“El triángulo de los olvidados”: la asistencia de salud mental que necesitan en la zona cero

Oct 26, 2022

“El triángulo de los olvidados”: la asistencia de salud mental que necesitan en la zona cero

Desde el estallido social, los residentes de la zona cero no han podido vivir tranquilos. A pesar de que el municipio ha brindado apoyo, este ha priorizado el orden, la limpieza y la seguridad. ¿Pero quién se hace cargo de la salud mental?

Por Alejandra Rojas A. @la.ale.po

⏰ 6 minutos de lectura

Elsa Pizarro tiene 96 años y vive hace más de 40 años en la calle Merced, en el barrio Lastarria, en el último piso de un edificio antiguo de siete niveles y pocos residentes, a una cuadra de la Plaza Baquedano.

Recuerda las primeras semanas tras el 18O como una pesadilla: “Tuve que cerrar toda mi casa porque en esa época, al principio, se llenaba de humo por las cosas que tiraban los Carabineros y la gente. Las piedras llegaban hasta acá arriba”.

Con todas las dificultades de la calle, la familia de Elsa ya no podía visitarla diariamente. El miedo, la impotencia y la gran soledad que sentía, le dejaron secuelas importantes.

“Quedé sola, muy abandonada y perdí el habla porque no podía hablar con nadie. No hace mucho la recuperé”, confiesa.

Elsa no es la única. El miedo es el sentimiento que envuelve a los vecinos y locatarios de la zona de Baquedano desde que las calles se volvieron el escenario frecuente de manifestaciones. Entre las protestas, la presencia policial y la violencia de cada fin de semana, los vecinos de la zona cero han sufrido consecuencias que han perjudicado su salud, tanto física como psicológica.

El presidente de la Junta de Vecinos de Parque Forestal, Héctor Vergara, agrega que en todas las reuniones vecinales se repite una y otra vez el tema de la salud mental: “(Los vecinos) no saber qué va a pasar, están intranquilos (…) Que empiecen a circular los llamados a distintas manifestaciones, intranquiliza y los pone tensos”, dice.

En 2020, “El barrio que queremos”, agrupación que abarca a vecinos de los barrios Bellas Artes, Lastarria y Parque Forestal, realizó una encuesta que midió el daño en la salud mental de la población. Sus resultados fueron abrumadores: solo el 1% de los encuestados dijo que no había empeorado su salud mental desde el estallido.

Un 73,3% experimentaba estados de angustia y de ansiedad. Un 70,5% presentaba sentimientos de tristeza o desánimo. Un 26,7% sufría de ataques de pánico. Estos datos fueron presentados por la organización a las autoridades correspondientes, pero la respuesta fue nula. “No volvimos a hacer otra encuesta porque no logramos que las autoridades nos hicieran caso con eso”, dice Elena Stephens, la presidenta de la agrupación.

Stephens dice que desde el municipio priorizaron otras cosas, como pintar fachadas para los vecinos que sentían que el desorden y la limpieza eran más importante. O dotar de más presencia policial para quienes lo solicitaron. Pero desde la agrupación ven que estas alternativas no solucionan el problema de raíz, que es otro.

“(Hemos sido) el triángulo de los olvidados”, dice Marjorie Tapia, una de las integrantes de la Junta de Vecinos, refiriéndose a las zonas de Parque Forestal, Bellas Artes y Lastarria.

Por lo mismo, la llegada de un grupo de profesionales jóvenes a la comuna hoy tiene a los vecinos muy esperanzados.

A comienzos de octubre, estudiantes de cuarto año de medicina de la Universidad de Chile, tomaron contacto con la Junta de Vecinos de Parque Forestal encabezada por Héctor Vergara. Cursaban el ramo de medicina familiar y como parte de su cátedra, buscaban realizar un trabajo de acción participativa en la comunidad. Su objetivo: facilitar el empoderamiento de la comunidad en su salud.

