En Chile, cerca del 30% de la población menstrúa cada mes, lo que equivale a alrededor de 6,7 millones de personas, según datos del SERNAC. Sin una normativa vigente que garantice el acceso a insumos, muchas mujeres enfrentan mes a mes el desafío de no poder costear lo básico para gestionar su ciclo. Por otro lado, los millones de productos menstruales desechables existentes se acumulan como residuos plásticos de larga duración.
Imagen: Fotografía de las manos de Javiera Valdés, educadora menstrual, sosteniendo un útero tejido a crochet.
Por Francisca Agüero
Edición por Trinidad Paredes
Por mucho tiempo Melina Brito (16) no tuvo que preocuparse por cómo gestionar su menstruación. Su mamá se encargaba de comprar todo lo necesario: toallas higiénicas, analgésicos, incluso un chocolate Trencito para suavizar esos días tan incómodos para ella. Pero todo cambió cuando su mamá, la única que aportaba ingresos en la casa, perdió el trabajo. El dinero ya no alcanzaba. “Mi mamá dijo que había que priorizar solo lo esencial”, cuenta Brito.
La siguiente vez que menstruó, la realidad la golpeó de frente. Al abrir el cajón del baño no encontró nada. Rebuscó entre bolsos, estuches y carteras. “Pensé que quizás me quedaba una guardada, pero no”, dice. Con angustia se vio obligada a buscar una solución. Terminó usando lo único que tenía a mano: retazos de una polera vieja. “Los corté con tijeras, los doblé y los puse en la ropa interior. No sabía si me iban a durar o cuánto rato aguantarían”, recuerda.
Fueron cinco días de incomodidad constante. No se atrevía a moverse con libertad. Iba al baño cada una o dos horas, con el temor de que la tela no resistiera. “Tenía que irme a cambiar todo el rato porque se pasaba. Porque, bueno… no era como una toallita”, dice Melina, encogiéndose de hombros con vergüenza. Afortunadamente, fue solo esa vez, señala, ya que poco después su madre consiguió un nuevo empleo y pudieron volver a comprar productos menstruales. “Ahora siempre guardo una toallita en la mochila, como por si acaso. Porque ya sé lo que es no tener”.
La experiencia de Melina no es un caso aislado, y evidencia un problema mayor. “Actualmente, en Chile no existe una norma específica que expresamente regule el acceso a insumos o productos, garantice la educación, higiene y/o salud menstrual”, señala Alejandra Pérez, abogada con Magíster en Derecho Público por la Universidad de Chile y docente de la Academia Judicial en el curso de Derechos Sexuales y Reproductivos. En este contexto, la Asociación Chilena de Protección de la Familia (APROFA), organización sin fines de lucro con casi seis décadas de trayectoria en la defensa de estos derechos, aprovechó la conmemoración del 8M para hacer un llamado urgente a implementar una política pública integral en esta materia.
En 2021, el diputado Diego Schalper del Partido de Renovación Nacional presentó un proyecto de ley que busca modificar la Constitución para que el Estado asegure la salud e higiene menstrual y garantice el acceso gratuito a insumos de gestión menstrual. Sin embargo, la propuesta permanece estancada en el Congreso, ya que no tiene urgencia legislativa asignada. “Eso, sin duda, nos habla de que, al parecer, no es una prioridad para los organismos estatales, ni para el gobierno”, explica Fernanda Cabrera, matrona y coordinadora de la línea de salud del área educativa de APROFA.
De acuerdo con el “Informe Estudio Gestión Menstrual”, publicado por el SERNAC en 2021, un 19% de las mujeres ha tenido dificultades económicas para acceder a productos de higiene menstrual. Esto ocurre a pesar de que organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) insisten en que la salud menstrual es un derecho humano.
La menstruación implica una carga económica considerable, razón por la cual el SERNAC elabora anualmente el “Informe de Canastas de Gestión Menstrual”, donde se detallan los costos asociados a estos productos en Chile. Para la edición de 2024, presentada el 6 de mayo de 2025, se dio a conocer que, dentro de las canastas básicas basadas en el uso exclusivo de un solo tipo de producto de contención menstrual, el tampón es el más costoso del mercado, con un gasto anual que puede alcanzar los $629.426 para un ciclo de siete días. Le siguen las toallas higiénicas, con un valor máximo estimado de $453.600 al año. Luego se analiza la canasta de menor costo o “low cost”, considerando los productos más económicos del mercado. Por ejemplo, una canasta compuesta por las toallas higiénicas más básicas representa un gasto anual aproximado de $17.136, en base a un ciclo de siete días. Para visibilizar esta realidad de una forma más exacta el SERNAC desarrolló la “Calculadora de Gestión Menstrual”, una herramienta digital que permite estimar el gasto acumulado en estos productos.
