
Bolsonaro, el porqué de Brasil
Jair Bolsonaro, ex militar de ultra derecha, obtuvo la mayoría de los votos en la elección presidencial de Brasil el domingo 28 de octubre. Luego de una campaña electoral que por sus extravagantes dichos ha logrado mantener fija en él la mirada del mundo, los analistas señalan a la economía, la desconfianza y la violencia como detonantes de su triunfo.
Por Sofía Nazal
“Si veo a dos hombres besándose en la calle los voy a golpear”, afirmaba Jair Bolsonaro, el recién electo Presidente de Brasil, durante una entrevista en 2002. Su estilo de confrontación no impidió que este domingo se hiciera con el 55,1% de los votos de la octava mayor economía del mundo que dirigirá durante los próximos cuatro años. Con un 44,9%, en cambio, perdió su contrincante Fernando Haddad del Partido de los Trabajadores, conglomerado que llevaba 13 años en el poder.
Fue una campaña muy polarizada, donde la principal batalla, la segunda vuelta, la ganó Bolsonaro (Partido Social Liberal), descendiente de italianos y ex oficial del ejército, que aprovechando las redes sociales se ha hecho mundialmente conocido por sus dichos homófobos y racistas y por recibir una puñalada durante su campaña que le permitió una subida de dos puntos porcentuales en la encuestaDatafolha del 10 de septiembre.
El exmilitar de 63 años estuvo en el Congreso durante 27 años y sólo dos de sus proyectos fueron aprobados. Luego de pasar por ocho conglomerados, en enero de 2018 decidió unirse al Partido Social Liberal (PSL). Su presencia en el PSL provocó un giro conservador dentro del conglomerado. Así lo explica Diogo Costa, analista de la Fundación Índigo de Políticas Públicas y ex miembro del PSL: “El Partido Social Liberal no era ideológicamente consistente antes de Bolsonaro, nosotros, los liberales, nos retiramos del partido cuando Bolsonaro se hizo parte de él, y cuando se unió, el conglomerado se convirtió en lo que es hoy, de conservadurismo reaccionario”.
Su rival de la segunda vuelta fue Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores), ex ministro de Educación de Lula Da Silva, que pese a sus esfuerzos durante la segunda vuelta, no logró desvincularse de la imagen del ex presidente.
Sale Lula, entra Haddad
¿Cómo llegó Haddad acá? Todo empezó cuando el Tribunal Electoral decidió, que el ex presidente no podía presentarse como candidato por estar condenado a 12 años y un mes de prisión. En consecuencia, el Partido de los Trabajadores no tuvo más remedio que buscar una alternativa, por lo que decidió alzar a Fernando Haddad como su candidato, el ex-alcalde de Sao Paulo. Pero antes de la decisión del Tribunal, el 31 de octubre de este año, Lula lideraba las encuestas con un 33% de intención de voto, según señala la encuesta de Ibope para la Confederación Nacional de Industrias (CNI), a diferencia del 15% que tenía en ese entonces el actual presidente.
Haddad vs. Lula
Si hay algo que ha sido difícil para Haddad fue separar su imagen de la del ex presidente Da Silva, ya que aunque intentaba mostrar un discurso anticorrupción, nunca dejaban de preguntarle acerca de los sobornos a los que cedió Lula Da Silva. Si bien ser su sucesor en un principio significaba que heredaría todos los votos de Lula, líder en las encuestas, con el tiempo eso comenzó a jugarle en contra. “Lula se convirtió en un obstáculo para llegar al votante de centro y al que estaba enojado con todo lo que estaba ocurriendo”, afirma Barreto.
Para la segunda vuelta, en la que Haddad necesitaba convocar los votos del resto de los candidatos de izquierda, intentó desligarse de Lula cambiando por completo su logo y colores. Axel Callís, sociólogo y fundador de Electoral.cl, página web que elabora información política de actualidad, explica que en las elecciones, Haddad ha estado obligado a referirse una y otra vez a los problemas de corrupción que han ocurrido dentro del Partido de los Trabajadores, lo que lo llevó a dar un giro a su campaña en la segunda vuelta, donde comenzó a ofrecer un pacto de lucha anticorrupción “mucho más frontal”. Todo esto con el mismo objetivo: distanciarse de Lula.
Diogo Costa de la Fundación Indigo de Políticas Públicas, agrega que este cambio en su programa no logró su objetivo: “Por esto Haddad no pudo atraer a nadie, intentó ser un líder y no lo logró. Haddad no pudo esconder a Lula de su campaña y por eso tenemos esta sensación de vacío”. Costa asegura que el cambio se produjo cuando Haddad vio que no iba a ser capaz de ganar jugando la carta de Lula. Un dato revelador es que Haddad dejó su costumbre de ir a ver a Lula todos los lunes a la cárcel durante la segunda vuelta.
