Dominique Clarke, autora chilena: “La forma en que construyo mis ficciones siempre surge del núcleo de un grito que quiero transmitir”

Jul 10, 2025

A los 25 años, ha publicado tres libros: Mujer insurgente (2020), No soy tu Lolita (2022) y Hogar de Brujas (2024). Es chilena, pero hace cuatro años se mudó a Alemania, donde estudia Literatura. Escribe sobre género, mujeres y feminismo, temas que han impulsado su activismo y sus palabras.

Por Trinidad Quinzacara

Edición por Sofía Martínez

 

“Soy una contadora de historias y me encanta escuchar las historias de mujeres para crear personajes que nacen de la inspiración de otras mujeres”, dice la escritora chilena Dominique Clarke (25), quien hoy vive a 12.037 kilómetros de distancia de su país, en Konstanz, una ciudad ubicada en el sur de Alemania en la orilla del lago de Constanza.

Con tan solo 25 años, ya ha publicado tres libros de ficción: Mujer insurgente (2020), No soy tu Lolita (2022) y Hogar de Brujas (2024). Los tres títulos —caracterizados por narrar vivencias de desigualdad de género desde la perspectiva de protagonistas empoderadas— han llegado a ser best sellers durante siete meses seguidos dentro del catálogo de Trayecto, editorial encargada de difundir a autores emergentes, con más de mil copias vendidas por cada uno de sus textos. “Es una escritora joven extremadamente talentosa”, destacan desde la editorial al hablar de su éxito.

Su residencia en Alemania no se habría concretado de no ser por un intercambio que hizo durante sus estudios en la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, hace más de tres años. Para entonces, recuerda que quedó enamorada de la vida europea y decidió abandonar su pregrado en Chile y estudiar Literatura y Estudios de Género en la Universidad de Konstanz, grado y especialidad que ya está finalizando. Allí examina cómo las obras literarias construyen los roles sociales y de poder en la actualidad mientras escribe historias que se publican en su país natal.

Su vínculo con la literatura se forjó desde temprana edad, acompañado siempre por el apoyo incondicional de su familia, a quienes reconoce como pilares fundamentales de su crecimiento profesional. Así lo expresa en los agradecimientos de sus libros, donde vuelve una y otra vez a nombrarlos: “Mamá, tú me enseñaste a darle verdadero significado a la fuerza, la independencia, la familia y el amor”; o “Soy mejor amiga de mis tres hermanos, completamente distintos a mí y entre ellos (…) Barbara, Natalie e Ian”.

Su hermana mayor, Natalie, cuenta que empezó a crear historias desde antes de saber escribir: “Agarraba libros y aunque no supiera leer empezaba a narrarlos”. Su compromiso feminista comenzó en la adolescencia, cuando participó activamente en manifestaciones. Más tarde, se convirtió en vocera del área de arte y cultura del movimiento Tremendas, una iniciativa que busca empoderar a las mujeres y eliminar las brechas de género. Son estas temáticas —la desigualdad, el empoderamiento, la justicia— las que la inspiran y atraviesan su obra literaria.

Natalie cuenta que Dominique “tenía una imaginación desbordante” y por eso necesitaba plasmarla en historias de fantasía. Pero si primero lo hacía como un hobbie, luego comenzó a hacerlo casi como una necesidad cuando entró a su pregrado. “Empecé a escribir porque ya llevaba un tiempo leyendo teoría feminista, y sabía lo compleja que era. De no ser por profesores que me lo explicaran, no era tan fácil. Quería aplicar la teoría a lo práctico”, dice Dominique. A partir de este deseo decidió recopilar experiencias, citas y ensayos para producir lo que llama una “ensalada”.

Así nació Mujer insurgente, su primera publicación, en la que compila nueve relatos donde sus protagonistas enfrentan injusticias de género en lo cotidiano y las confrontan con coraje. Tal como lo indica su portada, está “basado en hechos reales”: una obra inspirada en historias de mujeres que han emprendido caminos de liberación en relación con su cuerpo, la maternidad, el trabajo, la sexualidad y otros ámbitos de su vida.

