

Componer al sur del mundo
La música es la pasión que mueve las vidas del panameño Rod Downie y del brasileño Dyeferson Ernani . Ambos dejaron atrás sus países para seguir expresándose en sus melodías, uno por la censura de la dictadura y el otro en busca de nuevos horizontes creativos para sus letras. Hoy son parte de los 477 mil inmigrantes que viven en Chiley han logrado mantenerse a través de la composición musical gracias al apoyo del departamento de Interculturalidad y Migración del Consejo Nacional de Cultura y las Artes (CNCA).
Por Lucas Vergara Vera
Rodolfo Downie, panameño de 37 años conocido como Rod Downie o como O.S.O 507 en los circuitos musicales, aún recuerda las balas de cobre, esas que utilizaba el arma calibre 32 que empuñaba frente a su hogar a sus cortos 10 años. La ocupación de Panamá por Estados Unidos en 1989 lo conmocionó y el recuerdo aún reaparece en su mente. El sonido de los helicópteros destruyendo calles enteras, en su natal Río Abajo, han marcado sus letras y composiciones hasta hoy.

Los adultos le decían que debía representar sus raíces con su talento y es así como con sus amigos hacían correr las pistas en un boom box (radio portátil usada por los raperos en EE.UU.), las que estaban grabadas en casete, para luego improvisar melodías rapeando con los sonidos que emanaban del equipo. Estas a la larga terminaron marcando su estilo. De todos los niños que querían seguir el camino de la música para salir del barrio, solo él logró cumplir ese sueño.
“A veces lloro a mis amigos cuando tengo que ir a cantar una canción que escribí con ellos. Porque ya no están conmigo”, relata Downie con la voz quebrada. Puesto que algunos de sus amigos y también compañeros de escenario han fallecido en las calles de Panamá.
Dyeferson Ernani (30), nació en Río Grande do Sul, estado ubicado al sur de Brasil. Gran parte de su vida la pasó viajando por distintos sectores de su país junto a su familia. Esto se debía a que su padre trabajaba en el rubro de la agricultura y al ser considerado de alta confianza por sus jefes, era trasladado constantemente para solucionar los problemas administrativos de la empresa. Esta itinerancia es una de las razones que lo hizo llegar a Chile hace casi cinco años.

“Hago música de toda mi vida, no me acuerdo de hacer otra cosa. A los 12 años canté en un festival en el colegio, me fue bien y desde entonces que estoy en esto”, relata Ernani. Así nace el músico, a quien sus amigos apodan “Tuba” y que con 20 años partió solo junto a su guitarra, una mochila y un disco grabado artesanalmente a Río de Janeiro.
Tanto Downie como Ernani forman parte del 2,8% de extranjeros que hoy viven en Chile, lo que corresponde aproximadamente a 477 mil inmigrantes según cifras del Departamento de Extranjería.
La socióloga de la Universidad de Chile, Marisol Facuse, enfatiza que la inmigración en Chile en los últimos años, si bien ha aumentado exponencialmente, aún no supera la barrera del 3%, pero que se ha presentado como una situación de gran visibilidad.
“En general, los inmigrantes han debido hacer un camino de formación de público, de creación de circuitos, que aún no son institucionales, ni de la gran industria, pero han ido creando nichos”, explica la socióloga.

Buscando hacerse cargo de esta temática es que el Consejo Nacional de Cultura y las Artes (CNCA), formó hace dos años, el departamento de Interculturalidad y Migración, que busca apoyar el intercambio cultural. Hasta la fecha, junto con el apoyo de otras organizaciones ha generado instancias como los conciertos de música inmigrante, escuelas de rock para extranjeros y ciclos de cine, todas actividades dirigidas a fomentar la integración entre naciones. Tanto Downie como Ernani han sido parte de ellas.
En sus inicios en Panamá, había veces en que el Downie escapaba de su casa para cantar, pidiéndole a su único amigo mayor de edad que firmara los permisos para presentarse en los distintos locales que encontraban, pues todos los otros, incluyéndolo a él, eran aún menores de edad.
Posterior a la ocupación de Panamá por los Estados Unidos, la represión se hizo habitual para los artistas como él, llegando incluso a establecerse una junta de censura encargada de dejar fuera de circulación la música que hablara en contra del país del norte. Las letras de Downie que representaban toda su desilusión hacia la nación que rompió con la institucionalidad de Panamá fueron prohibidas.
El ambiente y tranquilidad fue lo que más lo atrajo de Chile, además del hecho de encontrar su música circulando por la capital. “En Salvador con Providencia se vendía un casete con mi música. Estas son cosas que realmente enamoran un corazón y ves lo monetario como algo aparte, porque realmente el cariño y el amor de la gente se convierte en algo mejor que la plata”, explica Downie.