Economía
Durante dos años el país sufrió una caída del 3,5% del PIB y en 2017 creció 1%. Hoy la bolsa brasilera muestra que mientras muchas tambaleaban con importantes caídas durante la semana pasada, en Brasil hubo un alza de un 14% en dólares. Carlos Martínez es un economista que trabaja en Vantrust Capital, corredora de bolsa. Afirma que tras la primera vuelta el contar con Bolsonaro como candidato presidencial hizo que Brasil se viera fuerte en economía, lo que asegura que se vio reflejado en los mercados, ya que el inversionista global volvió a invertir en Brasil. “Lo que provocó una apreciación de su moneda en 9.5% aproximadamente”, explica el economista.
Según Martínez esto tiene repercusiones para toda el área que se encuentra a su alrededor, incluyendo a Chile. Explica que ahora el país va a poder trabajar más en conjunto con Brasil y de esta manera tener un apoyo mutuo: “Para los presidentes de un mismo lado político es más fácil apoyarse cuando se piensa en la misma línea”, argumenta.
Política
Los dichos del nuevo presidente a lo largo de su vida política provocaron durante la campaña electoral la mayor movilización de mujeres en la historia de Brasil, que junto a stickers y pancartas se reunieron en su contra bajo la consigna de “#Ele Ñao”, que se traduce como: “Él no”. Manifestación a la que se unieron sindicatos, estudiantes y movimientos anti discriminación.
Leonardo Barreto, cientista político, asegura que el triunfo del ex militar tiene que ver con la crisis de confianza en las instituciones que se vive hoy en Brasil. Tras la condena de Lula Da Silva y la destitución de Dilma Rousseff, se perdió la confianza en lo económico y valórico. “Las personas ya no confían en las instituciones tradicionales, a pesar de esto elejército sigue siendo respetado y había ciertas ganas de darle poder a esta institución, cosa que se veía como una opción con Bolsonaro”, explica Barreto, en otras palabras, las personas querían un cambio y vieron en Bolsonaro la posibilidad de que se realizara.
“Bolsonaro no está sólo recordando que él fue un militar, sino también ha dicho que nombrará a militares para posiciones importantes dentro del gobierno”, explica Leonardo Barreto. Uno de los nombres es el general retirado que asumirá la vicepresidencia, Hamilton Mourão. “Representa un acto de autodefensa en contra de los sistemas políticos”, añade Barreto. Diogo Costa, analista de la Fundación Índigo de Políticas Públicas, coincide con que hay una falta de confianza en las instituciones. El Congreso Nacional y los partidos políticos tienen un 60% de desconfianza dentro de los brasileros, en cambio las fuerzas armadas tienen 78% de confianza según una encuesta Datafolha de 2017.
El país se ha visto azotado por un alto grado de violencia y poca seguridad. Se convirtió en el país con mayor número de ciudades violentas según el Ranking de Ciudades 2017 del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública, que afirmó que de las 50 ciudades más peligrosas del mundo, 17 son brasileras. “Muchas personas quieren ley y orden y los militares están asociados a eso”, afirma Costa.
Bolsonaro y Trump
Muchos ven una similitud entre Bolsonaro y Trump. Barreto explica que lo que tienen en común se ve reflejado en un sentimiento nacionalista, con ganas de promover el lado más conservador, valórico, moral y espiritual. “Se piensa que esto puede ser una respuesta hacia lo que es la globalización, el progreso dice que la globalización elimina los vínculos entre las personas y la identidad de su propio país” asegura, el analista.
Aunque también existen diferencias. “Trump siempre fue un hombre de negocios, mientras que Bolsonaro fue desde el principio un servidor público, además de militar, estuvo en el ejército desde los 17 hasta los 30 años”, afirma Leonardo Barreto. Sin embargo, mientras que Trump se mantuvo siempre lejos de la política, antes de ser candidato Bolsonaro llevaba siete períodos siendo parlamentario. Según Barreto esto explica el foco que cada uno le quiere poner a su gobierno: Trump da mucho énfasis a la economía mientras que Bolsonaro a los militares.
Barreto asegura que el nuevo presidente no es un liberal como Trump, y que solamente comenzó a defender la agenda liberal hace dos años. El analista cuenta que hace poco estuvo hablando con uno de los asesores políticos del presidente que le dijo que el ultraderechista era un “liberal en progreso”, en el plano económico.
El ex militar se hace con el poder de Brasil luego de compartir diferentes proyectos que como un eco han resonado a través del mundo durante las campañas presidenciales. Así lo han hecho su plan de salir de la ONU, entregar inmunidad a los policías ante faltas y crímenes que hayan cometido durante horas de servicio, calificar la invasión de propiedades privadas urbanas y rurales como terrorismo y poner menos límites a la posesión de armas. Muchas de ellas tienen como foco disminuir la violencia que sufre el país.
Chile será el primer país que recibirá al nuevo presidente brasilero, eso le comunicó Bolsonaro al hablar por teléfono con el presidente chileno Sebastián Piñera que lo llamó a las 11:18 horas del lunes, instancia en la que hablaron de un corredor bioceánico que uniría el Atlántico con puertos chilenos.
Sobre la autora: Sofía Nazal es estudiante de Periodismo y escribió este artículo como parte de su práctica interna en Km Cero. María Arriagada estudia Periodismo y editó este reportaje en el Taller de Edición en Prensa.

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