
Camila Ahrendt nada contra la corriente
La bióloga marina, actual directora científica de Plastic Oceans Chile, protagonista de un documental de National Geographic en 2018, busca regular los plásticos de un sólo uso en nuestro país. Su argumento principal es que en las decisiones diarias de las personas sí se pueden hacer cambios, una bombilla más o una menos, hacen una diferencia según la investigadora.
Por Sofía Norman
Con el par de guantes quirúrgicos que cubren sus manos, Camila Ahrendt toma el pescado, que se encuentra sobre la mesa. Con la ayuda de una tijera, corta al animal por la mitad y sin vacilar, toma sus órganos y los saca. Al vaciar el contenido de su estómago e intestinos aparece lo que estaba buscando: fibras y partículas de microplástico.
Con esta escena comienza el documental de National Geographic Latinoamérica La ruta del plástico. Junto a la periodista argentina Ivana Szerman, Camila acompañó y asesoró al equipo mientras filmaban esta producción que recorrió distintos puntos de Chile. Mediante visitas a la isla de Rapa Nui, el Mercado Central de Santiago y plantas recicladoras de plástico, quisieron mostrar el impacto de este material en las playas, animales y vertederos.
Su pasión por la vida marina comenzó cuando tenía cinco años y se encontraba en una playa llena de rocas junto a su madre. Recuerda que fue a la zonas donde las olas llegan a las rocas y forman pequeños pozos. Levantó las piedras y pequeños animales salieron nadando o corriendo. Camila dice que su mamá la motivó a tomar y tocar esas criaturas. “Me entregó mucha confianza y me hizo amar el mar, desde la exploración y el respeto. Me di cuenta que podía levantar todas las piedras del mundo y encontrar nuevas cosas”, comenta.
A Camila la educaron en un ambiente que le entregó herramientas para que desarrollara su curiosidad. En el colegio tenía modalidades de estudio multidisciplinarias y su familia siempre le dio importancia a que probara cosas nuevas, que cuestionara todo y que tuviera una mente crítica. Nadie en su familia se dedicaba ni se dedica al área científica, siendo su abuela periodista y ambos padres profesionales ligados a las artes.
En 2015, mientras estudiaba Biología Marina en la Universidad Andrés Bello, abrió por primera vez el estómago de un pez . Impactada, se dio cuenta que estaba repleto de plástico. Ese mismo año se realizó el congreso Our Ocean en Chile, donde se reunieron representantes de todo el mundo para hablar sobre los océanos, desde la política y las legislaciones. En ese momento se dio cuenta de que se podían mezclar distintos mundos para proteger el océano, desde lo social, lo económico y lo educativo.
Camila empezó a trabajar mientras preparaba la tesis de su Magíster en Biología Marina de la Universidad Andrés Bello, gestionando proyectos e investigaciones, pero quedó decepcionada. Confiesa que no le gustaba cómo se ejecutaban las cosas. Luego de renunciar, decidió viajar por un par de meses.
Al regreso, encontró dos empleos ideales para ella, a los cuales se dedica hasta hoy, en la revista Endémico y en Plastic Oceans Chile (POF). “Era el escenario perfecto para poder desarrollar las cosas que a mí me hacían sentido, como persona y como profesional”, comenta. En 2017, cuando Mark Minneboo, director ejecutivo de POF Chile, se encontraba presentando un documental, Camila se le acercó y mostró su interés por las ideas que él había presentado. Minneboo, quien llegó desde Holanda hace doce años, se mantuvo en contacto con Camila y se dio cuenta de que ella era la persona indicada para concretar los planes que él tenía: formar un equipo para Plastic Oceans en Chile.
Dentro de POF Chile, Ahrendt se encarga de varios aspectos, incluyendo el área de gestión y la logística para la realización de cortos audiovisuales. Consiste en un trabajo exhaustivo en terreno para luego analizar la evidencia en los laboratorios, aunque no es su lugar favorito. “Tengo poquito de científica, no me gusta estar encerrada”, admite. Junto a Minneboo, aspiran a ampliar el equipo de POF Chile para que cada uno se dedique a su área y no a todos los aspectos de la organización; Minneboo se centraría en el aspecto internacional y el marketing, mientras que Camila en el terreno y los análisis. Su más reciente trabajo audiovisual se titula Eating up easter, y fue estrenado en el Festival de Cine de Valdivia.
