Vapeadores bajo la mira

Jul 23, 2025

Un estudio reveló posibles impactos en la salud neurológica provocados por el consumo de cigarrillos electrónicos, especialmente en jóvenes que comenzaron a vapear antes de completar su desarrollo cerebral. Durante una década, en Chile, miles de menores y jóvenes accedieron libremente a estos dispositivos. Hoy, una ley busca regularlos. 

Por: Francine León Bell

Editado por: Camila Concha Araya

Apenas son las ocho de la mañana cuando suena el despertador de Catalina Rojas (20), quien hace unas semanas congeló sus estudios de Terapia Ocupacional en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Entre manotazos torpes, logra apagar la alarma. Aún acostada en su cama y con los ojos cerrados, la joven desliza su mano por su velador en busca de su vaporizador, un artefacto que calienta líquidos saborizados —a menudo con nicotina— para ser inhalados. Acerca el pequeño dispositivo a su boca. Su sabor dulce y fresco de manzana verde llena sus pulmones como si fuera una nube espesa de vapor. Luego de exhalar, recién abre los ojos y se sienta en la cama. Ahora el día puede comenzar.

“Lo primero que hago antes de levantarme es vapear, es casi como un instinto”, dice Rojas, quien recuerda haber probado su primer vaporizador a los 15.

Como ella, muchos jóvenes en Chile probaron estos dispositivos antes de cumplir los 25 años. Es decir, antes de que su corteza prefrontal terminara su desarrollo, de acuerdo al Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos. Según el Décimo Quinto Estudio Nacional de Drogas en Población General de Chile, publicado en 2024 por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), un 3,6% de los adolescentes entre 12 y 18 años y un 5,4% de los jóvenes entre 19 y 25 años reportó haber consumido vaporizadores durante 2014. En 2022, esas cifras aumentaron a 4,7% y 6,4%, respectivamente.

Este aumento resulta particularmente preocupante considerando los recientes hallazgos científicos y advertencias internacionales. En enero de 2024, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que los riesgos asociados a los vaporizadores, como cáncer y enfermedades pulmonares y cardíacas, varían según el tipo de dispositivo y la composición de los líquidos, que pueden presentarse en al menos 16 mil sabores distintos. Esta diversidad es lo que dificulta el estudio sistemático de sus efectos en la salud. Sin embargo, esto no significa que no se conozcan sus daños: la misma entidad señala que “las emisiones de los cigarrillos electrónicos generalmente contienen nicotina y otras sustancias tóxicas que son nocivas tanto para los usuarios como para los no usuarios expuestos a los aerosoles ajenos”. Por lo mismo, la OMS advierte que “tanto los productos de tabaco como los sistemas electrónicos de administración de nicotina (vaporizadores) plantean riesgos para la salud. El enfoque más seguro es no consumir ni usar ninguno de ellos”.

Meses después, el 23 de mayo de 2024, la OMS, en conjunto con Stopping Tobacco Organizations and Products (STOP), una iniciativa global que expone y combate las tácticas de la industria tabacalera para proteger la salud pública, lanzó el estudio “Enganchando a la próxima generación”. Este informe no solo reafirma la preocupación anterior, sino que la amplía con nuevas cifras alarmantes. El estudio estima que, en muchos países, la tasa de uso de vapeadores entre adolescentes supera a la de la población adulta. En Europa, por ejemplo, un 20% de los menores de 15 años encuestados declaró haber usado cigarrillos electrónicos en los 30 días previos. En Chile, el consumo adolescente de vaporizadores también supera al de los adultos. Según datos más recientes de SENDA, en 2022, mientras el 4,7% de los adolescentes entre 12 y 18 años declaró haber consumido vaporizadores, solo un 3,3% de los adultos entre 35 y 44 años reportó lo mismo.

Además, el informe denuncia que “los productores de cigarrillos electrónicos fabrican productos de formas muy variadas, por ejemplo, con diseños que parecen juguetes, caramelos o bebidas dirigidas a los niños, además de utilizar personajes de dibujos animados o bien usar diseños elegantes y de alta tecnología en ediciones limitadas, lo que atrae a los jóvenes”. Por esta razón, la OMS hace un llamado urgente a los países del mundo a implementar regulaciones estrictas que protejan a los menores de edad de los posibles efectos nocivos que los cigarrillos electrónicos pueden tener en su salud, como la prohibición de su publicidad, espacios libres de humo y campañas antitabaco en medios de comunicación.

