
Patrimonio camuflado
El Museo de los Tajamares está cerrado desde el año 2003 y hoy se encuentra abandonado. Las variadas iniciativas para recuperarlo han fracasado por problemas de espacio, inundaciones y conflictos entre el municipio y los encargados de refaccionarlo. La Municipalidad de Providencia prepara una nueva intervención que contará con $50 millones de presupuesto para sus dos fases.
Por Catalina Ide
El Parque Balmaceda está al oriente de Plaza Baquedano casi en el límite de la comuna de Providencia. Rafael Quezada (79) es uno de los encargados de su mantención y lo riega de un extremo a otro desde el año 2000, pero hace un tiempo tiene un obstáculo: el hoyo negro, como lo llaman los vecinos. “Esto que está aquí es un cachureo. Está cerrado, no me meto. Antes, hace mucho, estaba bien bonito. Gastaron no sé cuántos millones y ahí está el hoyo. En la noche llegan los ladrones, los borrachos y los cogoteros. Es peligroso”, detalla.
El Museo de los Tajamares fue inaugurado en 1980 tras descubrirse una serie de diques en perfectas condiciones, durante la extensión de la línea 1 de Metro en 1977 . Estos permitían encauzar las aguas del Río Mapocho en el Santiago colonial. Sus puertas cerraron en 2003 debido a la poca concurrencia. Desde ese momento, volver a abrirlo ha sido un desafío.

En 2017 el museo está rodeado de muros de madera prensada, pintados de color verde y repletos de afiches de conciertos. Para entrar, hay que escabullirse por alguno de los espacios que dejan las murallas desgastadas. El terreno consiste en un socavón irregular de aproximadamente siete metros de profundidad, con bordes destruidos y paredes rayadas. En medio de los escombros se observan malezas, cañerías sobresalientes y cintas de precaución tiradas, además hay una fachada de cemento llena de graffitis que apenas dejan ver su nombre grabado.
Elvira Pérez, doctora en Arquitectura y Estudios Urbanos de la Universidad Católica y Jefa del Programa de Magíster en Patrimonio Cultural de la misma casa de estudios, explica el valor histórico de los Tajamares: “Su construcción representa un intento de modernización de la ciudad a partir de grandes proyectos de infraestructura, es una obra de ingeniería representante de la época borbónica durante la colonia”. Además, cuenta que su conservación es un problema: “Se encuentran constantemente expuestos a las inclemencias climáticas y a los rayados de los transeúntes”.
Evelyn Matthei (UDI), alcaldesa de Providencia, anunció en agosto de 2017 un nuevo proyecto para los Tajamares. El plan compuesto por dos fases cuenta con un presupuesto de $50 millones. Su objetivo es detener el deterioro de la pieza patrimonial, abordando los resguardos técnicos y protecciones necesarias para cumplir los estándares de conservación. La fase de limpieza debió haber empezado en septiembre, pero esta recién se inició a fines de octubre.

“La primera tarea ha sido concentrarnos en verificar el estado en que quedó el anterior proyecto, tras la inundación por lluvias del año pasado, en ello estaremos enfocados este final de 2017 y durante el primer semestre del próximo año”, dijo la alcaldesa el día del anuncio.
Los principales trabajos a realizar en los Tajamares son la limpieza de sus muros, secado y ventilación, eliminación de fluorescencias y sales, retiro de elementos externos como encofrados y anclajes metálicos. Además de la consolidación de las paredes y la reparación del monolito conmemorativo. Pero la reconstrucción y restauración definitiva del museo es un tema que aún no ha sido abordado por las autoridades del municipio.