Desde entonces han transcurrido ya dos años y en ese tiempo Mark Minneboo y Camila Arhendt han desarrollado una relación muy cercana en torno a la fundación, por lo que varias veces la gente los confunde como pareja. “A veces trabajamos súper intenso, pero como es mi pana también podemos relajarnos. “Soy mejor que ella en decir: Hasta acá no más, vamos a tomarnos una cerveza”, comenta el director holandés. Según Minneboo, ambos se ayudan entre sí para encontrar el equilibrio entre ser ambiciosos y tomar descansos. Sin embargo, como ellos son los que encabezan la organización, ambos concuerdan que muchas veces existen costos en la vida personal.
Camila cuenta que no tiene mucho tiempo para hacer las cosas que le gustan, achinando sus ojos pintados con sombras de color café y con brillos. En Junio, luego de estar una semana en cama con gripe, apenas pudo ir a un bar a escuchar jazz, su música favorita. Ese tiempo de reposo le permitió hacer alguna de las cosas que ha dejado de lado por su trabajo, ya que al menos dos semanas de cada mes se encuentra viajando. Otra de sus pasiones es el dibujo y la pintura, pero su lado perfeccionista la frena un poco, porque nunca siente que son lo suficientemente buenas. “Me hacen falta momentos de relajo y retomar este tipo de cosas que me hacen tan bien. El plan es darle duro en la pega estos años para que después se agrande el equipo y ahí soltar un poco las cosas”, reflexiona la bióloga marina.
Su motivación y la ambición de querer lograr cosas importantes la han llevado a participar, junto con Oceana Chile, en la creación de un proyecto de ley para limitar la generación de productos desechables y regular los plásticos pequeños, que generalmente no son separados en origen ni reciclados.
Minneboo cuenta que en un principio ellos participaron sólo como una asesores, pero mientras trabajaban, se dio cuenta de que “como team estábamos súper alineados y que ésto era mucho más que sólo una consultoría”. Tras una investigación sobre la situación de los plásticos de un sólo uso en Chile y sobre las legislaciones de otros países que ya han regulado este tema, se presentó el proyecto ante el Congreso. Luego de la discusión en la Comisión de Medio Ambiente y Bienes Nacionales del Senado, el día dos de julio de 2018, se llegó al acuerdo de solicitar a la sala la autorización para discutir en general y en particular los proyectos.
Cuando la bióloga se encontraba en Antofagasta durante el primer fin de semana de junio, al llegar al litoral que iban a limpiar se sorprendió: nunca había visto una playa tan contaminada y llena de plástico, ni siquiera en Asia, donde el problema también es crítico, según cuenta. Debido a esta situación, Ahrendt ya no come productos del mar, pese a ser sus favoritos, pues sabe que 114 especies han sido registradas con microplástico en sus órganos interiores. Además, Camila realiza sus compras en locales a granel o en ferias, donde los empaques plásticos no existen. No pisa los supermercados.
Camila cree que sí existe una esperanza de que la situación del plástico en el mar se pueda revertir. “La gente piensa que una bombilla más no importa, pero sí importa. Es la masa la que hace que se creen más políticas públicas, que la industria cambie su línea. Si la gente entendiera el peso que tiene dentro de los modelos económicos y políticos, el mundo sería otro. La gente todavía no logra enchufarse y creerse el cuento, somos muy poderosos”, concluye.
Una de las metas que tienen como organización está relacionada con trabajos internacionales, levantando información del plástico en otros países, como Colombia, y así mostrar la envergadura del problema. “Mi sueño es que la fundación sea un puente entre diferentes esferas que generalmente no hablan mucho entre sí, pero que nosotros podemos unir en torno al buen manejo de los plásticos, la educación, lo medioambiental, a la legislación y lo científico”, expone Camila.
Sobre la autora: Sofía Norman es estudiante de cuarto año de Periodismo y escribió este perfil para el curso Taller de Prensa. Fue editado por Ignacia Munita, Belén del Castillo y Javiera Uribe en el Taller de Edición en Prensa.

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