El costo psicológico del estallido social

Dic 28, 2019

Ilustración Estefani Bravo/Km Cero.

El costo psicológico del estallido social

Tanques, incendios, gases lacrimógenos, saqueos, cacerolazos y lesiones oculares son palabras que se han vuelto cotidianas para chilenas y chilenos. Un escenario que ha aumentado las licencias médicas, los llamados a fonos de ayuda para la salud mental, el consumo de antidepresivos y ansiolíticos. Un bombero y una paciente que no pudo asistir al psicólogo en un mes, relatan cómo lo han hecho para enfrentar la crisis.

Por Florencia de la Fuente

Dos horas diarias es todo el tiempo de sueño que Romina Benítez (19), estudiante de Pedagogía en Biología, pudo conciliar las primeras semanas tras el estallido social del 18 de octubre. Ese día, el sonido de las cacerolas y los gritos la superaron. Corrió a encerrarse en su casa, mientras en Chillán, su ciudad, se sumaban manifestantes.

Romina sufre de un trastorno ansioso y una fobia social severa. Para tratarse, visita una vez por semana a una psicóloga de su casa de estudios, la Universidad Adventista. Sin embargo, estuvo un mes sin poder ir a terapia. Para evitar que se tomaran la institución, la universidad suspendió sus actividades y cerró el recinto. Debido a esto, Romina no pudo tratarse hasta mediados de noviembre. Ver las calles repletas de gente y disturbios la agotó tanto, que dejó de dormir.

Los disturbios también generaron que se rompiera el récord de llamadas diarias en la Quinta Compañía de Bomberos de Santiago. El 19 de octubre, recibieron 17. Sebastián Spratz (23) lleva un año en la bomba. Desde el inicio, asumió las consecuencias psicológicas y físicas a las que estaría expuesto. Sin embargo, nunca había vivido días tan intensos. El mes de octubre pasó muchas noches durmiendo en el piso y apenas contaba con tiempo para comer. “Tenía mucho sueño, me empezaron a salir hartas canas, estaba tartamudo. Sigo tartamudo y con mal pulso”, cuenta. Con el tiempo, los llamados disminuyeron, pero aún no le es posible distraerse. Apenas recibe una notificación de WhatsApp u otra aplicación, piensa que se trata de una emergencia.

Estos son dos casos en que se ha visto comprometida la salud mental de los chilenos. Las repercusiones psicológicas en la población, se evidencian en las cifras reveladas por el Ministerio de Salud: apartir del 22 de octubre, las licencias médicas por salud mental aumentaron en un 22%, a su vez, se incrementaron en un 25% las llamadas a Salud Responde, programa impulsado por el mismo Ministerio para atender consultas sobre salud mental, como cuadros de depresión grave, afección e intenciones suicidas.

El ministro de Salud, Jaime Mañalich, reveló el aumentó en la venta de fármacos antidepresivos y ansiolíticos tras el estallido social. Además de la venta, según cifras reveladas por la aplicación de cotización de medicamentos Yapp, la búsqueda de este tipo de remedios se incrementó significativamente entre el 14 de octubre y 14 de noviembre, en comparación a los meses anteriores.

Atención incierta

Isabel Puga, psicóloga y directora del Colegio de Psicólogos, asegura que no hay nada determinante sobre las estadísticas que dan cuenta de las consultas realizadas este último tiempo, sea por medio de servicios particulares o públicos. Sin embargo, afirma que a ella y sus colegas les han suspendido una gran cantidad de consultas, debido a que las oficinas donde atienden se ubican en sectores colmados de disturbios o porque los pacientes evitan salir, por miedo a ser agredidos o por no contar con transporte público. “Estamos en un momento de mucha incertidumbre. Nadie puede predecir lo que pasa”, asegura Puga.

La situación también ha provocado que algunos psicólogos no puedan realizar las atenciones correspondientes a sus pacientes regulares. “Recién hoy pude volver a hablar con mi psicóloga. Cacha po, recién hoy día. Y yo soy una persona que necesita ir”, manifestó Romina Benítez a un mes del estallido social. Puga explica que, en un contexto en que los hábitos son interrumpidos, las persona entran en un estado de incertidumbre. El más típico síntoma al generarse este desequilibrio es la ansiedad, que se asocia a la anticipación de un hecho negativo. Aunque la ansiedad cumple la función de mantener a las personas hiperactivadas, vigilantes y con un sistema de huida preparado para evitar peligros, la ansiedad constante puede generar estrés fisiológico y hacer sentir cansancio, somnolencia, dolor de cabeza y tensión muscular.

“Para mi generación, que tenemos más de 50 años, ver a las Fuerzas Armadas en la calle y armados como para la guerra, te revictimiza, porque te trae otra vez a la actualidad todo el trauma que tú viviste en la juventud”, dice el académico de Psicología de la Universidad Autónoma, Javier Romero .

Efectos psicológicos

Las recientes canas y la tartamudez del bombero Sebastián Spratz son evidentes signos de estrés crónico para la psicóloga clínica y académica de la Universidad Católica Claudia Cerfogli. “Es claramente un aviso del cuerpo. Hay que escuchar esa sintomatología. Es muy esperable por las circunstancias que él está viviendo”, asegura la profesional. Este posible estrés agudo intenso, como lo llama Cerfogli, genera una desregulación del sistema nervioso autónomo que se manifiesta visiblemente en el cuerpo.