No lo dice porque se trate de su propia historia, aunque eso crean sus múltiples seguidores en redes sociales. “Dejé un pie de página, una nota de la autora al final de mi tercer libro, porque ya estaba harta de encontrarme con TikToks diciendo que mi primera novela era autobiográfica. Generalmente mis personajes son ajenos a lo que me ha pasado a mí”, aclara Clarke.

En menos de dos años, ya viviendo en Alemania, publicó su segundo libro No soy tu Lolita (2022) en respuesta al libro Lolita de Vladimir Nabokov y a otros textos considerados clásicos de la literatura. A pesar de que todo fue creado desde una ficción, explica que en el caso de No soy tu Lolita su propósito era “construir a la amiga feminista que me hubiera gustado tener” en la adolescencia. Alguien que reaccionara a las injusticias que veía. “Hay poco de mi historia, pero mucho de mis valores”, afirma.

En su más reciente libro Hogar de Brujas (2024) busca romper, dice, “con la idealización de que el machismo no está muy presente en el primer mundo”. Ambientada en Amsterdam, la novela sigue a Cecilia, una periodista que investiga la historia de las mujeres que en siglos pasados fueron cazadas por ser consideradas brujas.

 

Ideas que no se escapen

La vida de Clarke transcurre en múltiples frentes: entre viajes a Alemania y Chile, la promoción de sus libros y su formación académica. “Querido feminismo: Gracias por haberme dejado a tantas maestras del pasado y presente para seguir luchando. Por haberme levantado tras esos porrazos del machismo. Por educarme”, son algunos de los comentarios y valoraciones en su plataforma de autora —dominiqueclarke.cl—, que funciona también como un foro de diálogo feminista.

—¿En qué momento empezaste a tener una conciencia de justicia de género?

Creo que todas las mujeres desde que nacemos sentimos que hay algo mal, pero es como ‘ya filo, voy a seguir con esto’. Sentimos esa rabia, esa angustia, esa impotencia, pero nadie nos enseña a ponerle nombre. Desde chica era una niña complicada porque era respondona, específicamente cuando encontraba cosas injustas en temas de género. Por decir que no.

Sus primeros textos eran breves. Hoy la inspiración y los testimonios a veces le llegan de la nada y le gusta plasmar todo en papel. Cuando no tiene su cuaderno a mano dice buscar la manera, llegando incluso a pedirle a un mesero que le preste su libreta para poder anotar las ideas o experiencias de otras mujeres que recibe y percibe en el momento. Aun así, los primeros bosquejos surgen generalmente de su diario. “Todos los nacimientos de mis libros, el título, la maqueta, están en mis diarios de vida de los últimos cuatro años”, afirma. Es una libreta de color café con un elástico que la mantiene cerrada para que “las ideas dentro no se escapen”, ya que está rebalsada en anotaciones, sin espacio para más palabras en las páginas rellenas de tinta negra.

Me gusta tener todo en mi diario de vida, es mi espacio creativo e inevitablemente está todo conectado. Las citas que anoto, conversaciones, entrevistas que hago a mujeres para crear a los personajes. No solo para Mujer insurgente, sino que para Hogar de brujas y No soy tu Lolita también entrevisté a mujeres. Y me ha pasado con lectoras a las que les pregunto ‘¿puedo anotar esto y referenciar con un personaje en el siguiente libro?’”, dice.

«Nunca he dicho que soy buena escribiendo», afirma. “La forma en que construyo mis ficciones siempre surge del núcleo de un grito que quiero transmitir”. Clarke no atribuye su alcance y popularidad a algo en particular. Es más, le sorprendió mucho que su primera publicación tuviera tanto éxito, al igual que las siguientes.

 

Sus experiencias en Chile y Alemania: “Una revelación de la realidad mundial”

Clarke cuenta que, a diferencia de Chile, en Alemania “se tiene un sistema que te permite estudiar, trabajar y tener salud mental”. “Me había planteado cuestionamientos, metas, sueños, que acá eran posibles. Me hacía tan feliz la perspectiva, y me proyectaba. Fue como: ‘Necesito quedarme’”, relata Clarke sobre aquella resolución que tomó en 2021. Sin embargo, incluso en un contexto más favorable, sigue enfrentándose a desafíos: tiene clases en las que ni siquiera se incluyen autoras dentro de las lecturas obligatorias.