Una posible consecuencia fue expuesta en el artículo “Vapear y el cerebro: efectos de los cigarrillos electrónicos y las sustancias e-líquidas”, publicado por la revista médica estadounidense The Journal of Neuropsychiatry and Clinical Neurosciences en enero de 2024. En ella se postula que el farnesol, químico presente en líquidos con sabor a manzana verde, potencia los efectos de la nicotina en el cerebro, amplificando su impacto en el sistema dopaminérgico y la producción del neurotransmisor ácido gamma-aminobutírico (GABA). Esta combinación de sustancias puede intensificar la aparición de ansiedad, irritabilidad, desregulación emocional o mayor vulnerabilidad a trastornos del ánimo y adicciones. La información expuesta en el estudio se vuelve aún más alarmante al considerar que los vaporizadores más populares contienen entre 59,2 y 66,7 mg/mL de nicotina, una dosis comparable a la de 20 cigarros tradicionales.

Datos como estos llevaron tiempo atrás a los senadores Guido Girardi, Carolina Goic y Rabindranath Quinteros a impulsar un proyecto de ley que incluyera a los cigarrillos electrónicos a la regulación de tabaco regida por la Ley N° 19.419. La iniciativa se presentó el 14 de mayo de 2019 y, tras cuatro años de tramitación legislativa, se aprobó el 22 de diciembre de 2023. Finalmente, desde el 20 de mayo de 2025, la Ley N° 21.642 —que modifica la Ley N° 19.419— prohíbe la venta de vaporizadores o Sistemas Electrónicos de Administración de Nicotina (SEAN) a menores de edad. Los clasifica como productos de tabaco sujetos a regulación, restringe toda publicidad orientada a menores de 18 años, exige que los envases indiquen sus ingredientes, la concentración de nicotina y sus contraindicaciones y prohíbe su consumo en espacios públicos cerrados.

Anteriormente, en 2013 había entrado en vigor la Ley 20.660 que modificó la Ley de tabaco ya mencionada, pero esta se enfocó en aumentar las restricciones al consumo en espacios públicos, venta y publicidad del cigarrillo tradicional, pero no abordó directamente los cigarrillos electrónicos o vapeadores. Sin embargo, a partir de ese año, el Instituto de Salud Pública (ISP) comenzó a analizar cargas para uso en cigarrillos electrónicos y denunció la presencia de nicotina y otros productos perjudiciales para la salud. 

Dado a eso, al considerar que las primeras cifras de vapeo en Chile datan de 2014, existe una brecha de diez años en la que no existió ningún tipo de restricción en la venta de estos dispositivos. Durante este periodo, los adolescentes accedieron fácilmente a estos productos con altas concentraciones de nicotina. Hoy, esa década sin regulación deja consecuencias aún difíciles de dimensionar.

Para expertos como Juan Meneses, psiquiatra de Clínica Las Condes, la falta de regulaciones representa un riesgo significativo, ya que el consumo de nicotina en menores de edad es especialmente perjudicial. El médico explica que, cuando esta sustancia entra al cerebro en desarrollo, logra “alterar la formación de conexiones neuronales (proceso conocido como neuroplasticidad), lo que afectaría funciones como la atención, el aprendizaje y la memoria”. Además, el experto postula que “los adolescentes pueden volverse adictos a la nicotina más rápidamente que los adultos, y la adicción puede ser más intensa”.

La expansión del vapeo

Los vaporizadores modernos fueron creados en 2003 por el farmacéutico chino Hon Lik. Surgieron como una alternativa “más saludable” al cigarro tradicional. En una entrevista con The Guardian, Hon Lik comentó que desarrolló el dispositivo precisamente para abandonar su adicción al tabaco.

En Chile, aunque no existe una fecha exacta de ingreso, ya en 2010 el Instituto de Salud Pública (ISP) había emitido la Resolución Exenta N.º 2994, para establecer que estos dispositivos no pudieran ser comercializados como productos terapéuticos hasta que contaran con una autorización sanitaria otorgada por ellos.

