Los actores Luis Cerda y Geraldine Neary en el montaje de El cepillo de dientes. Fotos proporcionadas por Teatro UC.

El cepillo de dientes: Jorge Díaz con un toque de Álvaro Viguera

El director de los éxitos teatrales Pulmones y Sunset limited se hizo cargo del clásico del dramaturgo Jorge Díaz, El cepillo de dientes. La obra fue estrenada en 1961 por el Teatro Ictus y fue el primer éxito del autor, que obtuvo el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisual en 1993. Con escenas musicalizadas y una versión actualizada de la obra, Viguera busca mantener el legado de Díaz.

Por Patricia Cifuentes

Los actores Luis Cerda (37) y Geraldine Neary (28) encarnan a un matrimonio que está cansado de la rutina. La falta de comunicación, la violencia en las relaciones, son algunos de los conflictos que la pareja muestra en un juego de personalidades que utilizan para representar, a través de la ironía, la debilidad conyugal.

Su relación se convirtió en un clásico del teatro del absurdo en Chile en El cepillo de dientes, obra estrenada en 1961 por el Teatro Ictus, que se convirtió en un referente nacional y dio a Díaz el “vamos” para construir una carrera como dramaturgo con obras que seguían cultivando el humor y drama del sin sentido, como también la reflexión política, que lo condujeron a recibir el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisual en 1993.

Para esta versión 2017 de El cepillo de dientes, estrenada por el Teatro de la Universidad Católica, fue convocado el director Álvaro Viguera, egresado de la misma universidad, reconocido por montajes en registros diversos como la comedia musical Happy end de Bertolt Brecht o la crudeza de Cormac McCarthy en Sunset limited. Para El cepillo de dientes, el también actor y cineasta, tuvo que recordar sus años de estudio para conectarse con la escritura de Jorge Díaz.

Álvaro Viguera tiene 38 años . Foto gentileza de Álvaro Viguera.

¿Cómo llegaste a El cepillo de dientes?

El cepillo de dientes fue una buena invitación que me hizo la Escuela de Teatro de la Católica. Estaba dentro de una conmemoración a Jorge Díaz y me pareció interesante. Una obra siempre te propone algo distinto, eso es lo que me gusta de dirigir. El texto finalmente arroja la apuesta, por eso al final tiene que ser coherente y esta era una buena historia. Era distinta y me gustaba que el espectador reflexionara un poco. Tirar una pregunta o un problema para que la piensen.

— ¿Qué aproximación previa tenías a Jorge Díaz?

— Nunca había hecho un texto de él. Me puse a estudiar, me acordaba de algo por la universidad, porque ahí te enseñan y conoces un poco de su teatro. Estudiándolo me di cuenta de que lo conocía mucho menos de lo que creía. Fue una buena manera de acercarme a un autor importante que tiene toda una teoría sobre la escritura. Reflexiona a su manera, pero reflexiona.

— ¿Qué valoración merece Jorge Díaz en la dramaturgia nacional?

— Una alta valoración, porque es uno de los pocos dramaturgos que tenemos. Cuando hay buenos hay que saberlo, pero son pocos. Uno quiere tener más. Son súper reconocibles los dramaturgos de esa época.

— Sobre dirigir un clásico, ¿cómo fue encontrarse con el texto?

— Antes escuché música. A todo entro por la música, después leo la obra y puedo entrar en ella. Cuando vi el libreto lo encontré interesante y distinto, porque era teatro absurdo. El que hice yo es un poco más corto, porque la primera versión de Díaz era solo el primer acto. Después escribió el segundo y los juntó.

— ¿Cuál es tu sello que hace que este sea El cepillo de dientes de Jorge Díaz en la versión de Álvaro Viguera?

— Yo trato siempre de ponerle una frescura. Que los actores lo pasen bien en el escenario. Que su humor sea negro, de crítica e ironía, como el de Jorge Díaz. No sé qué tan bien sale, pero creo que a ratos resulta. Yo creo en mi obra, no sé cómo la ven las otras personas.

— Al ser una época muy distinta a la de la versión original. ¿Hiciste algo para adaptarla al púbico de hoy?

— Era mi intención, pero no sé de qué forma se nota. Yo creo que a los jóvenes les gusta mucho y eso es lo importante del teatro, que se sientan enganchados. Por ese lado estoy muy feliz y me pone contento que se resetee el título. Hay una nueva generación. No es como que todo el mundo la vea, pero ven una versión interesante que inconscientemente se adapta al mundo de hoy. Tengo un hijo de 13 años y me interesa entender su mundo, quizás hay cosas que salieron de eso y que pude plasmar en la obra.

— ¿Piensas que los espectadores actuales van a leerla distinta a como fue leída en su estreno original?

— Eso no podría saberlo. Creo que congenian dos lecturas, una más actual y otra que se entiende desde antes. Vino a ver esta versión una señora que había visto la original de Jorge Díaz y rescataba que esto era súper distinto, pero que mantenía el espíritu. Esa es la idea.

El actor Luis Cerda interpretando una de las canciones de la obra.

— ¿Por qué musicalizaste algunas partes del libreto?

Obvio que había que musicalizar, me encanta hacerlo. Creo que la música tiene que ser parte de la obra, le da ritmo y frescura a la puesta en escena. Sentí que aquí se necesitaba. No sé si la versión original estaba musicalizada porque a mí solo me entregan el libreto y ahí no dice nada de música, pero yo quise incluirla.

— ¿Cómo fue la selección de los actores principales?

Muy fácil. Con Geraldine Neary había trabajado en Happy End, una obra musical. Ahí me encantó y sentí que para esta obra el lenguaje le quedaba perfecto. A Luis Cerda lo conozco hace mucho tiempo, era compañero mío en la escuela de Teatro. También sentí que el lenguaje calzaba con su estilo de actuación.

— ¿Cómo fueron los ensayos de la obra?

— Dificilísimos, bien perdidos. No sabíamos por dónde empezar. Estuvimos dos meses ensayando y nos dimos muchas vueltas. Nos costaba darle sentido, pero después partimos con los detalles más chicos y de ahí nos fuimos agrandando. El trabajo con los actores fue muy bueno.

El director quería que los actores lo pasaran bien en la obra, que se involucraran en el juego que propone Díaz.

— ¿El resultado cumplió con tus expectativas?

— Después de un rato uno empieza a mirar la obra y quiere escapar. A veces digo: “Chuuuta, por qué hice eso”, pero igual quedé contento con la obra. El elenco, el equipo, todos quedaron contentos, pero también creo que hay varios que no les debe gustar. Deben decir que es media enredada. ¿Es media enredada o no?

— ¿Tienes en mente otro proyecto teatral para este año?

— Sí. Ahora estoy ensayando El zoológico de cristal de Tennessee Williams. Es una historia norteamericana que representa una crisis de los años cuarenta. Esa obra se estrena el 12 de julio en el Teatro Mori de Bellavista. Hay mucha expectativa. Estoy súper contento, porque está interesante y es muy distinta a las que he hecho.

Dónde verla:
En Teatro UC hasta el 24 de junio a las 20.30 hrs

Sobre la autora: Patricia Cifuentes es estudiante de Periodismo e hizo esta entrevista como parte de su práctica interna en Km Cero.