En cuanto a las posibles repercusiones que podría tener la crisis sociopolítica chilena a nivel psicológico, Puga explica que se podría dar un incremento de cuadros de ansiedad, es decir, la gente sentirá miedo o intranquilidad incluso si no existen peligros. Además, posiblemente aumentarán las crisis de pánico y el estrés post traumático, debido a la exposición a situaciones de alto riesgo o de constante miedo y amenaza. Otra repercusión sería el estrés y la depresión derivada del mismo.

Un fenómeno que ha aparecido desde el inicio del estallido social es la revictimización. Según el profesor de Psicología de la Universidad Autónoma, Javier Romero, esto consiste en la repetición de situaciones que una persona cree haber olvidado o superado. Esto puede ocurrir luego de expereincias tales como violencia intrafamiliar y represión policial, como la que se desarrolló durante la dictadura. “Para mi generación, que tenemos más de 50 años, ver a las Fuerzas Armadas en la calle y armados como para la guerra, te revictimiza, porque te trae otra vez a la actualidad todo el trauma que tú viviste en la juventud”, comenta.

Lo positivo del problema

A pesar del caos e inseguridad que genera la incertidumbre y, en consecuencia, la ansiedad, puede desprenderse algo positivo del contexto de la crisis sociopolítica: la activación de las comunidades. Según Puga, esta es la estrategia más potente. Instancias como los cabildos ciudadanos permiten conocer a los demás y construir apoyo social. Además, Isabel Puga agrega que las reacciones psicológicas que se pueden dar en la gente dependen de las características de cada individuo. “No todo el mundo va a estar mal. Lo que pasa es que las personas más vulnerables son las que están en riesgo”, explica la profesional.

En el caso de Romina Benítez, no todo ha sido negativo. Luego de días encerrada en su pieza dibujando para evadir lo que ocurría afuera, sintió que ya había descargado su ansiedad. Su mamá le propuso salir a marchar juntas para acompañar a las educadoras de párvulo de Chillán. Aquel día, una multitud de gente se reunió a recorrer las calles, algo a lo que Romina no estaba acostumbrada. Una vez que se mezcló con la masa, perdió el miedo. La gente que la rodeaba era amable y pacífica. Personas que jamás había visto en su vida le preguntaban cómo estaba y le ofrecían agua para soportar el calor. Era un ambiente nuevo, que por alguna razón le parecía familiar. Se sentía una más del grupo. Aunque no ha podido ir al psicólogo, encontró cierta contención en los manifestantes.

Los psicólogos consultados para este artículo, argumentan que la sensación de comunidad que genera manifestarse es una herramienta de contención positiva ante las consecuencias que tiene el estallido social para la salud mental. Foto de Florencia de la Fuente.

¿Qué hacer?

El bombero Sebastián Spratz cuenta que en estas jornadas tan intensas, a pesar del estrés que ha experimentado, no se ha visto en la necesidad de pedir ayuda psicológica. “No sé si eso también esté bueno o no, el hecho de pensar que no la necesito. Puede ser que sí la necesite, pero al menos yo siento que no”, reconoce. Sobre esto, la psicóloga Claudia Cerfogli sugiere que deberían crearse protocolos en Bomberos para dosificar su actividad. Otro consejo es que recurra a su red social afectiva, que es fundamental para poder botar un poco de la tensión derivada de las experiencias traumáticas que haya vivido. Parte de este grupo deben ser sus mismos compañeros de la bomba, quienes han compartido aquellas vivencias y pueden apoyarse.

La directora del Colegio de Psicólogos, Isabel Puga, recomienda evitar una exposición constante a la televisión, porque genera una sensación de angustia, de que algo malo va a ocurrir.

Frente a la actual crisis, los profesionales de la salud mental afirman que es importante pedir ayuda. Una de las recomendaciones de Isabel Puga es acudir a los primeros auxilios psicológicos, que buscan la recuperación del equilibrio emocional de quienes viven episodios de crisis, a través de espacios de apoyo social que permitan al individuo hablar de su experiencia y compartir esto con sus pares.

La psicóloga también sugiere apagar la pantallas. Según ella, estar expuesto por mucho tiempo a la televisión genera una distorsión de la realidad, pues da la sensación constante de que algo malo va a pasar. Esto no solo ocurre en los medios televisivos, sino también en las redes sociales, las cuales muestran contenido audiovisual que suele ser más impactante. El último consejo de Puga es contar con un espacio de auto cuidado, un refugio emocional donde los familiares pueden ser un apoyo. Claudia Cerfogli agrega la importancia de tener instancias de encuentros afectivos con seres queridos y amigos.

Sobre la autora: Florencia de la Fuente es estudiante de periodismo y escribió este artículo como parte de su práctica interna en Km Cero. El reportaje fue editado por Cristóbal Fuentes para el Taller de Edición en Prensa y Javiera Fernández como editora de Km Cero.

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