Educación por medio de señas: una escuela para sordos

Jul 4, 2025

En Chile más de la mitad de quienes tienen discapacidad no cuentan con enseñanza media completa. Un ejemplo son las personas sordas, que manejan su propia lengua (lengua de señas),  que no está incluida en varios colegios regulares, lo que dificulta su acceso a la educación. ¿Cómo es estudiar en un establecimiento que se dirige a ellos? 

Por Daniela Avendaño

A las nueve de la mañana los estudiantes entran a sus respectivas salas. A algunos les toca matemáticas, a otros ciencias y, a un tercer grupo, educación física. En una casona cursan la educación básica y media los 111 alumnos de edades que oscilan entre 5 y 18 años y que llegan cada jornada al colegio Dr. Jorge Otte Gabler, ubicado a pasos del metro Camino Agrícola en la comuna de San Joaquín.

Por dentro es un establecimiento educacional como todos: hay biblioteca, oficina de profesores, casino, pasillos adornados con trabajos de estudiantes y un patio con arcos de fútbol y aros de básquetbol.

A la par que suena el timbre para entrar a clases, una ampolleta amarilla se enciende en una de las paredes de cada salón. Al lado de esta, otra un poco más grande de color rojizo es usada en casos de emergencias.

Los estudiantes corren y juegan mientras son supervisados por sus docentes a la hora de recreo. También conversan de lo más animados en su propia lengua: la lengua de señas.

Tanto estudiantes como profesores se comunican a través del uso de expresiones faciales, movimientos de las manos, los brazos y el cuerpo. Todo esto ocurre debido a que gran parte de quienes estudian y trabajan en este colegio son sordos.

“Los niños aprenden lo mismo que está en el currículum nacional y cuentan con sus especialistas en educación de estudiantes sordos”, señala Daniela Osorio, actual directora del colegio Dr. Jorge Otte Gabler.

En Chile los colegios en su mayoría están dirigidos a personas sin algún tipo de discapacidad o dificultad para aprender, lo que suele excluir a quienes presentan necesidades educativas especiales.

La población sorda, por su parte, tiende a enfrentar barreras aún más profundas, ya que el sistema educativo de Chile no siempre garantiza el acceso a una educación adaptada a sus necesidades comunicativas, como el uso de la lengua de señas chilena (LSCh) ni la presencia de intérpretes capacitados.

Lo que ofrece este lugar es inédito: se trata de un establecimiento intercultural bilingüe, es decir, una institución en donde se enseña sobre cultura sorda a través de la LSCh, teniendo como segundo idioma el español. Es una escuela especial para sordos, es decir, un lugar que ofrece atención a estudiantes con necesidades educativas especiales. Pero, a diferencia de otros colegios de este tipo, es la única institución educacional para sordos a lo largo del país que tiene enseñanza media. Solo admite a estudiantes que presenten una valoración de salud completada por un otorrinolaringólogo o neurólogo.

Osorio señala que, al ser el único colegio para sordos de Chile que incluye la enseñanza media, la demanda es muy alta,e  incluso tienen estudiantes de comunas periféricas de Santiago, por lo que esperan poder cubrir con la totalidad de matrículas recibidas.

Ser minoría lingüística

En Chile, según la Encuesta de Discapacidad y Dependencia (ENDIDE) y el III Estudio Nacional de la Discapacidad (ENDISC) de 2022, más de tres millones de personas presenta algún grado de discapacidad. De ese total, 587.709 son niños, niñas y adolescentes. Según el estudio, más de la mitad de estas personas no cuenta con enseñanza media completa.

Con respecto a personas sordas, no existen cifras exactas, pero la Asociación de Sordos de Chile (ASCH) estima que serían alrededor de 800 mil las personas que presentan algún problema de audición y, según el estudio “Panorama Nacional: Educación de Estudiantes con Discapacidad Auditiva”, publicado este año por el Ministerio de Educación (Mineduc), actualmente hay 2.561 estudiantes con discapacidad auditiva en etapa escolar. 

“La persona sorda es un ser visual y que tiene una lengua propia, que es visogestual, que tiene su propia cultura, que es una minoría lingüística […] no hay que pensar en que el sordo está por debajo de los demás porque tiene su cultura sorda”, comenta Daniela Osorio.

