Paula Dinamarca, el camino para llegar a la alfombra roja de una actriz trans

Jul 21, 2025

Hace dos décadas, debutó en cámara con “Trans”, el primer documental que habló de este mundo en Chile y, en 2019, fue la primera persona en realizar el cambio de sexo en el registro civil tras la implementación de la ley 21.120. Este año, en la 78° edición del Festival de Cannes, recibió elogios por su actuación en el filme chileno “La misteriosa mirada del flamenco” y, además, fue galardonada por Chileactores con el premio “Mejor Actriz Emergente”. 

Por Analía Ortega

Editado por Almendra Mendez

Paula Dinamarca (47), actriz, tarotista y activista por los derechos trans, abre las puertas de su departamento en Providencia. Interrumpe la limpieza energética que hace regularmente los lunes. En ella, rinde honor a sus antepasados y a las deidades de la religión yoruba —conjunto de creencias espirituales originarias de este pueblo oriundo de  África Occidental— que posan en un altar. Está compuesto por botellas de vidrio, figuras religiosas, dos morteros de madera, velas y utensilios metálicos. 

Una tarde helada de junio se acomoda para reflexionar sobre el camino recorrido desde que comenzó en el activismo, a la par que se desarrollaba como actriz, hasta cumplirse el gran hito de su carrera: presentarse hace unas semanas en Cannes con la película “La misteriosa mirada del flamenco”. Esta obra dirigida por el cineasta chileno Diego Céspedes obtuvo el 24 de mayo el premio principal de la sección “Un Certain Regard” (reconocimiento a las películas de autores contemporáneos que innovan y renuevan el lenguaje cinematográfico) en la 78° edición del Festival de Cannes. El galardón consiste en 30.000 euros (aproximadamente 33  millones de pesos chilenos) y la distribución de la cinta en Francia. El director y parte del elenco desfilaron por la alfombra roja y fueron aplaudidos a lo largo de cinco minutos tras la proyección en la ribera francesa.

La obra es catalogada como un “western queer” por  utilizar  elementos clásicos del género -como paisajes áridos y la estética de vaqueros-  incorporando temáticas y personajes queer. La película combina estos elementos con el realismo mágico para contar la historia de un grupo de mujeres trans que adopta a una niña en el norte de Chile. El film retrata la discriminación que sufren en los años ochenta. Se les asociaba con el VIH y eran marginadas porque se rumoreaba en el pueblo que la enfermedad se transmitía con la mirada.

El 26 de junio, la película tuvo su estreno en el Festival Internacional de Cine de Bruselas (BRIFF), donde fue reconocida con el Grand Prix a Mejor Película y el Premio FIPRESCI de la crítica internacional. A su vez, fue incluida en la lista de The Hollywood Reporter, revista de entretenimiento estadounidense, principalmente enfocada en el cine, que destaca las diez mejores películas en español de 2025 hasta la fecha.

Además del éxito de “La misteriosa mirada del flamenco”, como actriz, Dinamarca fue galardonada en Chile el pasado 31 de mayo, durante la ceremonia de clausura del Festival de Cine de Mujeres, FEMCINE15. Chileactores le otorgó el premio de «Mejor Actriz Emergente» por el corto «La sombra del querer», de la cineasta chilena Ale Gálvez, estrenado en 2024. En esta obra Dinamarca interpreta a una mujer “cisgénero” –recalca ella–, en situación de calle que busca reconectar con su hija. 

Este año también se estrenó el cortometraje “Días de verano” de Fiora Salas, donde participa, y próximamente lo hará la serie de Amazon Prime “La Casa de los Espíritus”, realizada a partir de una adaptación del libro de la escritora chilena Isabel Allende. Dinamarca también aparecerá en el filme “Kaye” del cineasta Juan Pablo Cáceres que será estrenado a nivel mundial el 24 de julio en el festival de cine para niños, niñas y adolescentes Giffoni, el más importante para jóvenes. 

“Se viene un Paula así: ‘wow’”, anuncia la actriz cuando habla de lo que sigue para ella este 2025.

SER LA MAMÁ BOA

En el filme “La misteriosa mirada del flamenco”, Dinamarca interpreta a Mamá Boa, la mayor de las mujeres trans que integra el grupo. Ella (Mamá Boa) cuida a todas, en especial a las protagonistas: el personaje de “la Flamenco” (Matías Catalán) y el de Lidia (Tamara Cortes), quien interpreta a una niña pequeña. En la película, su vida se ve interrumpida por un amor intenso, pero este romance amenaza con agrietar la familia.

Aunque son amigos, Dinamarca cuenta que hizo el casting con el director de la cinta como cualquier otra actriz. Comenta que para interpretar a la mamá Boa se inspiró en sus antepasadas y también repasó su época joven “en la que creía qué me iba a comer al mundo”. 

—¿Cómo es tu personaje? 