“Este negro de acá vino con una sola polera, cuando la temperatura de Santiago era de cinco grados”, recuerda Downie sobre su llegada a Chile. Un periodo en el que pasó noches completas en la calle esperando su documentación y participó en tocatas en las que debía pedir pago por adelantado para cancelar las multas que le ponían por sobrepasar el tiempo en el país sin tener residencia.
A diferencia de Downie, no fue la represión o la censura lo que llevó a Ernani a salir de su país con 25 años, sino que la necesidad de explorar en su creación musical y darse a conocer en distintos lugares. Paraguay, Argentina, Perú y Bolivia fueron algunos de sus destinos elegidos, pero en ninguno echó raíces. Al llegar a Chile y antes de arribar a Santiago pasó por Arica y Viña del Mar. En un principio, solo pretendía estar dos meses en el país, pero hoy ya lleva cinco años y no tiene intenciones de dejar la capital.
“Ellos tocaban jazz en la calle, eran un trío y yo tocaba mi música brasileña. Luego se dio la posibilidad de formar la banda”, cuenta Dyeferson sobre los inicios del grupo Tuba Musica. Primero empezó a probar interpretando música con su amigo Antonio Faraggi, que tocaba en el grupo de jazz, y luego con el resto de los integrantes. Estos fueron sumándose de a poco a la banda, atraídos por la mezcla de ritmos que creaban, dando paso a lo que hoy es Tuba Music.
Antonio Faraggi (29) es el guitarrista de la agrupación, fue uno de los primeros en conocer a Dyeferson Ernani en su llegada a Chile y aún recuerda sus primeros encuentros en el barrio Bellavista: “Las canciones que tocaba eran de su creación, entonces al tiro me vino la idea de armar una banda con él”. De eso ya ha pasado tiempo y el proyecto se ha consolidado tocando en bares, conciertos y preparándose para dar el salto hacia otros países.
Álvaro Rodríguez, encargado regional del departamento de Interculturalidad, explica que si bien el programa actual ha rendido algunos frutos, tiene graves falencias. “Hoy hay un plan que está alojado dentro de otro departamento, que tiene recursos muy escasos por ser su segundo año de ejecución. Entonces por muy buenas intenciones que haya, por muchos incrementos que año a año pueda tener esa glosa presupuestaria va a ser insuficiente”, dice Rodríguez.

Este déficit de presupuesto según comenta Rodríguez, ha llevado a que las actividades realizadas por el programa sean acotadas a un presupuesto irrisorio. Ante lo que plantea que solo la aplicación de una ley inclusiva con los migrantes podrá hacer que los casos como el de Ernani y Downie, ambos beneficiados por el departamento, no sean excepcionales, sino que una posibilidad presente para cualquier extranjero que llegue a nuestro país con la intención de nutrirlo de nuevas expresiones culturales.
Conciertos propiciados por el CNCA, espacios en televisión, como su aparición en el programa Puro Chile, participar de Lollapalooza 2015, donde cantó junto a Zaturno, y un nuevo disco son algunos de los hitos que han marcado la carrera de Rod Downie desde su llegada de Panamá. Hoy se concentra tanto en su música como en ayudar a quienes empiezan a recorrer su mismo camino.
“Viene de menos a más, va escalando y en un par de meses o años, va a llegar donde él quiere, porque es un muchacho bien esforzado. Siempre empeñoso y decidido”, cuenta Claudio Forde, su compañero en la asociación de Centro América y Panamá en Chile, donde ambos trabajan para ayudar a los nuevos migrantes que arriban a Santiago.

Dyeferson Ernani se encuentra pensando en proyectos a futuro. Volver a Brasil e insertarse en el circuito musical es de las tareas que más le llaman la atención y por lo mismo, está trabajando junto a Tuba Music para regresar a sus tierras como un artista con trayectoria. Además, tiene la idea de crear su propio festival, ya sea con artistas brasileños o inmigrantes. Pero mientras eso no ocurra, Ernani simplemente sigue disfrutando de mostrar su música y de gozar cada momento en el escenario.
Así mismo como lo hizo hace pocas semanas, entra con su guitarra en la espalda, seguido de sus compañeros. En esa ocasión se presentaban en la Florida junto a otros artistas para cerrar un nuevo proceso de las escuelas de rock. El día tenía un cielo cerrado por las nubes y un aire levemente frío corría entre el público.
Dyeferson se para en el escenario, sus manos se ajustan en la guitarra y sus compañeros ya están preparados, empiezan los primeros acordes y su voz se amplifica en el escenario. El viaje acaba de comenzar.
Sobre los autores: Lucas Vergara Vera escribió este reportaje en el curso Taller de Prensa. Las fotos las tomó Macarena Figueroa en su práctica interna. El artículo lo editó Jaime Flores en el Taller de Edición en Prensa.

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