En 22 años, casi 23 mil docentes menores de 40 años han abandonado el sistema educativo en Chile. En medio de una crisis marcada por el desgaste, la violencia escolar y la falta de apoyo institucional, son los propios profesores quienes están buscando alternativas fuera del aula e, incluso, alentando a otros a seguir el mismo camino a través de comunidades donde comparten sus experiencias.
Por: Silvia Matamala
Edición: Constanza Mora
“La educación opera desde la escasez. Nunca hay tiempo. Nunca hay dinero suficiente. Siempre falta algo. Si estás agotada, si lloras los domingos, si no te queda nada para los tuyos…eso no es vocación”, escribía Marianela Salazar (34) en una de las publicaciones de su cuenta de Instagram, donde acumula más de 38 mil seguidores.
Salazar es profesora de educación básica y enseñó durante diez años en colegios de la región del Biobío. “Lo único que sabía era que quería renunciar”, dice sobre su experiencia en el aula marcada por un desgaste que, según cuenta, se fue instalando con el tiempo. Contratos inestables, tensiones en los equipos de trabajo y episodios de violencia comenzaron a formar parte de su experiencia cotidiana.
Su caso ocurre en un contexto en que la violencia escolar ha vuelto a instalarse en el debate público. En los últimos meses, amenazas de tiroteos, mensajes anónimos y episodios con armas han obligado a suspender clases en decenas de establecimientos a lo largo del país.
Según cifras del Ministerio de Educación (Mineduc), más de 60 colegios habían interrumpido sus actividades entre marzo y abril por este tipo de situaciones. El escenario se da a pocos meses del ataque ocurrido el 27 de marzo en un establecimiento de Calama, que dejó una inspectora fallecida y varias personas heridas.
“Tienes alumnos sin respeto, que te gritan, te insultan, te graban, se burlan de ti, te hacen bullying. Es muy difícil”, afirma Salazar.
En Chile, 169 mil profesores ejercen en educación básica y media. Según el centro de estudios Horizontal, entre 2003 y 2025, casi 23 mil docentes menores de 40 años han abandonado el sistema educativo. El 76% no superó los cinco años de experiencia.
Durante sus últimos años en el aula, Salazar trabajó en un colegio público e intentó sostener su labor en medio de condiciones que, según relata, excedían lo pedagógico. “Sufrí mucho por situaciones que yo no podía cambiar, por situaciones que ves en los niños que no puedes cambiar, situaciones familiares en las que no te puedes meter”, recuerda. Con el tiempo, dice, el escenario se volvió insostenible: “En ese momento de mi vida dije: ‘Ya está, ya no puedo. Yo sola no puedo hacer esto’”. En 2022, la profesora decidió renunciar definitivamente.
La decisión fue abrupta. “De un día para otro renuncié”, cuenta. Fuera del aula, comenzó a compartir su experiencia en redes sociales con otros docentes que atravesaban situaciones similares. Así surgió Quiero Colgar el Delantal en su Instagram @soy.marianela.salazar, una iniciativa en la que orienta a profesores que evalúan dejar la docencia. A través de sesiones grupales, entrega herramientas para explorar alternativas laborales, apoyar la búsqueda de empleo y generar ingresos fuera del sistema escolar. “Esto lo hice porque existe un problema”, señala.
¿Vocación?
“Retírense ahora que pueden”, les decía Nataly Lagos (38) a los estudiantes en práctica que guiaba entre 2011 y 2024. Lagos es profesora de inglés y se tituló con la especialidad de Enseñanza Media. Durante 15 años ejerció en dos colegios en la región de La Araucanía.
En febrero de 2025, cuando se dio cuenta de que la vuelta a clases se acercaba, tomó una decisión: no volvería más. El desgaste, cuenta, venía acumulándose desde 2017: “Empecé a sentir que todo se desmoronaba por sobrecarga laboral. Ya no me sentía apoyada ni cómoda dentro de la sala, me sentí abandonada”.