(…) Es la travesti vieja, chucheta, pero que pone un plato de comida con cariño en la mesa. Es pesada con una parte cándida, inspirada en mi abuela. Diego me dijo ‘la mamá Boa es más o menos así’ y el personaje fue creándose solo. Y todos quieren a la mamá Boa. Me llamó mucho la atención la gente de Asia. Ellos veían lo enérgica que era la mamá Boa, lo dulce que era en otros momentos. Parece que eso las mujeres de Oriente no lo tienen. Yo andaba con un amigo que hablaba inglés, porque yo todavía no hablo ni palote de inglés. Él me decía (que decían): “Ojalá mi madre y mi abuela hubieran sido tan sabias para amar”. La mamá Boa es tan sabia para amar que eso impactaba bastante.

¿Cómo fueron las semanas en Cannes?

Yo empezaba diciendo: “¿a qué hora termina este día?”. Porque fueron trece días de los cuales nueve fueron duros. (Empiezas) a las 6 de la mañana para estar acostándote a la una y, al otro día, lo mismo. Desde la alfombra roja en adelante no parábamos. Había cócteles, fiestas, y había que ir. Pero me gustó mucho cómo fue recepcionada. (Tras presentarse, la gente) de a poco se empezaba a parar y seguía aplaudiendo. Yo tiraba besos. De repente miro hacia arriba y veo dos palcos más llenos aplaudiendo. Después fue una catarsis: toda la gente lloraba, lloraba y oraba. Estábamos todos en trance.

PISAR LA ALFOMBRA COMO SOPHIA LOREN

Desde pequeña su sueño fue ser actriz. Su modelo a seguir era Sophia Loren, a quien veía en los ochentas en la televisión en blanco y negro. En esa época, cuando aún vivía en la población José María Caro, se miraba en el espejo del baño y replicaba los movimientos que Loren ejecutaba en los comerciales, mientras se decía a sí misma: “quiero ser actriz de cine”.

Mientras cuenta su historia, busca un video en YouTube. “Cuando me metí por la alfombra y caminé… Mira para acá”, dice con apuro, interrumpiendo su idea mientras da play al anuncio de jabón Lux protagonizado por Sophia Loren en 1981. En él se muestra a la actriz de joven esparciendo la espuma sobre su rostro, cuello y hombros, para luego enjuagarse lentamente. Después, la publicidad pasa a una escena en un palco de una sala de teatro antigua, donde Loren luce el pelo corto y voluminoso, los ojos pintados con una sombra seductora y un collar de perlas.

Dinamarca lo mira emocionada. Hace una pausa y vuelve a reproducir un fragmento. “Era el mismo lugar en el que caminó esta galla (refiriéndose a Loren y las múltiples ocasiones en que pisó ella la alfombra de Cannes)”, se suena la nariz y respira profundo antes de continuar.

Pese al reconocimiento que ha ganado últimamente por su carrera, Dinamarca no es una recién llegada al activismo.

Su notoriedad creció hace seis años, cuando, con 42 años,  se convirtió en la primera persona transgénero en cambiar su nombre y sexo registral en la cédula de identidad en Chile. Pero su cruzada había comenzado mucho antes, de la mano de la primera incursión en el cine.

Si bien nunca estudió cine ni actuación, en 2004, la contactaron los cineastas Cristóbal Cohen, Marcelo Fuentes y Marcelo Hermosilla, para grabar el documental “Trans”, que retrata la transexualidad en los barrios marginales de Santiago. Este filme sigue a Paula y las dificultades que enfrenta para abrirse paso en la sociedad como mujer trans. Se expone su vida cotidiana, sus relaciones familiares y sus aspiraciones personales, que se contraponen y dialogan con otras experiencias de transexuales también en situaciones precarias y registros de opiniones de diferentes personas respecto al tema, principalmente negativas. La que fue su primera experiencia frente a las cámaras, hoy la llama “basura”.

“Yo estaba tranquila en el activismo, con una vida construida que yo creía que así iba a ser el resto de la vida y aparecen tres tipos hablándome del oro y el moro”, dice sobre los realizadores. Para entonces, Dinamarca vivía con su madre, diagnosticada con cáncer y que murió después de la realización, y su abuela en la población José María Caro, en San Joaquín. Participaba en la ONG Caleta Sur, orientada a velar por los derechos de personas trans, mientras trabajaba en la ONG CEDEJ en combinación con el Fondo para la Superación de la Pobreza. Al mismo tiempo, se hacía cargo y ayudaba en la crianza de Javier, el hijo de su amiga y vecina Victoria.

 “La única autonomía que podía tener en ese entonces era que estaba maternando, con mi mamá enferma (…) bancándome todo esto de la heteronormatividad, que tú no puedes, que tú no debes. Para nosotras fue un tiempo en que para todo te decían que no, entonces ellos me recontra inflan y yo les abro las puertas de par en par. Ahora último he podido enfrentarlo y digo: ‘la poca ética que tuvieron’”.

¿Qué mostraba ese documental?

