El silencioso auge de la iglesia coreana en Chile

Oct 25, 2026

Llegó a Chile en 2003 y hoy tiene ocho templos y 28 sucursales. Quienes salieron cuentan que se les exigía el 10% de todo lo que recibían: sueldo, regalos, préstamos además de debían detallar sus rutinas, sus amistades y sus finanzas. ¿Cómo es vivir dentro de la Iglesia de Dios Madre?

Por: Isidora Ayala

Edición: Isidora Arias

“¿Está bautizada?” le preguntaron a Bárbara Chaparro (28) cuando salía del Mallplaza Egaña en La Reina en diciembre de 2019. Había puesto fin a una relación de pareja recientemente y pensó que aprender de Dios le haría bien. Le ofrecieron bautizarse inmediatamente: “Lo vi como una oportunidad y acepté”, explica. Mientras caminaban, Chaparro les contaba a las hermanas sobre su vida: qué estudiaba, en qué trabajaba y dónde vivía. Ellas, a cambio, le explicaban en qué consistía su fe. 

Dangelo Ramírez (35) empezó a asistir a las reuniones de la Iglesia en Buin por recomendación de un amigo y su inducción fue rápida: “Dentro de un mes me enseñaron toda la teoría y dijeron que debía bautizarme”.  

Diego Iturra (28) , en cambio, no se unió pero al menos cuatro miembros de su familia sí y se ha dado cuenta del cambio, sobre todo el de su tía. “Nuestras conversaciones se volcaron por entero a su religión”. 

Quienes hablan de esta iglesia, no se refieren ni a la iglesia Católica, ni la Evangélica ni la Mormona. Esta es una religión coreana presente silenciosamente en varias comunas del país. Según la Revista Mensual Joongang, propia de la Iglesia de Dios Madre, la organización está presente en 175 países y cuenta con 3,92 millones de miembros en el mundo. En Chile se estableció por primera vez en 2003 en la comuna de La Cisterna, mismo año en que obtuvo su personalidad jurídica. En junio de 2013 se expandió. 

Bárbara Chaparro cuenta que el grupo que se le acercó a las afueras del mall le inspiró confianza. Eran casi solo mujeres jóvenes, de alrededor de 30 años, y un hombre. Cuando llegaron a la capilla  le hicieron quitarse la ropa y ponerse un traje azul: “Era ropa desechable, como si hicieran un bautizo exprés. Ya con la túnica puesta empezaron a rezar en coreano”, recuerda. Participó en la iglesia hasta marzo de 2020. 

Cuando no podía asistir al culto, debido a los horarios de su trabajo, las hermanas se ofrecían a ir a verla a su casa: “Dicen que tienes que ir el día sábado sí o sí para salvarte”, explica. Chaparro cuenta que dejó de asistir porque se sentía hipócrita: “Para qué iba a seguir yendo si no soy una santa; carreteo, fumo marihuana. Yo iba solo a estudiar”. 

Antonia Valencia, estudiante de la Universidad Católica, comentó en el grupo de Facebook Estudiantes UC sobre su experiencia con la iglesia en el campus San Joaquín: “En la entrada estaban dos mujeres coreanas y una chilena, las escuché por curiosidad y porque no sé decir no”. Valencia cuenta que fue ahí cuando las mujeres le ofrecieron bautizarse: “Querían llevarme en uber a su iglesia, obviamente dije que no y me fui”. Porque lo primero que pensó Valencia fue que querían secuestrarla.

Lo que pasa dentro del templo

La Iglesia de Dios Madre cuenta con ocho templos principales y 28 sucursales en el país, según su página web. Por ejemplo, su sede en La Cisterna tiene un santuario principal, un santuario pequeño, salas de estudio, salón multipropósito, cafetería y otras habitaciones.

Esta no es la primera iglesia en Chile en adorar a dioses coreanos. La Iglesia de la Unificación, conocida internacionalmente como secta Moon, llegó a Chile en 1975 y se le concedió personalidad jurídica en 1976. En 2003 la Iglesia de la Unificación se convirtió en la primera y única en el país a la que se le ha revocado la personalidad jurídica desde la promulgación de la Ley de Culto en 1999. 

Diego Iturra ha notado el tono fatalista que ha adoptado su tía después de que se unió: “Siempre ha sido cariñosa conmigo, pero se ha vuelto más temerosa y le preocupa mucho el fin del mundo”. Cuenta que ella incluso tiene miedo de estudiar la Biblia porque dice que, si lee mal una coma o le cambia el sentido a una frase, se irá al infierno. 

Le ha contado a su sobrino cosas como que, el día anterior al terremoto en Venezuela, ella había dicho que ocurriría una catástrofe: “Todos los acontecimientos a nivel mundial los interpreta de tal forma que favorezcan su creencia. Dice que solo se salvarán quienes sigan a Dios Madre”. 

Dangelo Ramírez comenta que el apocalipsis era  un tema que aparecía prácticamente en todas las juntas: “Tratan de meter miedo para que uno llame a más familiares y que se integren a la iglesia para también poder salvarse”, agrega. No fue hasta después de su bautismo que empezaron a hablarle de Ahn Sahng-hong y Zahng Gil-jah, el coreano fundador de la Iglesia de Dios Testigos de Jesús y la misionera  autoproclamada como su esposa espiritual. Aseguró que, en realidad, él representaba la segunda venida de Cristo, Dios Padre, y que por ende ella era Dios Madre. “Te empiezan a enseñar esas cosas y otras que van haciendo ruido porque no concuerdan con lo que predican”, dice. 

