamos, algún día va a ser un árbol que dará montones de frutos. Una de las principales formas de cuidarla es meditar una hora en la mañana y una hora en la tarde».  

En la actualidad, Dhamma Passana arrienda el recinto PuntoZero para realizar sus cursos regulares. El objetivo a largo plazo es construir un centro permanente en un terreno de 94 hectáreas ubicado en Melipilla, el cual pertenece a la organización desde 2008. Aunque la compra fue posible gracias a la donación de un participante de los retiros, el proyecto aún no se ha concretado y la organización sigue a la espera de que existan las condiciones necesarias para iniciar la construcción, según informó El Mostrador. 

El retiro busca enseñar “un arte de vivir”. Quienes logran sostener la práctica apuntan a aplicar en la cotidianidad lo aprendido sobre el cojín: comprender, de manera experiencial, que todas las sensaciones y emociones son transitorias.

Cuando los diez días terminan, el aislamiento se rompe y los teléfonos vuelven a encenderse. Y aunque a las cuatro de la mañana ya no haya un gong que los obligue a levantarse, el verdadero desafío recién comienza: lograr que el silencio aprendido en San Felipe sobreviva al ensordecedor ruido de la rutina.

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