El cáncer de mama es la principal causa de muerte oncológica en chilenas. El diagnóstico afecta en su mayoría a mayores de 50 años, pero hoy son cada vez más las mujeres en plena edad fértil las que lo enfrentan. En casos específicos, los tratamientos oncológicos pueden afectar la capacidad reproductiva de las pacientes e impiden que puedan convertirse en madres. ¿Cómo es recibir la noticia?
Por Mariana Gajardo Martin.
Edición por Luciana González.
Era 2018 y la contadora pública y auditora Miriam Rodríguez, quien actualmente trabaja como analista contable en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, llegaba al centro médico Oncovida, especializado en pacientes oncológicos. Tenía, para entonces, 38 años. Recibiría el medicamento tamoxifeno, un fármaco oral que, tal como lo explica la oncóloga Mary Ann Stevens, “evita que los estrógenos se unan a su receptor en la célula”; es decir, busca prevenir un segundo cáncer.
Era lo que tendría que tomar por los próximos diez años, para evitar que el cáncer de mama que la había afectado durante dos años volviera. Esto marcaba el fin de su tratamiento oncológico, pero iniciaba otro duelo que, como ella señala, “será para toda la vida”. Los médicos tratantes le anunciaron que no podría ser madre biológica. Para poder quedar embarazada, debía suspender el consumo de tamoxifeno, pero con esa decisión corría el riesgo de que el cáncer volviera.
De acuerdo con la ginecóloga de la Unidad de Medicina Reproductiva UC, Nevenka Rojas, las mujeres no pueden exponerse a embarazos al estar con un tratamiento hormonal con tamoxifeno ya que “este medicamento se puede asociar a malformaciones fetales”. Además, la ginecóloga Adela Camus, experta en Medicina Reproductiva de la Clínica SGFertility, asegura que la recomendación es no detener el tratamiento porque no se sabe con certeza si, al interrumpir el tratamiento, el tamoxifeno será efectivo en evitar que el cáncer de mama regrese.
Rodríguez siempre deseó tener hijos, y con su pareja lo habían conversado unos años atrás, pero prefirieron posponerlo. “Lo quise postergar para estudiar, tener mi profesión y el lugar donde vivir”, dice ella.
Cuando supo que no podría ser madre, salió de la consulta y se dirigió al metro. Sentía que el mundo avanzaba más lento. Miraba para todos lados y su cuerpo se hacía cada vez más débil. Fue tanta su fragilidad que se cayó y se hizo un esguince en el tobillo izquierdo. Veía a las mujeres embarazadas en la calle y pensaba “nunca voy a sentir lo que es tener algo dentro de mí que se esté formando”. Con dificultad, logró llegar a su trabajo en la Universidad de Chile. Al ver a sus compañeras y amigas, las abrazó y lloró desconsoladamente. “Es distinto cuando uno toma la decisión propia de decir: ‘yo no quiero ser mamá’. Pero cuando lo dice el médico, a uno le duele”, lamenta Rodríguez.
La ginecóloga Camus señala que hay distintas alternativas de tratamiento para el cáncer de mama, y la que más afecta la fertilidad es la quimioterapia, ya que “efectivamente va a disminuir la reserva de óvulos después del tratamiento”. Camus explica que esto no ocurre con las cirugías ni con la radioterapia, porque el área a tratar es la zona de las mamas y, por ende, la radiación no llega a la pelvis o a los ovarios.
Esto las obliga a enfrentar una decisión difícil: intentar ser madres antes de tratarse o priorizar su salud y postergar o incluso renunciar a su deseo de maternidad. “Hay algunos pacientes que desean seguir con su tratamiento y no tener hijos, o posponerlo un par de años, y otros que simplemente no podrán ser padres o madres después, y deciden parar el tratamiento y tener hijos. Eso depende del riesgo, por eso se evalúa con el médico”, señala la oncóloga Stevens.
Estas opciones no eran viables para Rodríguez, ni tampoco para Sebastián Rojas, su pareja de ese entonces y actual marido. El cáncer fue un período muy duro para ambos: “Yo le decía a Sebastián que me quería morir, me quería ir con mi mamá, ya estaba aburrida y no sabía ni siquiera si iba a vivir”, revela, refiriéndose a la partida de su madre, quien también se vio afectada por un cáncer de mama cuando Rodríguez tenía 12 años.
