Con el aumento sostenido de cirugías bariátricas en Chile también ha crecido la demanda de procedimientos reconstructivos, que eliminan el exceso de piel tras una baja acelerada de peso. Actualmente, gracias a una mayor cobertura pública de estas intervenciones, más pacientes pueden acceder a ellas.
Por: Emerson Urriola Bustos
Edición: Lucía Figari
Soledad Paredes (42) trabaja hace más de diez años en la Oficina de Informaciones, Reclamos y Sugerencias –OIRS– de la Seremi de Salud. Se mantiene largas jornadas frente a un computador atendiendo asuntos administrativos del servicio público. Durante más de una década padeció obesidad: llegó a pesar 120 kilos, con una estatura de 1.65 metros. En junio de 2024, se sometió a una cirugía bariátrica en la que le extirparon parte del estómago, con el objetivo de reducir su peso. En la actualidad, pesa 75 kilos.
Tras la operación, quedó con un gran exceso de piel en su cuerpo y es por eso que este 2025 quiere someterse a un segundo procedimiento: una intervención reconstructiva. “A veces me miro en el espejo y veo toda esa guatita que me sobra, y ahí me dan ganas de operarme”, comenta. Esta segunda etapa tiene como finalidad eliminar el tejido y grasa sobrante, que queda tras una cirugía bariátrica o la pérdida acelerada de peso por el uso de fármacos como el Ozempic.
Y aunque su caso es personal, forma parte de una tendencia más amplia que los especialistas ya están observando.
El aumento de las intervenciones reconstructivas o cirugías reparadoras está poniendo en evidencia la necesidad médica de pacientes, que tras una operación bariátrica o experimentar una baja acelerada de peso por el uso de fármacos, requieren de una segunda intervención para finalizar una etapa. “Cuando un paciente adelgaza, queda una secuela y esa es la que viene a resolver la etapa de intervenciones reconstructivas”, comenta la cirujana plástica de la Clínica Miguel Claro, Marcela González.
Según la especialista, existe una curva ascendente en la demanda de este tipo de cirugías. “Mientras mayor es el índice de obesidad en el país, el requerimiento de estas intervenciones va a ser mayor”, complementa.
De acuerdo con la Federación Mundial de la Obesidad, Chile encabeza las cifras de obesidad en Sudamérica. En la población adulta, el 32% de los hombres sufre esta condición, mientras que un 43,3% tiene sobrepeso. En el caso de las mujeres adultas, un 43,1% la padece y un 36,4% presenta exceso de masa corporal.
El sobrepeso se diagnostica cuando el índice de masa corporal –IMC– se encuentra entre 25 y 29,9, mientras que la obesidad corresponde a un valor igual o superior a 30. Este indicador se calcula dividiendo el peso en kilogramos por la estatura en metros elevada al cuadrado.
Soledad ya se sometió a una evaluación previa para ver si era una candidata apta para esta intervención reconstructiva. Los resultados fueron positivos: mantiene un peso estable de 75 kilos desde hace seis meses y su IMC es inferior a 30. “Si bien ya ocupo ropa más chica, después de la operación me voy a ver mejor, porque no me va a sobrar la guata de delantal. Tu cuerpo se ve distinto en un espejo, te vas a poder mirar”, menciona Paredes.
Tiene dos hijos y cuida a su madre, quien se encuentra postrada, por lo que este proceso representará un nuevo desafío en su vida: “Estoy decidida, pero igual me frena el tema de mi mamá (…) aunque en mi familia me ayudan a cuidarla, a estar pendiente de que no vaya a pasar algo”.
El auge de las cirugías bariátricas
En 2022, el Fondo Nacional de Salud –Fonasa– incorporó la cobertura de cirugías bariátricas, a través del Bono PAD –Pago Asociado a Diagnóstico–. Esto se hizo con el objetivo de que los afiliados pudieran acceder al procedimiento a un costo significativamente menor, siempre que fueran derivados por un médico y cumplieran con una serie de requisitos.
