Pelota muerta en el área: La Legua sin fútbol

Ago 4, 2020

Pelota muerta en el área: La Legua sin fútbol

Cuatro meses de balón detenido han cambiado la rutina de una población de 15.000 habitantes, que por más de 63 años ha visto en el deporte una salida de la realidad que los sitúa como una de las más conflictivas de Santiago. Pero más que dejar la pelota en el córner, los equipos locales han decidido meter el gol y seguir actuando como un soporte para la comunidad, aunque lejos de las canchas.

Por Nicolás Soto O.

La oscuridad de la noche del 13 de marzo del 2020 se vio interrumpida por las potentes torres de iluminación del Complejo Deportivo El Pinar. Se disputaba la primera fecha del Campeonato de Campeones, el torneo más importante del fútbol amateur Metropolitano. Este partido lo disputaban dos escuadras de La Legua Emergencia: el Vasas F.C. se enfrentaba a Doce de octubre. Las tribunas superaban los 1.100 asistentes, donde destacaban las familias de los jugadores, miembros de los clubes y espectadores que disfrutan del fútbol de barrio.

“Era primera vez que el club disputaba este torneo. El profe hizo unos cambios en el segundo tiempo porque íbamos perdiendo por la mínima y logramos quedar 2–1 con goles del Toto y el David”, recuerda Marcelo Curipe, mediocampista de 23 años que forma parte del Vasas, equipo con 53 años de historia. Si bien los húngaros de San Joaquín lograron dar vuelta el resultado, el partido finalizó con un 2–2 gracias a un tiro certero del número cinco del equipo rival.

“Para ser debut, fue un gran partido. Estábamos muy motivados para las próximas fechas. Nos tocaba jugar contra Santa Sara y José Carding. Queríamos comernos el mundo a base de buen fútbol”, comenta Curipe.

A los pocos días de este partido, la llegada del COVID-19 alteró todo el Campeonato de Campeones, torneos locales de La Legua y al deporte a nivel nacional.

CD Vasas
CD Vasas. Foto Marcelo Curipe.

Rodrigo Castro, gerente de la corporación de deportes de San Joaquín, ha estado a cargo de apoyar las dos asociaciones de fútbol de la comuna: San Joaquín Oriente y El Pinar, siendo este último donde se integran los equipos de la población La Legua. Antes de tener su cargo, perteneció al club Atlético Magallanes, por lo que conoce bien lo que viven actualmente los dirigentes, futbolistas y sus familias al no poder ir a la cancha los fines de semanas.

“No son solo los 11 jugadores los que van al campo de juego, también la familia de cada jugador. Lo que motivaba para ir a jugar era el grado de reunión, ser un lugar de encuentro donde estaban los más chicos de la familia hasta personas mayores de 60 años. Pero, con lo que se vive actualmente, es solo un recuerdo”, sostiene Castro y agrega que “por lo que he vivido los clubes de barrio son las mejores organizaciones sociales, porque tienen una mayor posibilidad de cambio en la comunidad. Si a nivel deporte o dirigencial existieran reformas, se podría lograr una mejorar calidad de vida”.

Para Octavio Alarcón, docente de educación física en la Universidad Católica y especialista en el deporte de alto rendimiento, cree que el fútbol de barrio algo más que el desarrollo de un juego de colaboración, es también una guía para la vida.

“Siempre existe ese ámbito de grupo, de una micro sociedad que puede llevarte a un lado positivo o negativo dependiendo de las características del conjunto al cual quieres ser parte. Esa decisión y formación base de discernimiento te permitirá distinguir entre qué es bueno o es malo para poder avanzar o sucumbir, no solo en la cancha, sino en la vida”, comenta Alarcón, para quien la ausencia del deporte no solo afecta el estado físico de los peloteros: jugando también aprenden a ser la mejor versión de sí mismos.

Cambio de camiseta

Sin fútbol, los clubes de La Legua mutaron. Alejandro Pérez es el delegado de Venecia y por ahora, cocinero en las ollas comunes organizadas por el equipo para los vecinos de la población

Las camisetas rojas y azules se tuvieron que guardar en el saco, al igual que los conos, balones y petos. Los zapatos con toperoles fueron reemplazados por bototos para protegerse del frío. En vez de vestir una polera con un número a la espalda, ocupan un delantal de cocina y guantes de látex para preparar los platos de manera higiénica. Eso sí, todas las personas que participan de las ollas comunes visten mascarillas con el escudo de su equipo de fútbol. Cada cinco minutos pasan tres personas pidiendo unos porotos con riendas, el plato único del menú, que se entrega en el momento. Aún fuera de la cancha, el Venecia sigue marcando goles.

Venecia FC. Instagram.

Ya van cuatro meses en donde el balón está detenido, por lo que la rutina de Pérez cambió completamente. “El fútbol para mí eran cuatro días de la semana: reuniones, lavar camisetas, llamar a la gente, comprar cosas. Ahora estoy esos cuatro días encerrado en la casa, completando la semana. Es muy loco porque nunca me había pasado, siempre he sido alguien de cancha”, recuerda.

“Ahora ando en esto: hago once para la gente en situación de calle en la plaza El Pinar y les hago las compras a la gente con COVID-19 del sector. Todo para llenar esos días en donde ya no hay fútbol”.

Claudio Meza, vicepresidente del club Venecia, ayuda a las ollas comunes organizadas en la esquina de Mataveri con Carmen. Cuenta que a principio de enero comenzaron las gestiones para tener la cancha de fútbol que está en Carmen con Carlos Valdovinos y que ahora está reconvertida en un lugar para dar comida a la gente.

“Ansiábamos un espacio donde practicar y hacer actividades para la comunidad. Nos dieron las llaves en marzo y una semana después, tuvimos que devolverlas por la pandemia”, recuerda Claudio.

“Fue un golpe anímico muy fuerte, pero no nos quedamos de brazos cruzados. Ahora hacemos onces comunitarias porque es algo que, como representante de una institución social, se tiene que hacer. De momento no se dan las opciones para jugar, pero sí podemos aportar algo a los vecinos que disfrutaban del fútbol de barrio”, aclara.

Juan Antonio Muñoz tiene 64 años. Hace 61 que es parte del club Venecia y pertenece a una de las familias fundadoras. En sus más de 60 años practicando y observando el fútbol de barrio, ha podido apreciar cómo este, además de abarcar aspectos deportivos y sociales, permite alejar a personas de la droga y el alcohol.

“La honradez y el evitar los vicios de la vida como las drogas se lo debo tanto al fútbol como a mi familia. La familia es lo más importante en todo esto y si ésta se desarrolla con el fútbol, mejor”, menciona Muñoz. “Hemos tenido a varios que se han superado como personas y deportistas. Somos campeones en hacer familias, formar personas, amistad y en respeto”, expresa.

Esta cuarentena ha sido un eterno entretiempo. El horario que Curipe tenía antes de vivir este encierro era ir a su trabajo, entrenar con su equipo y visitar a Agustín, su hijo de 6 años, con quien frecuentaba ir a veces a la cancha. Ahora el deporte es solo un recuerdo. Sigue visitando a su primogénito, quien vive con su madre, pero sin salir de la casa. Cuando finalmente llega a su casa, el hambre de futbol no cesa: pone en su teléfono videos de la famosa generación dorada, conformada por Sánchez, Medel y Bravo, rememorando aquellos tiempos donde vestía la 8 de su amado Vasas y se sentía como Arturo Vidal en el terreno de juego.

*Nicolás Soto Orellana es oriundo de San Miguel. Va en cuarto año y fue alumno del Taller de Periodismo en Prensa con Sofía Aldea.

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