Incluso llegó a pensar que “entre trabajar en una cárcel e ir a un colegio no había mucha diferencia”. Fue en ese periodo cuando encontró el Instagram de Salazar, donde otros profesores compartían experiencias similares. “La deserción docente es un tema que nadie ha querido visibilizar y que va a ser un tremendo problema más adelante”, afirma.
Su relación con la docencia no siempre estuvo marcada por este escenario. En sus primeros años como profesora, Lagos motivaba a sus estudiantes para participar en concursos externos. Al estar en pueblos lejanos a la ciudad de Temuco, buscaba que sus alumnos conocieran otras realidades y participaran en actividades fuera del colegio. “Al comienzo lo que más me gustaba era ver el avance de los estudiantes. Ver sus logros. Era muy feliz en mi trabajo. Me encantaba ir”, recuerda.
Marianela Salazar compartía el mismo entusiasmo. Recuerda sus diez años ejerciendo como profesora y cómo buscaba innovar sus clases con juegos didácticos y tecnología. “Todos llegamos con esa motivación de querer cambiar el mundo, de querer hacer todo mejor”, comenta.
Según un análisis realizado por el Centro de Estudios del Mineduc, en 2018 la cantidad de matrículas en carreras de pedagogía alcanzó los 15.540 estudiantes. Sin embargo, en los cuatro años posteriores la cantidad de estudiantes disminuyó en un 43%, cayendo a 8.813 matriculados en 2022. Aunque hubo una leve alza en 2023 y 2024, para 2025, la matrícula volvió a bajar un 1,5%. Son 13 las carreras relacionadas a la pedagogía que cerraron su admisión 2026 en cinco universidades: Universidad De Las Américas, Universidad de Playa Ancha, Universidad San Sebastián, Universidad Mayor y la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
A esta baja se suma un endurecimiento en los requisitos de ingreso. La Ley de Desarrollo Profesional Docente fijó un aumento gradual del puntaje mínimo para estudiar pedagogía: de 502 puntos en 2025 a 626 en 2030. Aunque el Congreso suavizó la transición —el puntaje subió a 543 para la admisión 2026—, el efecto ya se hizo sentir: la matrícula en carreras de pedagogía cayó un 12,4% respecto del año anterior.»
Las condiciones de acceso no son el único punto de tensión. Para quienes están dentro del sistema escolar, la experiencia en el aula también se ha ido transformando en un factor de desmotivación.
Para Lagos, el poco apoyo que recibía de parte de sus jefaturas no fue el único desencadenante de su salida. “Mi trabajo como profesora me terminó enfermando”, asegura. Hace tres años que la profesora se encuentra en un tratamiento psicológico-psiquiátrico: “Yo no dormía, tenía dolor de cabeza, dolor de estómago, mucha angustia. Fue como un llamado de emergencia”.
Asimismo, Salazar estuvo un tiempo con licencias psiquiátricas al padecer una depresión con ideaciones suicidas que la obligaban a tomar ansiolíticos y antidepresivos. “El alivio que se siente salir de una situación tóxica. Te vuelve a la vida”, confiesa.
Según el Índice Nacional de Bienestar Docente 2025, más del 56% de los profesores ha experimentado malestar emocional y un agotamiento psicológico, mientras que un 30% reporta síntomas asociados al estrés crónico, ansiedad o depresión. Manuel Cuevas, psicólogo social y asesor en convivencia escolar y salud mental en el trabajo, afirma que a los profesores se les fuerza a reprimir sus emociones. Advierte que los docentes deben enfrentar las exigencias psicológicas que los obligan a estar atentos todo el tiempo dentro de la sala de clases.
“La vocación cambia”, reflexiona Marianela Salazar. “Por más que nos hagan creer que debemos inmolarnos por nuestra vocación, ese no es el pago que necesitamos. Yo no vivo de vocación”.