Entre las condiciones, se establece que los pacientes con enfermedades de base como diabetes o hipertiroidismo deben contar con un IMC entre 35 y 40. Asimismo, los usuarios que no presenten afecciones asociadas deben tener uno superior a 40. Pero la diferencia en el valor de la intervención es significativa. Por ejemplo, según información publicada por la institución de salud UC CHRISTUS en su sitio web, el valor de una cirugía bariátrica sin el copago es de $4.667.000; con Bono PAD, baja a $2.333.800.
“Antes del Bono PAD se hacían 9.000 operaciones al año aproximadamente. Ahora se hacen 26.000”, comenta Matías Sepúlveda, médico cirujano y presidente de la Sociedad Chilena de Cirugía Bariátrica y Metabólica. “Eso significa que muchos más pacientes tienen el acceso económico a poder pagar una cirugía bariátrica, porque es un elemento caro (…) en Chile por lo menos debería seguir aumentando el número de estas por el Bono PAD”, comenta el profesional.
Esta cirugía no es la única que garantiza una baja acelerada de peso. También existen otras alternativas. Una de ellas es el Ozempic, un fármaco recetado a pacientes con diabetes tipo 2 para mejorar el nivel de azúcar en su sangre. Su contenido semaglutido es uno de los factores que ayuda a reducir el apetito en personas que desean adelgazar de forma menos invasiva. Sin embargo, para Sepúlveda: “el Ozempic tiene que usarse permanentemente (…) si usas el medicamento por un año, te puede salir más caro que operarte”.
Según el profesional, esto se debe a que, en el país, el precio de la operación es bastante accesible para los pacientes Fonasa –83% de la población– quienes acceden al tratamiento por Bono PAD. El uso del medicamento puede extenderse de por vida, según han advertido los expertos, y eso es lo que termina encareciendo el proceso. En Chile, Farmacias Ahumada cobra por una caja de este medicamento $223.299 y su cobertura es de seis semanas. “Desde ese punto de vista, la cirugía es mucho más costo-efectiva”, agrega.
Además de los costos asociados a este tratamiento, que debe ser sostenido en el tiempo, Sepúlveda añade: “La mayoría de los pacientes que dejan de usar el medicamento pierden el efecto y vuelven a la obesidad”. Para el profesional, el Ozempic se puede recetar en algunos casos, cuando un usuario cuenta con un peso considerable y se encuentra pronto a someterse a una intervención bariátrica, con el fin de adelgazar de forma más acelerada y así aminorar riesgos que podrían presentarse en el pabellón.
Pero así y todo, el fármaco cuenta con restricciones. No puede ser utilizado por pacientes embarazadas, con cáncer medular de tiroides, cálculos en la vesícula y/o pancreatitis crónicas. En el país, solo se encuentra aprobado por el ISP para pacientes diabéticos. Y aún no está regulado para controlar la baja acelerada de peso.
El peso de la recuperación mental
En la actualidad, la cirugía bariátrica ha dejado de ser vista únicamente como una medida extrema para combatir la obesidad. Cada vez más, se entiende como parte de un tratamiento integral que busca mejorar la salud física y mental de los pacientes. Someterse a la cirugía conlleva riesgos, como complicaciones durante la operación, problemas de cicatrización en el postoperatorio, déficit en la absorción de nutrientes e, incluso el desarrollo de trastornos en la conducta alimentaria o depresión a largo plazo.
Para Sepúlveda, “el impacto de una cirugía siempre es positivo. Los pacientes se sienten mejor, tienen más energía, pueden hacer cosas que antes no hacían”. Según estiman los expertos, entre un 15% y un 40% de los pacientes que se sometieron a una intervención bariátrica recuperan un porcentaje significativo del peso perdido en el mediano o largo plazo.
Andrea Ruiz es psicóloga del programa Subsidios de Salud de la Municipalidad de Las Condes, bajo el que se realizan tratamientos integrales para pacientes que se someterán –o ya se han sometido– a procedimientos bariátricos, a través de un convenio que existe con la Clínica Cordillera. Comenta que “si una persona presenta un trastorno de personalidad importante o un trastorno psicótico o delirante, no puede ser objeto de ninguna intervención”.