–¿Cómo ves la situación por la igualdad de género en Konstanz?

—Hay cosas de igualdad de género, del día a día, que uno nota bastante la diferencia. Como la seguridad al caminar por la calle. Esto no implica que no te vayan a piropear o que no vayas a vivir acoso callejero, pero eres menos proclive a vivirlo. Pero en las aulas de clase en la universidad, para mí, mis ramos mandatorios han sido terribles. Profesores que no citan a ni una sola mujer en clases de introducción a la literatura. Tienen milenios de increíbles mujeres de referentes (…) Las desconocen o simplemente las referencian mal.

Un episodio que la marcó profundamente fue con un profesor que escribió un libro sobre literatura estadounidense en el que referenció “Mujercitas” de Louisa May Alcott –uno de los libros favoritos de Dominique– como un texto sobre la niñez. “Si tú leíste este libro, cinco páginas, sabes que poco y nada tiene que ver con la niñez”, sostiene.

También menciona casos de académicos que directamente le han dicho frases como “quieres jugar tu jueguito feminista, así es cómo funcionan las cosas”; “si quieres leer mujeres léelas en la casa”; “bueno, desde tu opinión feminista”; y que han incluso llegado a preguntar al curso si les importaba saltarse la clase de teoría feminista.

“Te dicen que los humanistas son muy conscientes y todo. Pero, en la práctica, hay mucho profesor con ego frágil. Específicamente hombres blancos, jóvenes y viejos. Y los con posdoctorado son los que han dicho las cosas más terribles”.

Sin embargo, esta sería una “experiencia personal que viene desde el privilegio”, admite Clarke. Uno que se expandiría en el ambiente académico, sea en Chile o en Europa.

“Estoy hablando de problemas del primer mundo. Acá igual hay violencia de género a las mujeres inmigrantes. Yo soy una mujer caucásica inmigrante, hay muchas cosas que yo no he vivido en primera persona porque también la raza y la etnia influyen en el nivel en el que vives tu feminidad en estos países. Por ejemplo, las mujeres negras, las mujeres morenas, tienen mayor riesgo de ser acosadas en la calle o de sufrir abusos”.

Esto lo describe como “una revelación de la realidad mundial”, una sorpresa “al estar viviendo en un país del primer mundo que supuestamente está más avanzado en justicias sociales”. Mientras en Alemania el acoso callejero no es penado, en Chile hay una ley que ampara a sus víctimas.

–-¿Cómo ves tu identidad y la del país del que inevitablemente sigues escribiendo (Chile)?

Abordar siempre el contexto histórico del lugar en el que se sitúan estas protagonistas me parece súper importante. Pero también porque me parece crucial hablar de Chile. Y traerlo sobre la mesa. (…) La identidad como nación y de uno son importantes, y para mí el tema del país me gusta que se marque, que se vea.

—¿En qué medida crees que tu obra contribuye al cambio social?
No pienso en masas cuando estoy escribiendo. Pienso en una persona. No le pongo cara ni nada, pero definitivamente le estoy escribiendo a un tú, no a un ustedes. Y nunca pensé en la contribución que estaba haciendo a la sociedad cuando escribía Mujer insurgente. Pero si una mujer hace una denuncia y se siente acompañada en esa violencia que vivió sola, (a la vez) que todos le dijeron que tenía que callar, eso es lo que me motiva a seguir escribiendo.

Recuerda la primera vez que se le acercó una lectora en una firma de libros. Cuenta que la chica estaba nerviosa y que se quedó a conversar. Al final de todo le dijo que gracias a ella pudo ir a terapia por el abuso que había vivido. “Ese tú a tú con las lectoras, cuando me dicen lo que les causó o cómo se sintieron identificadas, es lo que me sigue moviendo”, remarca, y asegura: “Si puedo ayudar a fortalecer a una mujer en que dé ese paso de resistencia contra el patriarcado que está viviendo, me doy por pagada”.

 

Trinidad Quinzacara (@triniquinzacara) es periodista egresada este año de la @fcomuc. Recientemente finalizó su práctica profesional en la sección de Espectáculos de El Mercurio.

 

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