En la misma década del 2010, su popularidad se incrementó entre adolescentes. Si bien Catalina Rojas probó los vaporizadores en 2020 mientras cursaba segundo medio, ella cuenta cómo ya en octavo básico eran muy populares entre pares. “Yo fui la última de mis amigas que comenzó a vapear”.

Fue durante 2018 que el consumo de vaporizadores entre adolescentes se disparó. Según el Décimo Quinto Estudio Nacional de Drogas en Población General de Chile, realizado por SENDA, el 8,5% de los menores entre 12 y 18 años declaró haber utilizado vaporizadores durante ese año, marcando la cifra más alta registrada para este rango etario.

Según Constanza Silva, académica de la Universidad San Sebastián e investigadora del proyecto Fondecyt titulado “¿Qué están vapeando los chilenos?”, la publicidad a Chile llegó a través de redes sociales. La experta explica que, al no existir una regulación sobre su promoción, la información que circulaba sobre el consumo de vaporizadores generaba confusión entre los usuarios sobre sus efectos en la salud. “(Los usuarios) creen que pueden ser menos dañinos que el cigarro, pero no están 100% seguros, ya que hay evidencia y casos de personas afectadas por su consumo”, dice.

Gracias a los avances de su estudio, que busca caracterizar a los usuarios que vapean nicotina y/o THC (principal componente psicoactivo de la marihuana que no está permitido consumir sin receta médica), Silva ha logrado identificar que las motivaciones para comenzar a consumir vaporizadores varían según su edad: mientras las personas mayores de 25 años suelen hacerlo para dejar el cigarro, los menores son atraídos principalmente por los colores llamativos, sabores dulces y estatus sociales que los vaporizadores poseen.

Sin ir más lejos, Catalina recuerda estar en un ambiente donde vapear no era solo socialmente aceptado, sino que hasta deseado. “Estaba de moda en esa época. Mis amigas y mi pololo vapeaban, entonces para mí era algo bacán”.

Para el psicólogo clínico Daniel Diaz, esta situación es bastante común en la adolescencia. El experto explica que, durante este periodo, la construcción de la identidad lleva a la búsqueda activa de aceptación por los pares, por lo que se vuelven muy susceptibles a influencias de sus amigos. “El deseo de encajar y la necesidad de formar parte del grupo hacen que la influencia social tenga un peso considerable en la toma de decisiones, especialmente en conductas de riesgo como el consumo de nicotina”. Díaz comenta que cuando una conducta como vapear se normaliza dentro de un grupo, se vuelve algo cotidiano e incluso atractivo, haciendo que se ignoren las posibles consecuencias. Esta combinación de factores hace a los adolescentes más vulnerables a iniciarse en su consumo y, en consecuencia, a desarrollar una adicción.

Además, Meneses agrega que existe una percepción errónea de seguridad entre los jóvenes, lo que “puede llevar a un consumo más frecuente y en mayores cantidades”.

Esta vulnerabilidad resulta particularmente peligrosa al considerar los datos que expone la revisión científica “Consecuencias a corto y largo plazo de la exposición a la nicotina durante la adolescencia para la función de la red neuronal de la corteza prefrontal”, publicada por la revista Cold Spring Harbor Perspectives in Medicine. Este estudio postula que la nicotina altera el desarrollo de la corteza prefrontal, por lo que consumir esta sustancia durante la adolescencia podría aumentar la probabilidad de desarrollar trastornos del ánimo y gatillaría una mayor predisposición a las adicciones en la vida adulta. Según el artículo, “las alteraciones inducidas por la nicotina en los circuitos de la corteza prefrontal durante la adolescencia pueden contribuir a una mayor susceptibilidad a trastornos psiquiátricos y a la adicción en etapas posteriores de la vida”.

Meneses concuerda y señala que, además de estos efectos, el consumo de nicotina durante este período puede “aumentar la impulsividad y la propensión a conductas de riesgo debido a cambios en la corteza prefrontal, responsable del control de impulsos y la toma de decisiones”.

De moda adolescente a dependencia adulta

Cuando Catalina entró a estudiar una carrera del área de la salud en 2024, decidió dejar estos dispositivos tras conocer los daños que podían provocar. Aunque no abandonó del todo la nicotina, su consumo disminuyó de manera considerable. “Fumaba cigarros de vez en cuando, antes de una prueba o en un carrete”, comenta.