Soledad Paredes experimentó dificultades luego de la operación: “Hubo un momento en que yo me pesaba casi todos los días y mi psicóloga me dijo: ‘No, si te vas a pesar, solo debe ser una vez al mes, y ese va a ser tu peso’”. Para Ruiz, las personas que se someten a estas cirugías, “emocionalmente se sacan una tremenda mochila de encima”. La recuperación mental de Paredes le tomó cerca de seis meses: “Cuando uno empieza a recuperar un poco la vida, a comer un poco más normal, ya no odias a la gente. Ahí empecé a querer de nuevo a todas (las personas que me rodean), a mi familia”.
Ximena Martínez, nutricionista, especialista en obesidad e integrante del Centro de Tratamiento de la Obesidad UC CHRISTUS, comenta: “Una expectativa importante que tienen los pacientes es que después de la cirugía van a poder comer de todo”. Y añade: “Yo le asigné un apellido a esto y es comer todo lo que es saludable, adecuado y nutricionalmente aceptado”.
“Cuando viene la etapa de reconstrucción, al paciente lo toma el cirujano plástico con su equipo operatorio. Después de la cirugía, hay un terapeuta o kinesiólogo que va ayudando tanto en el proceso de desinflamación como en el de manejo de las cicatrices”, explica la cirujana plástica Marcela González, sobre cómo se aborda este segundo proceso, que busca completar la transformación física del usuario.
El camino hacia el paso final
Desde abril de 2025, Fonasa cubre la abdominoplastia –un tipo de cirugía reconstructiva– a través de Bono PAD, lo que a partir de este año facilita el acceso a este procedimiento. “La puesta en marcha de este proceso, probablemente muy deseado por la gente, toma un poco de tiempo”, explica la doctora Marcela González.
La Clínica Miguel Claro, donde trabaja González, se encuentra realizando toda la gestión administrativa con Fonasa para poder incorporar las cirugías bajo la modalidad Bono PAD. “El acceso a la reparación nos pone a la vanguardia en cuanto al manejo de la obesidad en Latinoamérica”, explica González.
Según indica Fonasa en su página web, el valor de la abdominoplastia bajo este método es de $1.791.790. “Evidentemente, esto es un anhelo de muchos años de una serie de agrupaciones que existieron (…) intentando que Fonasa le diera cobertura a este tipo de cirugías”, comenta González.
Pablo Contreras, cirujano plástico y miembro de la Clínica WLK, en donde se realizan procedimientos reconstructivos, afirma: “El acompañamiento es con una kinesióloga y el equipo del cirujano plástico”. Por su parte, la doctora González explica que “también uno apoya la parte nutricional con la nutricionista, de manera de que el proceso se dirija hacia el máximo resultado tanto físico como estético”.
“Esperamos tener de aquí a un año más, probablemente unas 500 pacientes operadas”, comenta González sobre la incorporación de la abdominoplastia al Bono PAD. Para Contreras, la tendencia sobre las cirugías reconstructivas es clara: “Yo creo que mientras la gente no sea educada en la manera de comer (…) la tendencia va a seguir al alza”.
Soledad Paredes se ha preparado arduamente para someterse a esta cirugía. Se ejercita seis veces por semana, practica zumba y realiza entrenamiento con pesas. Además, mantiene una dieta estricta: “Lo único que yo siempre me digo es que no hay que decaer en el intento. Hay que darle hasta el final”.
Su familia volverá a ser un pilar primordial en esta segunda etapa, tal como lo fue en la primera. “En un momento (mi esposo) me dijo: ‘Tienes que hacer lo que quieras hacer. Si te vas a sentir bien operada, yo te acompaño y te apoyo en todo’”.
Paredes planea operarse en julio si todo continúa con normalidad. Tiene altas expectativas frente a su transformación física y emocional: “Voy a ser otra Sole, de nuevo. (…) Se va a salir un enano de este cuerpo”.
Por: Emerson Urriola @_.emerson.r
Edición: por Lucía Figari @luciafigaris
Emerson Urriola es estudiante de tercer año de la carrera de Periodismo y Coordinador Financiero del @cecom_uc2025. Realizó su práctica interna en RadioUC en el podcast “A un paso de la guerra: crisis y amistad entre Chile y Argentina”. Es su primera vez publicando en la revista.


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