Acorde al sentido

May 18, 2017

Fotos gentileza de Gabriel Ducros.

Acorde al sentido

Esteban González es director de orquesta, pero dirige sin las manos. Tampoco le da la espalda al público. En cambio, se sienta con sus músicos mientras toca la guitarra. Una nota para los violines y otra para las congas. Un tono para partir y otra para terminar. Es la Orquesta nacional de ciegos de Chile, con 12 músicos y 13 años de trayectoria. Por ahora gestionan los conciertos gracias al apoyo de la gestora cultural Co-Crea, en el futuro esperan no depender de nadie.

Por Sofía Maluenda

Los músicos entran en fila con la mano derecha sobre el hombro de su compañero que camina al frente y la mano izquierda firme con el estuche de su instrumento. Esa noche, una persona encargada de la producción guía la fila por delante. “Cuidado con el escalón”, les dice, mientras los lleva hacia una mesa para que se sienten y dejen su instrumento hasta que comience el concierto. Todos visten igual. Una camisa azul de satín abrochada como banda tropical, los pantalones negros impecables. Lo mismo los zapatos.

Fue en 2004 en la Escuela de Ciegos Santa Lucía de la comuna La Cisterna donde en un taller de coro el profesor Esteban González conoció a un grupo de jóvenes con ganas de aprender música, pero sin recursos para comprar instrumentos. Entonces, no había nombre, ni vestuario o elementos. Los primeros implementos los compraron haciendo bingos.

“Yo les decía, ustedes ya son ciegos y a mí no me importa que lo sean. Entonces, no quiero que se quejen, a mí me dan lo mismo sus sufrimientos. Yo quiero que toquen”, cuenta el director de la orquesta Esteban González.

En 2009 el profesor fue desligado de la escuela por diferencias con la institución. “Yo no pude hacer las planificaciones que piden en los colegios, porque no sabía qué iba a hacer, estaba explorando. Cuando tú estás descubriendo algo no puedes planear”, explica González. Sin embargo, las ganas de seguir con el proyecto que había empezado continuaron. Con su finiquito compró instrumentos para el grupo y obtuvo personalidad jurídica para el conjunto, lo que les permitió constituirse y adquirir un nombre ante la ley. Cinco años más tarde, ese taller de coro en La Cisterna sería conocido oficialmente como la Orquesta nacional de ciegos de Chile.

“Yo les decía, ustedes ya son ciegos y a mí no me importa que lo sean. Entonces, no quiero que se quejen, a mí me dan lo mismo sus sufrimientos. Yo quiero que toquen”, cuenta González. Muchos se acercaban a contarle sus problemas, él decía que no quería escucharlos, que solo se preocuparan de tocar. El grupo hoy cuenta con un conjunto estable de 12 músicos y dan un promedio de tres a cuatro conciertos por mes. Algunos se fueron, otros se incorporaron, pero todos están de acuerdo en que hace dos años, se estableció el grupo que está realmente comprometido con profesionalizarse, que estuvo dispuesto a trabajar de manera responsable y asistir a todos los conciertos.

Simón Aguilera (26) es el baterista y asistente de dirección de la orquesta. Aunque tiene catarata congénita, todavía mantiene un poco de visión y, por lo mismo, puede asistir a González y, por ejemplo, hablar por WhatsApp. Solo tiene que tener la letra muy grande y acercar el celular a su cara. Llegó en 2006 a la escuela y al ver la orquesta en acción, quiso entrar. Siempre le había gustado la música. Su mamá le regaló un teclado cuando pequeño, pero al llegar a la escuela decidió que quería tocar la batería y ahí aprendió. Le encantaban Los Prisioneros, sus tíos le ponían canciones de la banda de San Miguel y él intentaba seguir el ritmo golpeándo unos tarros. Hoy se preocupa de actualizar las redes sociales de la orquesta, que cuenta con una página en Facebook y un sitio web, además de ayudar al “profe”, como le dicen a González, con la gestión del grupo. “El día más feliz de mi vida es cuando me subo al escenario, sin duda. Uno se siente tan bien, te sientes realizado como persona. Ahí toda la discapacidad y todas estas cuestiones se olvidan. Uno se siente persona, ¿cachai?”, dice el baterista.

La orquesta la conforman 12 músicos que interpretan un total de 10 instrumentos diferentes.

Inger Urrutia, Sebastián Vergara y Renato Villagra en los violines; Manuel Rivadeneria en el clarinete; Carolina Cordero, la más joven con 18 años, en la flauta traversa; Adolfo Fernández en el bajo eléctrico; Giovanni Torres en el saxofón de 38 años, el mayor del grupo; Daniel Ñancucheo y Francisco Contreras en las trompetas; Alejandro Montecinos en las congas; Simón Aguilera en la batería y canto y Fernando Opazo en el contrabajo y el acordeón.

Unos nacieron ciegos y otros perdieron la vista en el camino. Algunos son padres. Algunos trabajan además de tocar. La flauta traversa tiene un solo pulmón por una malformación congénita y además es ciega de nacimiento; las congas es analfabeto; el primer violín, tuvo una traqueotomía; el saxofón quedó ciego hace cuatro años por causas que prefiere no revelar; el bajo perdió un ojo cuando lo quemaron en la incubadora y el otro a los siete años por un pelotazo; una de las trompetas tiene esclerosis múltiple y a la otra tompeta insisten en robarle su instrumento en su barrio en Renca.