“Lo óptimo sería promulgar una ley específica que reconozca los derechos de las personas menstruantes en sus diversos ámbitos, y que converse con el resto del ordenamiento jurídico en armonía con la Carta Fundamental y los tratados internacionales en materia de derechos humanos ratificados por Chile y actualmente vigentes”, señala la abogada Alejandra Pérez. El uso del término “persona menstruante”, aclara, responde a la necesidad de incluir a todas quienes cuentan con la capacidad de menstruar, más allá del género: mujeres, niñas y adolescentes, pero también personas trans y no binarias.
Aunque aún no existe una normativa de ese tipo, algunas instituciones han comenzado a tomar medidas. En 2022, los ministerios de la Mujer y Equidad de Género, de Salud y el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (SernamEG) crearon la “Guía de Salud Menstrual” dirigida a profesionales que trabajan con niñas, adolescentes y mujeres con el fin de fortalecer el acceso a información sobre el ciclo menstrual con un enfoque biopsicosocial y perspectiva de género. La cual incluye contenidos sobre las distintas fases del ciclo y productos de gestión menstrual. También aborda los cambios físicos que se producen en cada etapa y consejos para reconocer y gestionar el malestar emocional. Promueve el abordaje educativo desde los derechos, el autoconocimiento y la eliminación de estigmas. También entrega herramientas prácticas y sugerencias para el trabajo en comunidades y contextos educativos.
“Es muy importante poder contar con los insumos de gestión menstrual, y más allá de los insumos, también contar con las medidas mínimas y espacios higiénicos para llevar a cabo la vivencia de la menstruación de forma plena. Por ejemplo, contar con agua o un baño. Si bien puede sonar algo como muy obvio, no todas las personas cuentan con esas medidas”, reflexiona Fernanda Cabrera.
Esta realidad se vuelve aún más evidente cuando se observa lo que ocurre en espacios como cárceles o la calle, donde gestionar el ciclo menstrual con higiene, privacidad y seguridad sigue siendo un desafío. Según el estudio “Gestión Menstrual Población Hipervulnerable”, publicado por el SERNAC en 2023, solo un 25% de las mujeres privadas de libertad declara sentir privacidad al usar el baño, y apenas un 48% cuenta con los productos de higiene menstrual (como toallas higiénicas, tampones o copas menstruales) suficientes para todos los días que dura su periodo. El informe también aborda la realidad de las personas en situación de calle, revelando que solo un 37% tiene acceso a insumos para gestionar su menstruación de forma adecuada. Además, el estudio señala que el acceso debe garantizarse a los productos que la autoridad sanitaria estime necesarios. “Menstruar sin acceso es menstruar en desigualdad. Esto no puede seguir siendo un tema menor”, concluye Fernanda Cabrera.
El mismo año en que fue publicado el estudio, el Ministerio de Desarrollo Social y Familia y la Subsecretaría de Servicios Sociales hicieron cambios al “Manual de Orientaciones y Estándares Técnicos para el Componente Plan Protege Calle del Programa Noche Digna”, una guía orientada a regular el funcionamiento de este programa que entrega atención integral y protección a personas que viven en la calle, durante los meses de invierno.
Le agregaron un anexo titulado “Protocolo de gestión menstrual para personas en situación de calle” con el fin de mejorar las condiciones en que ellas enfrentan su menstruación.
Un año después, en 2023, el Ministerio de Desarrollo Social y Familia y la Subsecretaría de Servicios Sociales hicieron cambios al “Manual de Orientaciones y Estándares Técnicos para el Componente Plan Protege Calle del Programa Noche Digna”, agregándole un anexo titulado “Protocolo de gestión menstrual para personas en situación de calle”. Esta medida busca garantizar las condiciones mínimas de higiene y dignidad mediante la entrega de productos de contención menstrual como toallas higiénicas, protectores diarios y ropa interior, además de entregar información sobre salud sexual integral. El protocolo también contempla el acompañamiento por parte de equipos profesionales y la vinculación con la red pública de salud.
La huella ambiental de la menstruación
El impacto de la menstruación va más allá de las limitaciones sociales y económicas: también deja una huella ambiental significativa. La mayoría de los productos desechables que se utilizan habitualmente, como toallas higiénicas, protectores diarios y tampones, son altamente contaminantes y su uso masivo representa un serio problema ecológico.