Cuando a Vergara lo contactaron para saber si era posible la ejecución de un plan de acompañamiento para los vecinos, ni él ni los demás lo dudaron.

Carolina Araya, residente de la zona cero, dice:

“Ningún organismo gubernamental ha hecho nada por nuestra salud mental. Nunca había venido nadie a preguntarnos cómo nos hemos sentido con la situación del estallido y todo lo que conlleva, que no solo es el día viernes. Son los días previos y los días después”.

Daniel Echeverría, uno de los estudiantes de medicina que llegó a la comunidad, dice que entre sus compañeros hubo inmediatamente un diagnóstico compartido:

“La salud mental es lo que siempre está en el centro y el problema que siempre nace cuando levantamos las necesidades de la población”, asegura.

“Es necesario conversar, hablar y desahogarse”

¿Pero quién debería hacerse cargo de la salud mental de sus residentes?

Diana del Salto, Subdirectora de Modelo de Atención de Salud (s) de la Dirección de Salud de Santiago, dice que han debido anteponer ciertas situaciones por sobre otras.

“Tuvimos que priorizar intervenciones para casos agudos, por ejemplo, intento e ideación suicida, que como es de conocimiento público. (Es lo que) ha aumentado en nuestro país y también en nuestra comuna”.

Al intentar generar instancias de conversación como Junta de Vecinos del Parque Forestal, Héctor Vergara se ha dado cuenta de lo complejo que es darle solución a un problema que no depende de ellos.

“Los vecinos llegan a nuestras juntas a preguntar qué se puede hacer, pero la verdad es que uno no tiene contacto con los manifestantes, así que es realmente imposible y a juzgar por su (actuar), la situación no va a parar”, dice.

Marjorie Tapia, residente en el Parque Forestal, es muy crítica de la ausencia de los organismos gubernamentales que se hagan cargo en el tema de la salud mental en la zona. “La autoridad no ha tomado conciencia de las problemáticas. Es muy importante que esto llegue más arriba, que se haga una instancia y se llegue a alguna solución (definitiva)”, destaca.

Es importante porque, de acuerdo a la psicóloga y docente de la Universidad Alberto Hurtado, Genevy Moreno, cuando el miedo es tan constante -como lo ha sido para esta comunidad- en quienes lo padecen se termina sembrando la semilla de futuros trastornos de ansiedad, ataques de pánico, depresión y, también, estrés postraumático.

“Aquí hay causas muy evidentes que van haciendo que este trastorno (dice del estrés postraumático) aparezca debido a la exposición permanente a un entorno violento y amenazante”, destaca.

Daniel Echeverría, uno de los estudiantes de medicina de la Universidad de Chile, dice que al empezar a trabajar con los vecinos, las historias se repetían: Bruxismo, taquicardia y tensión muscular eran los principales problemas presentados por ellos. Aunque también había casos frecuentes de crisis de pánico y ansiedad.

Marjorie Tapia considera que el apoyo universitario que hoy están recibiendo es de suma relevancia y fundamental para sobrellevar el miedo. “Son el único recurso que se ha preocupado de que aquí existe gente en la que el estallido ha tenido un gran impacto. Por eso queremos que continúe”, dice.

A pesar del tiempo que ha transcurrido desde el 18O, a Carolina le sorprende mucho cuánto ha demorado en llegar el apoyo profesional.

“Es la primera vez que vienen a preguntarnos por nuestro estado físico y psicológico”, agrega Carolina Araya.

Marjorie, Carolina y sus vecinos solicitaron que el informe que realizarán los estudiantes sobre estas instancias sea entregado al CESFAM Padre Orellana, para que así estas reuniones no sean solo temporales y se haga algo permanente desde el municipio y las redes de salud.

Araya agrega: “Si le dices a alguien de este sector que hay un taller de salud mental, te aseguro que cada vez se va a meter más gente. Es necesario conversar, hablar y desahogarse”.

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