O sea, estaba criando a Javier. Por una parte, tenía la vida, que era el niño en mis brazos, y la muerte, que era mi mamá enferma de cáncer (…) Pusieron a una persona moribunda, desorientada frente a cámaras y mi figura completamente histérica en relación a todas esas cosas. Y el morbo de todo eso se ve. Muchos compañeros audiovisuales me dicen: “pero eso es oro”. Y digo ‘sí, tú lo ves con ese ojo porque tú estudiaste, pero para mí es una basura’. Entonces, las sinvergüenzuras de algunos audiovisuales que con una cámara se sintieron dueños de la verdad absoluta, que se sintieron con derecho de meterse en mi intimidad. Se me cae la cara de vergüenza, literal, por la sobreexposición.

Cuando Dinamarca vio el material final, le molestó que mostraran imágenes explícitas de ella y su cuerpo desnudo, junto con escenas íntimas de su dinámica familiar –su madre, su abuela y al menor Javier–. 

Para la actriz todo fue “(En comparación con) cómo son los códigos actuales, es extremadamente violento. Nuestra generación se construyó así: a puros portazos entonces claro, nosotros hacíamos un constructo femenino y de la trans en relación a la protagonista de la teleserie, la que sufre, la que llora. Ahora miro (“Trans”) y digo: la vendía de pesca más grande. En esa época no había nada académico de lo que agarrarse”.

Los siguientes trabajos de Dinamarca fueron una experiencia distinta para ella. En el cortometraje “La Visita” (2010), dirigido por el cineasta Mauricio López, interpretó a una mujer trans llamada Paula que regresa a su casa en el campo tras la muerte de su padre para cuidar de su madre.“´La Visita´ fue como darme la oportunidad de volver a creer que había gente honesta en estos espacios. Fue actuar”, comenta. 

Luego protagonizó “Naomi Campbell” (2013), de Camila José Donoso y Nicolás Videla, un largometraje que aborda la discriminación por identidad de género, estrato socioeconómico y nacionalidad desde la protagonista “Yermen”.

A pesar de que su carrera le estaba dando la realización profesional que siempre deseó, se vio estancada debido a un consumo abusivo de drogas que la llevó a vivir esporádicamente en una comunidad terapéutica entre 2016 y 2022. Tras rehabilitarse en 2022, el cineasta Diego Céspedes le propuso interpretar a Nataly en “Las criaturas que se derriten bajo el sol”, un corto sobre una mujer trans que visita junto a su hija una misteriosa comunidad. Para aquella ocasión, Dinamarca se dio cuenta de que la actuación era lo que quería hacer el resto de su vida.

EL FUTURO DE LAS NARRATIVAS

Para Dinamarca, el cine chileno ha ido cambiando la imagen que se muestra de la comunidad transgénero y, por tanto, la percepción de la sociedad. “Yo que he sido parte de ese cambio, te lo puedo decir con toda fe: Esa caricatura de la pobrecita trans, que sin un hombre no está completa, ya tiene fecha de vencimiento. Nuestro dolor es un dolor heredado, que vino de esa discriminación”. 

Dinamarca cree que los riesgos de la representación audiovisual han ido mutando en el tiempo. “A mí el audiovisual me ha entregado momentos en los cuales yo digo: valió la pena. Antes había más riesgo (…) visibilizar un cuerpo trans era peligroso”, asegura.

Y sobre tu participación en el cine, ¿crees que ha impactado en la comunidad trans y en la sociedad? 

Ha impactado bastante y ahí es donde todavía no dimensiono lo impactante que es para una trans. A mí me han escrito: “Tu fortaleza me dio el pie para que yo pudiese transitar”.

Tras sus últimos trabajos, Dinamarca reflexiona que la representación de las experiencias trans debe hacerse con respeto. “Mostrar que no es un castigo, una falla”, agrega. La actriz se siente tranquila de que ahora existe menos represión a las infancias y hay más educación. Sin embargo, aún falta reivindicar y visibilizar más las historias: “Lo que somos”, dice. Sobre “La Misteriosa Mirada del Flamenco” destaca que visibilizó el funcionamiento y la fuerza de una comunidad de mujeres trans. 

¿Cuáles son los pasos que debería seguir ahora el cine chileno respecto a la inclusión de la comunidad trans?

Que el cine como industria diga: estas tipas valen la pena, llamémoslas. Creo que deberían abrirse más espacios para el resto de la comunidad. Ahora hablamos del cine, pero podría ser la televisión, la publicidad, las artes plásticas. Pero todavía falta, porque las narrativas aún las tienen hombres o mujeres, sean heterosexuales o gays, pero cisgéneros, todavía ellos tienen la potestad sobre nuestra historia. Pero ya viene una camada de directoras trans, porque si ya habemos actrices, van a llegar las directoras, las montajistas, las y los trans, y les trans. Las narrativas (sobre vivencias trans) ya van a estar en la cabeza de personas trans y esa es la representación que necesitamos.

Analía Ortega es estudiante de cuarto año de Periodismo en la @fcomuc. Ha participado en @radio.uc como productora de @modulo2uc. Actualmente, es ayudante de los ramos Semiología y Narración de No Ficción.

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