Sebastián señala que, al conocer la noticia, prefirió proteger a Miriam y no poner en riesgo su salud para satisfacer su deseo de ser padre. Sin embargo, según la psicóloga reproductiva y experta en duelos que acompaña a hombres y mujeres con psicoterapia, Gloria Santibáñez, los hombres viven un duelo interno que suelen no demostrar por el rol cultural que se les impone de ser fuertes. “El hombre también sufre cuando no puede ser padre, es doloroso para ellos, hay un duelo de esa ilusión”, indica. Para él, este fue un proceso en el que debía acompañar a su pareja y estar para ella en todo momento.
El anuncio de la infertilidad, para quienes desean tener hijos, representa una pérdida que, si bien no es física ni palpable, afecta la dinámica de las parejas y suele llevar a una experiencia de soledad. Así lo reconoce la psicóloga experta en tratamientos de fertilidad, Camila Varas: “El diagnóstico de saber que no se va a poder ser padres de manera natural y espontánea implica un duelo, y ese duelo tiene que ver con saber que hay un proyecto de vida que no va a ser como esperaban”. Este proceso implica una resignificación del concepto de familia, lo que para Rodríguez “es difícil”. Le ha costado entender que, si no pudieron tener hijos, su familia es Sebastián.
Una realidad que se vive de distintas maneras
La mayoría de los diagnósticos de cáncer de mama afectan a mujeres mayores de 50 años. Sin embargo, un estudio de la Sociedad Americana del Cáncer del 2025 revela un cambio significativo: si bien la edad promedio de diagnóstico se mantiene en 62 años, se ha evidenciado un incremento entre las mujeres en edad fértil.
Chile no es la excepción. Según SaludManager, consultora experta en gestión y desarrollo de instituciones de salud, el cáncer de mama en mujeres menores de 50 años ha aumentado de 15% en 2013 a 26% en 2025. Con cerca de 5.640 nuevos diagnósticos cada año, y un 20.9% de incidencia en mujeres, este tipo de cáncer es el más frecuente en el país, de acuerdo con el Observatorio Global del Cáncer. Le siguen el cáncer colorrectal, con un 12.2%, y el de pulmón, con un 6.6% de incidencia.
Cuando se trata de las causas detrás de este incremento en los diagnósticos, la ginecóloga Rojas aclara que puede estar vinculado a la obesidad, y a que las herramientas que existen hoy son mucho más certeras para diagnosticar el cáncer en etapas precoces, “porque la mamografía y ecomamaria está más disponible que antes”. Otro factor pueden ser los cambios hormonales: “Las mujeres actualmente tienden a tener menos hijos y a tener su primer hijo más tardíamente, por lo tanto, están más tiempo durante su vida expuestas a estrógenos y eso puede aumentar el riesgo de cáncer de mama”. La experta destaca que el embarazo y la lactancia, sobre todo esta última, pueden disminuir el riesgo de cáncer de mama, lo que se ha retrasado hoy en día.
Detrás de esas cifras, hay impactos menos visibles. Uno de los más profundos —y muchas veces silenciados— es la infertilidad producto del tratamiento, como le fue advertido a Rodríguez: “Antes, las mujeres tenían sus hijos (siendo) más jóvenes. Entonces, cuando se diagnosticaba el cáncer, ya tenían formada su familia, y el tema de la pérdida de la fertilidad o de la reserva ovárica no era una cosa tan importante”, señala la ginecóloga Camus. Sin embargo, según la especialista, hoy ocurre lo contrario: a las mujeres les afecta más enterarse de su infertilidad porque aún no tienen hijos al momento del diagnóstico.
La decisión de Miriam de continuar con el tratamiento hormonal disminuía la probabilidad de que pudiera quedar embarazada, al momento de terminar el tratamiento con tamoxifeno. Su tratamiento con quimioterapias fue invasivo: “Fueron 4 quimioterapias agresivas o llamadas rojas cada 21 días, y luego, 12 quimioterapia semanales”, indica Rodríguez, por lo que su reserva ovárica se vio afectada. Sin embargo, la pequeña esperanza que quedaba, desapareció. Tras cinco años con el medicamento, le detectaron un tumor en el ovario izquierdo, lo que derivó en una hemorragia y obligó a los médicos a extirpar sus dos ovarios.