En el colegio Dr. Jorge Otte Gabler, las clases se desarrollan siguiendo la malla curricular establecida por el Mineduc, como cualquier colegio regular. La diferencia reside en que el establecimiento cuenta con un profesor especialista en la materia (ciencias, matemáticas, educación física, etc.) y un codocente sordo, experto en cultura sorda y lengua de señas, quien transmite la clase a los estudiantes.

“Padres, especialmente de niños sordos o con hipoacusia, van a preferir la escuela especial (establecimientos educacionales especializados en ciertas discapacidades) por un tema de que la comunidad sorda atraviesa por dificultades distintas a otros tipos de discapacidades […] Lo primero es que es una discapacidad que no se ve”, señala Katherine Dinamarca, fonoaudióloga de la Universidad de Valparaíso y experta en inclusión educativa.

Ciertos ramos, como música y lenguaje, son adaptados a las necesidades de los mismos estudiantes, fomentando la expresión corporal y visual más que la auditiva. A pesar de los esfuerzos por brindar la mejor educación posible, para Osorio la exclusión que sufren por parte del Ministerio de Educación en temas de materiales educativos resulta un desafío diario. “Ya sea porque no hay textos escolares adaptados para sordos, como sí existen textos en braille para ciegos […] también estamos excluidos de pruebas como el Simce”, señala. 

Esa falta de equidad no solo se refleja en el acceso a contenidos académicos o evaluaciones estandarizadas. También se manifiesta en aspectos logísticos que impactan directamente el aprendizaje.

La directora expone que, recién en noviembre de 2023, cuando el año escolar estaba por acabar, recibieron los computadores otorgados por la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb) para los estudiantes de séptimo básico, que no habían recibido este beneficio durante dos años. “Me parece terrible porque la persona sorda necesita mayores herramientas para acceder a la información”, añade. 

La fonoaudióloga Dinamarca señala que “cualquier persona sorda necesita y requiere de ciertas adecuaciones de acceso que le permitan mejorar su comunicación con el medio”, dice. Y agrega: “En un aula siempre es recomendable que la persona sorda se siente adelante, que el profesor no dé la espalda y que la sala esté alejada de ruido, entre otras cosas”.

Otra de las demandas que exige la comunidad es el acceso a la atención de salud mental. Según cifras entregadas en la sesión ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por las vulneraciones de derechos que enfrentan las personas sordas, alrededor del 40% y 50% de niños y niñas enfrenta desafíos emocionales o conductuales. Esto corresponde al doble que en la población oyente. Sin embargo, menos del 10% recibe atención adecuada.

“Las características socioemocionales de una persona sorda van a depender directamente de cuándo fue diagnosticada su hipoacusia y cuándo tuvo acceso a una prótesis auditiva o a una intervención”, agrega Dinamarca. “En el peor caso, la persona tiende a aislarse y a vivir en su mundo, sin tener mucho contacto con su alrededor”.

Escuelas para sentar bases

A pesar de que el Estado busque garantizar la inclusión educativa de personas con diversas discapacidades, incluyendo a los sordos, con leyes como la 20.422 sobre Igualdad de Oportunidades e Inclusión Social de Personas con Discapacidad, no siempre cuentan con los implementos necesarios. 

“Lo que caracteriza a las escuelas que van un paso más adelante son las que tienen actitud continua de pensar lo que hacen y por qué lo hacen […] son escuelas que introducen cambios y ajustes para que la inclusión sea posible”, dice Gerardo Echeita, profesor de psicología evolutiva y de la educación de la Universidad Autónoma de Madrid, además de autor de varios trabajos de divulgación y análisis sobre inclusión educativa.

Para Echeita, las escuelas especiales no ayudan en el proceso de avanzar hacia colegios más inclusivos al fomentar la separación de las personas por sus discapacidades en vez de crear espacios conjuntos de equidad y respeto. Dicho esto, el experto sí cree que podrían contribuir a sentar ciertas bases para que se pueda avanzar en la inclusión de personas con discapacidad dentro de la sociedad.

“Las personas sordas necesitan compartir un sistema de comunicación con el cual aprender, pensar, disfrutar y desarrollarse. Si no (existe) ese sistema de comunicación […] entonces no puede haber una educación que se llame de calidad”, señala el experto español. Para la fonoaudióloga Dinamarca, esta lengua aporta en el proceso de enseñanza de personas sordas y podría ayudar en el desarrollo de lenguaje oral, sobre todo de niños pequeños.

