
Puertas que se abren
De las 200 mil personas diagnosticadas con enfermedades mentales como la esquizofrenia, la bipolaridad o la psicosis, solo unas pocas pueden pasar su vida fuera del encierro en hospitales psiquiátricos. En el Hogar Protegido de Recoleta, uno de los 26 que dirige el Minsal a lo largo del país, habitan seis pacientes que pueden desempeñar actividades con autonomía y que intentan vivir sin amarras.
Por Constanza Sullivan
Al tocar la puerta de la casa amarilla de dos pisos que pasa desapercibida en un barrio de la comuna de Recoleta aparece Raúl (28), uno de los pacientes de los Hogares Protegidos que dirige el Ministerio de Salud. Con una sonrisa da la bienvenida.
Los Hogares Protegidos son casas para personas diagnosticadas con enfermedades mentales crónicas como esquizofrenia, bipolaridad aguda o algún tipo de retraso grave. Estas son patologías que afectan al 1% de la población chilena. El programa estatal busca la integración de personas que, pese a su diagnóstico, tengan las capacidades para desenvolverse de forma independiente en la sociedad.

Hace unos años, Raúl, tuvo su primer brote de esquizofrenia, los cuales se fueron agudizando con el tiempo, llegando a ser internado en el Hospital Psiquiátrico Horwitz. “Un hombre que ha escapado de todos los lugares en los que ha estado, no entrega la confianza de que permanecerá en el hogar”, creía Loyola al ver el expediente de Raúl. Pero un fin de semana bastó para que él decidiera quedarse.
La preocupación y cuidado que sedemuestran las personas que conviven en el hogar convenció a Raúl de que es un lugar donde pudo encontrar una familia, que antes nunca tuvo. En los cincos años ha sido quien más ha mejorado y uno de los pacientes más satisfecho con vivir ahí, cuenta Loyola.
Son las seis de la tarde y ya es hora de tomar once, Maritza pregunta: “¿A quién le toca el turno del té?”. Todos sentados y un poco cansados se miran y excusan: “Yo hice el almuerzo”, “A mí me toca mañana”. Maritza dice: “Al que vaya a preparar el té, le van a sacar fotos”. Inmediatamente Manuel se para a la cocina. A todos les encantan las fotos. “A veces hay que retarlos o perseguirlos un poco más para que hagan las cosas, pero ellos saben que tienen responsabilidades”, explica Maritza que ve a sus pacientes como unos niños.
Óscar (66), quien también vive en la casa, está sentado en el comedor siempre con su computador y una calculadora al lado. Él estudió Mecánica en Inacap, hizo el servicio militar durante tres años, hasta que le dio su primer brote de esquizofrenia y vivió en el Hospital Psiquiátrico Horwitz hasta que logró la autonomía necesaria para ser trasladado a un Hogar Protegido.
Él pinta y escribe poesías. Los cuadros que traza sobre cartones tienen muchísimos colores, figuras y personas. En todos se repite una serie matemática. A veces es grande, otras chica y en algunas aparece más de una vez.

Maritza cuenta que a un coleccionista de arte le llamó la atención y le compró cuadros que serán parte de una exposición en el Museo de Artes Visuales en febrero de 2018. Óscar, más lúcido que el resto de sus compañeros, es el único que duerme solo y de los pocos que tiene computador.
“Señorita, muchas gracias por venir, gracias por una visita hermosa, por favor, cuéntele a la gente que no somos violentos, no somos abusadores, que podemos vivir, así como nos ve, bien en familia y felices”, solicita Óscar.
Maritza Loyola es la encargada de supervisar los 26 hogares y trabaja directamente con la casa de Recoleta y otras dos más. Para acceder, la enfermedad mental debe ser leve y permitir autonomía al paciente.
En el hogar también viven tres mujeres de la tercera edad. Ellas estuvieron en hospitales casi 30 años, por lo que al momento en que se inauguró la casa, pudieron retomar una vida normal en que podían ir al supermercado, cocinar y hay algunas que han logrado volver a hablar con sus cercanos. Pero existen otros hogares en los que la autonomía es menor, ya que el grado de esquizofrenia es más alto.
“Algunos familiares tomaron la iniciativa de volver a contactarse. Ahora celebran las fiestas juntos, se van de vacaciones, etc.”, comenta Loyola. Pero en general, ésta no es común, las personas que viven ahí llegaron después de estar 30 años encerradas en un hospital, por lo que muchos lazos familiares se perdieron.

Benedicta, Juan Pablo, Manuel, Óscar, Raúl y María Angélica tienen planes de hacer un huerto y cultivar sus verduras. Juan Pablo es el más emocionado con la idea y todos los días va al centro de rehabilitación al taller de huerto donde se cosechan hierbas y las trae a la casa.
La psiquiatra Camila Bass, egresada de la Universidad Católica y que actualmente reside en Estados Unidos, explica que efectivamente la posibilidad de mejora sobre un paciente con esquizofrenia, depresión, trastorno bipolar o psicosis es mucho más alta, si luego de que intervino la institución, la persona puede llevar una vida normal.

Actualmente, no todos los pacientes viven en un hogar así, ya que muchos son abandonados por sus familias. “Acá los dejan a su suerte, eso es terrible y esto mismo hace que la demanda de Hogares Protegidos crezca cada vez más.” explica Loyola.
Los 26 Hogares Protegidos que existen hasta el momento son financiados a través del gasto público que realiza el Ministerio de Salud y el Ministerio de Vivienda, que entregan los recursos para el día a día, la contratación de personal de salud y guardias para el cuidado de su paciente y el arriendo de las casas, que deben quedar cerca de un centro psiquiátrico.
Todos los semestres Maritza Loyola, realiza un viaje a la playa con sus ocho pacientes del Hogar. En una de las salidas, Raúl se sentó a mirar la puesta de sol: “Qué increíble de todo lo que nos hemos perdido por haber estado encerrados”.
Sobre el autor: Constanza Sullivanes estudiante de Periodismo y escribió este artículo en el curso Taller de Prensa. El reportaje fue editado por Emiliano Carrizo en el curso Taller de Edición en Prensa.

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