Un sueño colectivo
N.A. (34), quien pidió resguardar su identidad por motivos laborales, es profesora y sigue dentro del sistema. Estudió Psicopedagogía, luego Pedagogía en Educación Diferencial y ha trabajado en diez establecimientos de la región Metropolitana.
En julio de 2025, un estudiante la amenazó. Le dijo que le “iba a hacer la vida imposible”. N.A. quedó con una depresión grave y tuvo que presentar licencias médicas. Desde ese episodio, asegura que su relación con la docencia cambió. “Yo desde ese día no quiero volver a la pedagogía. Estoy haciendo todo lo posible para salir”, afirma.
El desgaste ya venía acumulándose hace años, hasta que llegó a un punto de quiebre: “A mí me aburrió el sistema. Me aburrió sentirme vulnerada, poco respaldada”.
Fue en ese momento que conoció a Quiero Colgar el Delantal a través de las redes sociales. “Me llamó muchísimo la atención porque vi la oportunidad de poder dejar la docencia”, señala.
Para Mariana Salazar, lo que había empezado como un espacio en su cuenta personal para compartir sus vivencias, terminó convirtiéndose en una comunidad de docentes que encuentran contención y un lugar para compartir su desgaste con el sistema escolar. Hoy, la iniciativa acumula casi 40 mil seguidores en Instagram y ha acompañado a más de 300 profesores a través de mentorías y espacios de apoyo. “Tenemos un soporte emocional bastante fuerte dentro de la comunidad”, afirma.
A través de las redes sociales, el proyecto de la profesora se ha extendido a nivel internacional, con docentes que llegan a ella desde Colombia, Panamá, Perú, Argentina y Venezuela.
Se trata de un fenómeno que ya no se limita al sistema escolar chileno. En 2025, se realizó por primera vez en Chile la Cumbre Mundial sobre Docentes. En ella, la directora general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Audrey Azoulay, advirtió que “la profesión afronta una crisis sin precedentes”.
Para Harald Beyer, exministro de Educación en el primer gobierno de Sebastián Piñera, en otros países hay una gestión e investigación en lo que causa la deserción docente. Dice que de esa forma se retroalimentan las políticas para atraer y retener al talento docente, sin embargo, indica que “en Chile se hace muy poco o nada de eso”.
Según un estudio de la organización Elige Educar, para 2030 faltarían más de 33 mil docentes idóneos en el sistema escolar chileno, es decir, profesionales titulados y formados en las asignaturas que imparten.
Desde el Colegio de Profesores, el diagnóstico es crítico. “Aquí es el Estado el responsable de lo que está ocurriendo. Es el Poder Legislativo que tampoco ha sido capaz de legislar para mejorar las condiciones en las cuales hoy día se ejerce la profesión docente, para que efectivamente tengamos más docentes interesados en estudiar pedagogía y después se mantengan una vez que asumen”, afirma el secretario general del gremio, Carlos Díaz.
Salazar continúa publicando diariamente sus experiencias y orientaciones para los que buscan retirarse del sistema. Sin embargo, el proyecto ha cambiado. Señala que entró en una etapa de pausa en su formato más activo, luego de la ansiedad que le generó recibir constantemente relatos de profesores “desgastados”. Quiero Colgar el Delantal sigue existiendo, el acompañamiento se mantiene, pero el espacio se irá abriendo a otras formas de trabajo y transiciones fuera del aula.
Lagos, por otro lado, lleva un año desde que se retiró como profesora, pero no se ha ido del todo. Actualmente se dedica a realizar asesorías a colegios en relación con la evaluación docente. En cuanto a volver a ejercer como profesora, señala: “No volvería ni muerta”.
N.A. en cambio, continúa trabajando como docente, sin colgar el delantal aun. Aunque lo ha pensado. Un futuro fuera del aula es lo que lleva buscando hace tiempo, como ya lo han hecho otros 23 mil profesores. Por eso, dice: “Es un sueño colectivo”.


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