“Muchas veces desde el área de la salud les dicen a los padres ‘ni se le ocurra llevarlo a un colegio de sordos’ porque hay mucho desconocimiento, se cree que la lengua de señas les va a impedir a los niños aprender otras cosas […] pero al final termina siendo la mejor opción al generar en el niño un sistema comunicativo claro propio de la cultura sorda”, indica la directora Osorio.

Crear un lugar de referencia

En 1957, el doctor Jorge Otte Gabler, otorrinolaringólogo y docente de la Universidad de Chile, conocido por el entusiasmo que muestra frente a su trabajo, fundó el Instituto de la Sordera (INDESOR) al detectar las múltiples barreras que enfrentaban las personas sordas en Chile, como la falta de acceso a información, educación y empleo. Hoy, 68 años después de su creación, es un espacio clave para la comunidad sorda y un referente en la lucha por los derechos y la inclusión de personas con discapacidad auditiva en el país. 

En 1977, Otte inició talleres laborales con formación técnica para la comunidad sorda en Providencia, que funcionaron por dos décadas. Posteriormente, en 1998, se fundó el colegio que lleva su nombre, lo que dio inicio a un proyecto educativo centrado en educación parvularia y básica.

En 2000, el colegio adoptó el modelo bilingüe-bicultural, antes de que existieran leyes de inclusión educativa o laboral o el reconocimiento oficial de la LSCh, que llegó en 2021 con la ley 21.303 para proteger los derechos de la comunidad sorda.

“Hablar de inclusión implica un cambio cultural súper grande, súper fuerte, que no se logra de la noche a la mañana”, señala la fonoaudióloga Dinamarca con respecto a este proceso en Chile.

“El colegio fomenta muy fuertemente el tema de la cultura sorda […] como parte importante de lo que los niños tienen que desarrollar y apropiarse para la formación de su identidad”, añade en señas Juan Luis Marín, exdirector y actual profesor encargado de cultura sorda en el colegio, interpretado por la profesora Ignacia Sauvalle.

Marín también indica que hay una variabilidad de estudiantes que supera la edad de 18 años en el colegio. Se trata de casos que no han podido completar la educación media debido a las dificultades que viven a diario al ser excluidos de varios programas educativos.

A pesar de que la institución les da las bases para poder ingresar a alguna universidad o instituto técnico, “a la mayoría de los sordos les cuesta la lectura y escritura. Es una barrera para lograr una educación superior en igualdad de condiciones”, agrega Marín. Esto se debe a que la escritura se basa en un idioma oral al cual no tienen acceso natural, mientras que la lengua de señas tiene otra estructura gramatical.

Si bien para expertos como Katherine Dinamarca ha habido avances con la implementación de la ley 21.303, el proceso ha sido muy lento. Hay más departamentos de apoyo en temas de inclusión y accesibilidad, pero aún falta camino por recorrer para lograr una educación de calidad, detalla el exdirector, Juan Luis Marín. “No hay como una equidad que respete las características de las distintas personas, entonces todo tiene que ser igual para todos y eso no funciona para las personas sordas”. 

Por estos días, el colegio, además de brindar educación básica y media, también tiene talleres para las familias. Esto permite que padres, que no necesariamente son sordos,  pero que tienen hijos con esta discapacidad, comprendan la cultura sorda y aprendan a comunicarse de buena forma con sus niños.

“Se les sugiere que comiencen a traer a sus hijos desde pequeños […] al venir a un colegio donde se aprende la lengua de señas y se trabaja en paralelo, las terapias orales van a tener mucho mejor resultado […] hay talleres que el colegio constantemente está impartiendo para que los padres sepan comunicarse con sus hijos”, señala la directora Osorio.

 

Daniela Avendaño es estudiante de cuarto año de Periodismo en la @fcomuc. Es editora y productora de K-ON (@k_on.radiouc), programa de @radio.uc y es actualmente editora en @revistakmcero.

Comentarios

1 Comentario

  1. José Miguel Domínguez J.

    Excelente artículo y muy interesante, muy bien redactado y se nota que hubo una abundante investigación.