
Sin chivo y sin mecate
Según las cifras del Departamento de Extranjería y Migración (DEM), de las 12.000 solicitudes de visa en las que se detectaron contratos de trabajo falsos, cerca de 4.800 involucran a migrantes venezolanos. Sus permisos laborales fueron rechazados, lo que ha dejado a la mayoría sin visa ni trabajo formal, como dirían ellos, quedaron “sin chivo y sin mecate”. El trámite para que los vuelvan a considerar demora ocho meses, mientras los afectados divagan entre casas de conocidos, trabajos ilegales y la opción de abandonar Chile.
Por Claudio Cifuentes Lobo
Víctor Montes reza a las afueras de la Primera Comisaría de Santiago para que ocurra un milagro y le llegue dinero. Tiene una multa de $30 mil pesos que adquirió tras ser sorprendido vendiendo fajitas vegetarianas de forma ilegal en Santiago Centro. Es una de las 1.286 personas que Carabineros ha detenido bajo el amparo del Plan de Comercio Justo en la comuna hasta el 25 de octubre: la Municipalidad de Santiago reconoce que el 70% corresponde a inmigrantes. Trabaja en las calles de la capital, porque no ha podido conseguir un trabajo estable desde que llegó a Chile. También le pide a Dios ser capaz de enviar algo de dinero a sus familiares en el estado Mérida de Venezuela.
El Reporte de Migración en Chile que presentó el DEM en septiembre de 2017 muestra que si en 2010 se entregaron casi 68 mil visas temporales, el año pasado esta cifra alcanzó las 137 mil, lo que representa un aumento de un 202% en seis años. En 2016 se recibió un 51,4% más de solicitudes de visas que en 2015, de las que cerca de 30 mil corresponden a venezolanos, transformándose en la cuarta nacionalidad con más postulantes después de Perú, Colombia y Haití.
Esta alza, entre otras cosas, ha hecho que en un día de semana la cola de atención en las oficinas del DEM se inicie en el tercer piso del edificio para recorrer escaleras, pasillos y vestíbulos hasta terminar en la mitad de la vereda de la calle Santo Domingo con San Antonio. Los traductores y funcionarios que dispone la institución se pasean entre madres con sus hijos en brazos, coches para bebés y aquellos que se sientan en las escaleras a esperar su número con la cabeza apoyada en sus manos. “Párese, que aquí está prohibido sentarse”, dice uno de los guardias.
En todas las entrevistas de trabajo a las que Montes asistió, le exigían su RUT y papeles al día. Con las fajitas como único sustento, tomó la recomendación de uno de sus amigos: un hotel en el sector oriente -cuyo nombre quiere mantener en reserva- estaba aceptando personas sin contrato formal a la espera de que regularizaran su situación.
Uno de los principales problemas que obstaculiza la inserción laboral legal de los inmigrantes reside en la obtención de una cédula de identidad. A 56 días de haber ingresado a Chile, Montes cuenta que nunca consideró ser parte del mercado ilegal. “Creía que las cosas eran más fáciles aquí para conseguir trabajo, pero resulta que tenemos ese obstáculo del RUT. Tenemos que producir dinero para la familia y la única salida es vender ilegalmente en los comercios”, comenta.
“En Chile hay una obsesión con el RUT. Sin eso no se puede postular a un trabajo, a la vez que sin un contrato laboral no se puede optar a un RUT o a una cuenta de banco en la que el empleador pueda depositar”, reconoce Sarah Lyons, asesora de la jefatura del DEM. Sólo con estos documentos al día se puede postular a un permiso de residencia definitivo, lo que provocó que cerca de 12 mil inmigrantes compraran contratos falsos para acelerar la tramitación de sus visas según el DEM.
Los números que maneja el DEM indican que el promedio que toma responder una solicitud de visa es de cinco meses, la entrega del permiso laboral con visa en trámite tarda cerca de tres meses y medio y la respuesta al proceso de reconsideración de la visa bordea los ocho meses (sin considerar lo que duró el trámite anterior).
María Emilia Mendoza, originaria de la Región de Los Andes en Venezuela, ayuda rellenando solicitudes de nuevos inmigrantes a las afueras del DEM y les cobra por ese servicio. Los afectados, según ella, finalmente se quedan sin chivo y sin mecate: sin visa ni trabajo formal.“En estos meses la persona queda cesante y tiene que salir a la calle a trabajar, porque un empleador no te va dejar trabajar con él, porque multan a los dos”, señala.

Rodrigo Sandoval, quien fue jefe del Departamento de Extranjería y Migración hasta julio de 2017, coincide en que la falta de presupuesto condiciona el funcionamiento de la institución. “Si el Departamento tuviera los recursos adecuados, los únicos trámites que debieran atrasarse son aquellos que involucran contratos falsos, no el total de ellos”, comenta y agrega: “Cuando existe una falta de priorización histórica a la atención de la extranjería por parte del Estado y se le suma el aumento creciente de la migración en los últimos años, se provoca el problema que tienes hoy”.