Con los años, estos objetos de un solo uso se acumulan, generando residuos que pueden tardar cientos de años en degradarse. Según un informe de Zero Waste Europe, se estima que cada persona menstruante genera aproximadamente 150 kilos de residuos a lo largo de su vida fértil. “Una toalla higiénica desechable contiene el plástico equivalente a cuatro bolsas de plástico. En tu vida puedes generar grandes kilos de desechos al usar toallitas y tampones desechables, los cuales tienen hasta un 90% de plástico, convirtiéndolos en el quinto mayor contaminante acumulado en los océanos a nivel planetario”, advierte Javiera Valdés, educadora menstrual, autora del libro Mi diario cíclico, creadora del proyecto Mi Primer Ciclo y activista ambiental.
Pese al impacto ambiental que implican los desechables, su uso sigue siendo ampliamente mayoritario: solo un 1,3% de las personas encuestadas afirma usar toallas reutilizables y apenas un 0,4% ocupa calzones menstruales absorbentes, según una encuesta online del SERNAC aplicada a 10.545 personas menstruantes el año 2021.
Otra alternativa sostenible es la copa menstrual, un dispositivo reutilizable hecho de silicona médica, que se inserta en la vagina para recolectar el flujo. Puede durar hasta diez años y reduce la cantidad de residuos generados. Según un estudio publicado por la revista The Lancet Public Health, el uso de la copa genera solo un 0,4% de los desechos de plástico que producen las toallas higiénicas desechables.
Cada mañana, Francesca Vicencio (21) cruza la ciudad desde su casa en Lo Prado hasta San Miguel para llegar a tiempo a su universidad. A esa hora, el metro va repleto y avanzar entre empujones se vuelve parte de su rutina. Como muchas mujeres, aprendió a planificar su vestuario en función de su ciclo menstrual: ropa oscura y un bolso con repuestos. Durante años usó toallas higiénicas, siempre con el temor de mancharse en medio del trayecto.
“Al principio no tenía muchas ganas de ocupar los calzones menstruales. Me daba cosa de que se pasara la ropa, me daba esa desconfianza o que una se sintiera insegura”, cuenta. Tomó la decisión de probarlos durante las vacaciones de verano de 2024, cuando sintió que podía experimentar sin el estrés de estar todo el día en la calle. “Decidí ocupar esos calzones en vacaciones, aprovechar que, si me manchaba, estaba en mi casa al menos”. Para su sorpresa, la experiencia fue distinta a lo que imaginaba. “Fue muy cómodo, porque es como estar solamente con un calzón normal y al final no me manché nada”, dice.
Desde entonces, lleva aproximadamente medio año usándolos. Francesca rota varios calzones durante su semana menstrual. Cada uno le costó aproximadamente diez mil pesos. Lavarlos le da un poco de pereza, pero ya no gasta dinero en toallitas desechables y, sobre todo, se siente más cómoda. “Con las toallitas a veces salía mal olor, con el calzón no me ha pasado”. Con esto, no volvió a usar tampones ni toallas. Ahora, entre clases, su práctica profesional y traslados eternos por Santiago, lo que más agradece es la tranquilidad de sentirse segura. Ya no se preocupa por marcharse la ropa, como sí le pasaba antes con las toallas higiénicas.
Como Francesca, cada vez más personas comienzan a explorar alternativas sustentables. Una de ellas es la copa menstrual y otra, las toallas de tela y los calzones reutilizables, que son lavables y tienen diferentes niveles de absorción, según el flujo de cada mujer. “Existe una barrera relacionada con las creencias y costumbres. Porque si bien la inversión inicial es más alta, a largo plazo la opción sustentable resulta más económica”, menciona Javiera Valdés.
Así lo confirma el “Informe de Canastas de Gestión Menstrual 2024”, donde la copa menstrual destaca como la opción “sustentable” más accesible, con un valor anual mínimo de $4.495, máximo de $35.990 y un promedio de $13.434. Le sigue el calzón menstrual, que pese al alto valor inicial de $18.950, promediado en tres años, implica solo $6.317 anuales.
Mientras las iniciativas por un ciclo más sustentable ganan mayor visibilidad, muchas personas aún desconocen el impacto ambiental de los productos que utilizan mes a mes. Propuestas como BloodyGreen, marca nacional que comercializa ropa interior menstrual reutilizable y tiene más de 30 mil seguidores en Instagram, o Woman Fertil, emprendimiento fundado por enfermeras en la Región de Valparaíso dedicado a productos de salud femenina con un enfoque ecológico, muestran que existen alternativas concretas para reducir la huella contaminante. Sin embargo, la transición hacia opciones reutilizables avanza con lentitud.
Para Javiera Valdés, la principal traba se debe a una barrera cultural: “Se necesita educación menstrual y sexual en las escuelas, en los colegios, en la universidad. Porque más allá del acceso, hay desconocimiento, tabúes y falta de información que dificultan el cambio”.


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