Sin embargo, no es una situación que les ocurra a todas aquellas que han tenido cáncer. Un estudio del Instituto Oncológico Dana Farber, un centro especializado en cáncer de mama, ubicado en Boston, Estados Unidos, y publicado en 2024 en InfoSalud, reveló que el 35% de las mujeres del mundo que tienen esta enfermedad no logra concebir hijos a causa de los tratamientos oncológicos a los que se somete. Al explicar estas cifras, Camus argumenta que “mientras mayor es la mujer o menor es su reserva ovárica, más le va a afectar”. La ginecóloga Rojas concuerda: “Si una mujer joven tiene un cáncer de mama y después está con tratamiento de hormonas, es probable que en su mejor momento reproductivo desde el punto de vista de edad, no se pueda embarazar”.
Tampoco los casos son iguales, ni todos los tratamientos afectan de la misma forma, porque sí existe un porcentaje de ellas que logra su deseo de ser madre. Algunas lo logran de manera natural, pero esto depende de distintas variables: “Hay muchos factores que influyen como la edad de la mujer, el número de ciclos, el tipo de quimioterapia o cómo está su reserva ovárica en ese momento, porque no es igual para todas las mujeres¨, indica la ginecóloga Camus. En cambio, otras mujeres optan por procedimientos médicos que en ocasiones son más complejos, como la fecundación in vitro, congelación de óvulos, o deciden adoptar.
Para algunas mujeres como Miriam, esta última no es una opción. “Quizás hay niños que necesitan hogar, pero me da miedo de que, uno no sabe las historias que traen ellos, pueden quizás traer problemas genéticos”, señala Rodríguez. La psicóloga experta en tratamientos de fertilidad Camila Varas explica que esta decisión es bastante común y se basa principalmente en miedos sobre lo que podría ocurrir luego del proceso de adopción: “Son muchos temores, al fin y al cabo, de no saber cómo acompañarlos en la noticia de ser adoptados, e incluso de no llegar a quererlos”. De todas maneras, para aquellas personas que son infértiles —en este caso por el tratamiento contra una enfermedad—, y tienen la intención de adoptar, deben trabajar este duelo, indica la especialista. De lo contrario, “si no lo tienes realizado, lo más probable es que te dejen fuera de la posibilidad de adoptar”.
Un duelo para toda la vida
Miriam y Sebastián están felices de tenerse el uno al otro. Él fue quien la acompañó en todo el proceso: se fue a vivir con ella a su departamento en San Miguel, la llevó a las quimioterapias y la cuidó con los síntomas después de cada sesión. “Si le volviera a pasar, volvería a estar ahí, la volvería a acompañar, jamás pondría en duda seguir con ella, es la mujer de mi vida y la amo mucho, por eso estoy con ella hace más de 16 años”, indica Rojas.
Después de casi tres años con tratamiento psiquiátrico, y gracias a la ayuda de pastillas que le permiten dormir y no sentir la angustia que hasta hace algunos años era habitual, señala sentirse mejor. “Igual hay días que veo la televisión o gente con bebés chiquititos y me entra la pena, pero ahora que ha pasado el tiempo, me siento tranquila y resignada porque era yo o un hijo”. En su proceso de superación del duelo la compañía de su marido y de sus sobrinos ha sido clave.
Julián y José Tomás, quienes le dicen “tía linda”, la ayudan a olvidar la maternidad que no fue. La llenan de alegría, y ella los consiente con besos, abrazos y regalos. Aunque Miriam reconoce no ser demostrativa, con ellos es diferente: “Me nace otro instinto, quizás ese instinto maternal”. Aprovechan cada momento juntos, como en los partidos de fútbol de su sobrino mayor. Pasar tiempo con Julián, y acompañarlo en las actividades que él más disfruta, le devolvieron las ganas de vivir durante el periodo más complejo de su tratamiento contra el cáncer. Miriam lo mima con camisetas, polerones y bananos de Colo Colo, porque “si él está feliz, yo también”.
Luego de una larga relación, Rojas y Rodríguez se casaron el 7 de mayo de 2022. Desde entonces, continúan construyendo su historia haciendo lo que más aman: viajar. Ahora, sueñan con cumplir un anhelo pendiente: conocer Turquía el próximo año.
Mariana Gajardo Martin (@marianaagajardo) es estudiante de tercer año de periodismo en la @fcomuc. Hizo su practica interna en @modulo2uc como productora. Actualmente es ayudante de Desafíos de la Comunicación. Es su primera vez publicando en un medio.


Que completo y sentimental reportaje. Felicitaciones a la estudiante de Periodismo.
Muy triste y a la vez linda historia, muy bien contada, Miriam la recuerdo con mucho cariño, muy señorita en su adolescencia y hasta ahora una bella persona, muchos cariños para ella y su marido.