Sarah Lyons concuerda con que el problema radica principalmente en los recursos y alega que el órgano no puede tomar decisiones que le corresponden a otra parte del Estado: “El Departamento no maneja su propio presupuesto, la cantidad de funcionarios que tenemos es decidida por otra personas y no tenemos la capacidad suficiente. No cabe más gente, no hay más plata y tenemos una fila que es un riesgo enorme”.
Montes, mientras trabaja en el hotel, está a la espera de que le presenten un contrato para ir al DEM a regularizar su situación. Complementando esta actividad con el trabajo de su esposa y la venta de fajitas, logran enviar el 20% de sus ingresos (50 mil pesos) a su hija y a sus padres en Mérida: $10 mil pesos chilenos que, en julio -al momento en que los envió-, equivalían a casi un sueldo mínimo en Venezuela.
Dos empleados de Correos Chile bajan del ascensor al cuarto piso del Departamento de Extranjería y Migración cargando siete sacos nuevos de papeles, despacho que realizan una vez al día todos los días de la semana. En las oficinas, cada escritorio tiene, a sus pies, cajas saturadas de papeles ordenados según el día en que llegaron. Las aplicaciones para permisos definitivos y visas temporales apiladas se han adueñado de la sala de descansode los trabajadores. Junto a la pared, uno de los montones sostiene una cafetera americana a medio llenar. “No se puede hacer mucho más con todos estos documentos, porque la institucionalidad se quedó chica. No son sólo los inmigrantes los afectados, sino que los trabajadores también”, admite un funcionario del área de recursos humanos del departamento. “El ambiente en el que se trabaja llega a ser peligroso en caso de un incendio o un terremoto”.
Fracu, nombre con el que pidió ser identificado un ingeniero de Telecomunicaciones titulado en Caracas, recibió a mediados de abril la notificación del rechazo de su visa: el DEM argumentaba que el contrato que presentó era falso, cosa que niega. Tuvo que abandonar la empresa en la que trabajaba para salir a las calles a vender arepas, artículos de limpieza y caminar lo que antes recorría en Metro, entre otros, para llegar a fin de mes.

El aumento del número de solicitudes de visa que recibió el DEM entre el 2015 y el 2016, que aumentó de 109.434 a 165.656, no es el único factor que ha alargado los plazos de respuesta. Cuando se detecta un contrato falso, este debe pasar a manos de la Policía de Investigaciones (PDI) para que se investigue su procedencia y, recién ahí, el DEM procede a notificar por correo la aprobación o rechazo del permiso. “Este proceso estanca el trabajo de los analistas y atrasa la revisión de la montaña de solicitudes que le siguen”, dice la asesora de la jefatura del departamento, Sarah Lyons.
Jorge León, gestor del blog Venezolano en Chile, llegó al país hace tres años y desde entonces ha documentado experiencias personales y ajenas sobre inmigración. “Ha quedado claro que la multi-institucionalidad no está dando abasto. Lo que hay que hacer es que un organismo independiente se haga cargo por completo. Que no haya que ir saltando entre un organismo y otro para tomar decisiones”, concluye León.
Tal como León, Fracu espera poder quedarse en Chile, ya que dadas las condiciones políticas en Venezuela, cuenta que regresar no es una opción: “Es como una prueba de fuego de seis meses en la que no puedes trabajar: vamos a ver si puedes sobrevivir o te vas de aquí”.
En febrero de 2016, el DEM entonces liderado por Rodrigo Sandoval, presentó un proyecto para mejorar las condiciones de la inmigración en Chile. El documento que serviría de base para actualizar la Ley de Migraciones presente, que data de 1975, le daría a la institución más autonomía y suficiencia sin restringir la multidimensionalidad del problema acotándolo a asuntos del Ministerio del Interior. Esta propuesta fue expuesta por primera vez el 5 de septiembre de 2017 por Mario Fernández, Ministro del Interior, y Gabriela Cabellos, a cargo del DEM ante la Comisión de Gobierno Interior y Regionalización de la Cámara de Diputados.
Sandoval renunció a la jefatura antes que esta ley viera la luz. En la carta que le escribió a Michelle Bachelet –expuesta por El Mercurio–, denuncia: “La propuesta que enviaron al Ministerio del Interior sufrió dilaciones y distorsiones que alejan a Chile de cumplir el objetivo de tener una respuesta moderna y con enfoque de derechos al crecimiento de la inmigración”. A sus declaraciones, Sandoval agrega hoy: “El proyecto de Ley que se termina mandando al Congreso no se hace cargo ni de las causas de la migración ni tampoco de lo que pasa con las personas cuando terminan sus trámites migratorios, es decir, las condiciones de integración”.
El 20 de octubre Fracu saltó de su silla mientras comía, porque la pantalla de su computador confirmaba que su permiso laboral había sido aprobado tras cerca de 100 días hábiles en trámite. Con las manos temblorosas llamó a su esposa para contarle la noticia y luego a la empresa a la que volvería en una semana tras haberla abandonado.
“Agradezco la recepción de los chilenos conmigo, mi esposa y a los que conozco, independiente de los problemas que hemos tenido. Nosotros también fuimos un país de migrantes y uno no sabe lo que significan los detalles hasta que te toca”, finaliza. Con la certeza de estar legalizado para trabajar, Fracu comenzará a preocuparse de su próximo sueño: tener un hijo chileno.
Sobre los autores: Claudio Cifuentes Lobo es estudiante de Periodismo y escribió este reportaje en el curso Taller de Prensa. Macarena Figueroa sacó las fotos como parte de su práctica interna en Km Cero. El artículo lo editó Camila Ossandón en el Taller de Edición en Prensa.

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