La historia se cuenta así: en 1964 cuando, dos años después de ser expulsado de la Iglesia Adventista del Séptimo Día por creer que Dios vendría a la tierra en la siguiente década, el coreano Ahn Sahng-hong fundó en Busan la Iglesia de Dios Testigos de Jesús. Al morir en 1985, la organización se dividió. Su esposa e hijos continuaron con la difusión de su doctrina, mientras que la misionera Zahng Gil-jah se auto proclamó su esposa espiritual. Aseguró que, en realidad, él representaba la segunda venida de Cristo, Dios Padre, y que por ende ella era Dios Madre. Bajo esta nueva creencia fundó la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial (en adelante Iglesia de Dios Madre). Hoy esa institución es liderada por ella y el Primer Pastor Kim Joo-cheol.

Ramírez reconoce que tras investigar por su propia cuenta, le dejó de hacer sentido la teoría de la iglesia. Estando dentro, cuenta que la vida pública y privada eran una sola: “Ansiaban saber en qué trabajaba, qué hacía después del horario de trabajo y los fines de semana. Querían conocer mi situación financiera, mis amistades, dónde iba y dónde no. Ellos querían estar allí también”. La exigencia del diezmo, dice Ramírez, también era estricta: “En las iglesias normalmente es el 1% del sueldo. Aquí era literalmente el 10%, y no solo de lo que uno ganaba trabajando, también de regalos, préstamos y ayudas familiares”. Recuerda haber donado entre 20.000 y 30.000 pesos mensuales durante un año. 

La exportación del Korean dream 

Según el Censo 2024, el 25,8% de las personas de 15 años o más declara no tener una religión o credo. Maureen Neckelmann, académica de la Universidad Católica y especialista en sociología de la religión, habla del surgimiento de iglesias como la de Dios Madre en respuesta a la crisis de la fe en América Latina. Asegura que las instituciones religiosas tradicionales han perdido la capacidad de responder a las expectativas de la población: “Esto no significa que las creencias desaparezcan, sino que el mapa religioso se fragmenta, se abre espacio al pluralismo y a la pertenencia electiva”.

El coordinador del Programa de Estudios Coreanos del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Camilo Aguirre, cuenta que cuando estuvo de intercambio en Corea del Sur conoció a la Iglesia de Dios Madre en el campus de su universidad “A mí no me interesaba involucrarme con iglesias, no obstante, varios estudiantes extranjeros terminaban siendo ‘reclutados’ como una forma de poder adaptarse a la sociedad coreana”.

Aguirre también explica el impacto que ha tenido la cultura coreana en Chile: “Es profundo, aunque todavía de nicho”. “Para muchas personas que se han expuesto a esta cultura, Corea ha terminado convirtiéndose en una suerte de Korean Dream”, dice.

En Chile no existe una ley específica que aborde las sectas. La Ley de Culto protege la libertad de creencias y reconoce el derecho de las personas a profesar la religión que elijan. Las iglesias y organizaciones religiosas pueden funcionar mientras respeten la legislación vigente; es decir, si alguno de sus integrantes o la institución comete un delito, el Estado puede investigar y sancionar con normalidad.

Juan Guillermo Prado, investigador y escritor del estudio La fe de los coreanos en Chile, explica el fenómeno: “Hay una serie de sectas coreanas, como la Iglesia de la Unificación o la Iglesia de Dios Madre, que dan una visión absolutamente distorsionada del cristianismo tradicional”. Agrega que estos grupos “realizan un intenso proselitismo” para captar seguidores de su doctrina.

Neckelmann define las sectas como “organizaciones que expresan una fuerte tensión con el mundo exterior o la cultura dominante”. La  palabra suele tener una connotación negativa y asociada al peligro, pero que no aplica en todos los sentidos. Históricamente, explica, las sectas han apuntado a los grupos más vulnerables de la sociedad, porque requieren una adherencia total que transforma por completo la forma de vivir: “La secta exige un mundo aparte. Esta dinámica se vuelve compleja si la persona ya está muy integrada en la sociedad”.

Para Dangelo Ramírez, abandonar la comunidad fue un proceso difícil: “Dejé de participar seis meses después del bautizo, pero logré salir definitivamente en un año y medio”. Se demoró por el acoso constante que recibía por parte de los miembros para que volviera: “Era desesperante, me vine a vivir de Buin a Chimbarongo porque no aguantaba más”.

La esposa del primo de Diego Iturra fue la primera en entrar a la iglesia, según él, por curiosidad tras ser “reclutada” fuera del metro. Luego ella convenció a su primo y a su tía de unirse. “Fue de a poco, pasó muy desapercibido en la familia hasta que mi tía se metió de lleno”, explica Iturra.

Cerca del centro de estudios bíblicos de La Florida, en las afueras del metro Trinidad,  Darío Cabrera, miembro de la iglesia, cuenta que esta  es una iglesia “polémica”. “Lo mencioné porque algunas personas tienen opiniones negativas acerca de la Iglesia de Dios”, explica. Cabrera agrega que “No toda la información que se puede encontrar acerca de la iglesia es necesariamente correcta o está basada en evidencias”, incluso, según él, en algunos casos la información puede estar influenciada por prejuicios, interpretaciones parciales o ideas extremas.

Diego Iturra sigue viendo a su tía. La relación es cariñosa, pero él no deja de preocuparse: la escucha hablar del fin del mundo y del miedo a leer mal una coma de la Biblia. «Si ese patrón se repite en otras personas, creo que es preocupante en una organización tan cerrada como esta», dice.

Mientras todo eso ocurre, a la salida de un mall, de una estación de metro o de un campus universitario, alguien vuelve a acercarse con la misma pregunta: «¿Está bautizada?».

Comentarios

0 comentarios