Sin embargo, hace unas semanas, desde que congeló sus estudios, sus niveles de ansiedad aumentaron, por lo que decidió comprarse un vaporizador. ¿El problema? Lo que comenzó como una medida temporal se transformó en una nueva rutina. “Ahora que volví a vapear, fumo mucho más que antes. Lo que solía ser una cajetilla de cigarros, ahora se convirtió en cinco vaporizadores”.

Este aumento en el consumo también lo ha observado la experta Constanza Silva. Según la investigadora, los vaporizadores ofrecen una serie de ventajas frente a los cigarrillos tradicionales que explican su uso más frecuente. Al no dejar un olor persistente, poder usarse en interiores y tener sabores agradables, los vaporizadores resultan una alternativa más cómoda y práctica. “El cigarro conlleva un esfuerzo, de salir a fumar y el olor, mientras que el vaporizador, no”. Silva explica que esta disponibilidad hace que se utilicen durante episodios de estrés, como al estudiar o trabajar desde casa y, en consecuencia, se desarrolle una adicción.

Su investigación no solo busca caracterizar a los consumidores de vaporizadores, sino también medir su nivel de dependencia. Para esto, se considera el tiempo que pasa desde que una persona se despierta hasta que vapea: si ocurre casi inmediatamente, se considera que existe una adicción. Bajo estos parámetros, Catalina hoy es una persona completamente dependiente.

Si bien la Ley N° 21.642 establece que los vaporizadores están sujetos a la misma regulación que los productos de tabaco, en la práctica estos dispositivos no experimentan las mismas restricciones que los cigarros tradicionales. Constanza Silva, por ejemplo, advierte sobre el uso de vaporizadores en espacios cerrados, una práctica que persiste a pesar de estar prohibida por ley. “Pese a que desde 2023 se aprobó la ley que establece que no se puede vapear en lugares públicos ni cerrados, esto generalmente no aplica en muchos restaurantes o pubs, porque la gente no está enterada. Incluso hay discotecas que venden vaporizadores en el interior”.

Asimismo, el psiquiatra Carlos Ibáñez, jefe de la Unidad de Adicciones de la Clínica Psiquiátrica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, dice que aunque la nueva ley es un paso positivo, no es suficiente. El doctor explica que esta normativa establece una excepción: permite el uso de vaporizadores para tratar la adicción a la nicotina en personas que cuenten con receta médica. Sin embargo, el especialista argumenta que aún no existen pruebas suficientes que respalden su efectividad con fines terapéuticos.

Meneses agrega que estos dispositivos pueden incluso elevar la probabilidad de adicción a otras sustancias en el futuro al modificar el sistema de recompensas del cerebro, especialmente si la persona tiene antecedentes familiares de adicción. Por esta razón, el especialista cree que “se requiere una estrategia más integral para proteger eficazmente a los menores del consumo de nicotina”.

Ante la entrada en vigencia de la Ley N° 21.642 y las advertencias hechas por la OMS, instituciones como el Ministerio de Salud y SENDA no emitieron declaraciones sobre futuras campañas para educar a la población sobre los riesgos que trae esta problemática. Por otro lado, el Instituto Nacional de la Juventud expresó no contar con nuevos proyectos respecto a la prevención y el desincentivo del consumo de vaporizadores en los adolescentes y jóvenes.

Catalina reflexiona sobre su adolescencia y piensa en las decisiones que tomó con lo que sabe ahora acerca de los vaporizadores. “Jamás me imaginé lo mal que hacían en su minuto, pensaba que eran casi que inofensivos”. La joven cree que esta nueva ley es indispensable para cuidar la salud de los menores. “Ahora que entiendo lo mal que hacen, me doy cuenta que nunca debí haber tenido acceso a ellos (vaporizadores) siendo tan chica. Si hubiese estado esa ley cuando yo estaba en la media, probablemente nunca habría probado uno”.

Francine León Bell es estudiante de tercer año de periodismo en la Facultad de Comunicaciones UC. En 2024, participó en Radio UC como conductora en Módulo 2 y Estudio 660. Además, se desempeñó como ayudante del Test de Actualidad IIA durante el primer semestre de 2025. Es su primera vez publicando en un medio.

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