“La memoria de una ciudad se encuentra en el patrimonio, una fuente rica y diversa que potencia las identidades de sus habitantes”, se lee en el sitio web de la Dirección de Barrios, Patrimonio y Turismo de la municipalidad. La entidad se encarga de rescatar, conservar y difundir el patrimonio cultural y natural de la comuna y sus barrios. En la página se presenta una extensa lista de sitios patrimoniales, pero los Tajamares del Mapocho no están incluidos.
“No hemos actualizado el sitio web, pero sí tenemos considerados a los Tajamares. Existe un proyecto para la reconstrucción del museo que se encuentra postulando al Fondo Nacional de Desarrollo Regional”, explica Francisca Herrera, Directora de Patrimonio de Providencia.
Tomás Echiburú (RD), concejal de Providencia y arquitecto, contrario a lo que dice Herrera afirma:“No hay un interés en esta administración de seguir avanzando en este proyecto. No se sabe que será de ese terreno, pero el museo como estaba planteado no se va a hacer”.
La presión también proviene de los vecinos de la comuna. Miriam Sánchez, presidenta de la Junta de Vecinos Nº6 de Providencia y vicepresidenta del Consejo Comunal de Organizaciones de la Sociedad Civil, le planteó el tema a la alcaldesa a principios de 2017. Matthei le dijo que existen otras prioridades. “Seguimos muy interesados en recuperarlo, sin embargo, tenemos que dar las facilidades para que lo hagan con calma. Hay otras prioridades en la comuna”, enfatiza Sánchez.

La alcaldesa lo precisa: “No es un proyecto de restauración. Lo único que estamos haciendo es limpiar el daño que dejaron las aguas en la inundación del año pasado y cambiar el cierre perimetral para que se vea más decente. Es un proyecto relativamente pequeño. Tenemos otras prioridades que son más urgentes. No creo que quede dinero suficiente para hacer una obra mayor en el Museo de los Tajamares”.
“Probablemente un museo que solo muestre los restos de estos diques no es tan atractivo para el público. Quizás debiera incorporar otras temáticas más amplias sobre la historia de la ciudad y su río”, expresa Elvira Pérez, Jefa de Programa del Magíster de Patrimonio Cultural en la Universidad Católica.
Según Pérez, otros elementos a considerar para restaurar el museo son que se pueda mantener económicamente, que se renueve su museografía y que tenga bajo control los problemas climáticos a través de una infraestructura adecuada y así vuelva a funcionar a 14 años de su cierre.
El ahogo de los tajamares
En 2010 se le encargó al arquitecto Germán Bannen el diseño de un centro cultural. Este contemplaba una cafetería, un ascensor para minusválidos, una plaza interna y una sala de arte. Se esperaba que estuviese listo en 2013, pero las obras se retrasaron y comenzaron en abril del año siguiente. “La idea era que se pudiese albergar diferentes actividades, como presentación de bandas y orquestas. Con esta nueva oferta buscábamos que el lugar tuviese vida, que fuera un espacio donde pasan cosas. Lamentablemente no se concretó”, asegura Bannen.
Apenas 10 días después de haber comenzado la restauración en 2014, la empresa constructora de Carlos Abell, quien ganó la licitación, debió terminarla. La razón: en medio de la remodelación los obreros se encontraron con el túnel del metro Salvador. “El proyecto estaba mal elaborado, con tuberías de por medio e incluso interfería con la red que alimenta la fibra óptica de Entel”, dice el empresario.
La empresa exigió el pago correspondiente, pero la municipalidad ya había cesado de manera anticipada el contrato y se congelaron las obras. “Yo tenía materiales adentro de los Tajamares y me echaron como ocupador ilegal para no pagarme, porque ya no los iban a utilizar”, añade.
En junio de 2016 ocurrió la completa inundación de los Tajamares por las lluvias, que desataron el colapso de las cañerías. Abell dice haber advertido a la administración que se estaba filtrando agua mientras trabajaba en el proyecto y que incluso la empresa Aguas Andinas también avisó. Pero según Abell la municipalidad no le dio importancia. Los materiales de la constructora quedaron bajo el agua, perdiendo alrededor de $500 millones. Carlos Abell demandó a la Municipalidad de Providencia por $1.200 millones, situación que se encuentra en juicio desde febrero de 2017.
“Abell está denunciando que nosotros no cumplimos con nuestras obligaciones, pero él tampoco cumplió con las suyas y todo eso es lo que está en disputa legal”, dice Pilar Cruz (RN), concejala de la comuna del periodo en cuestión.
La municipalidad no se detuvo y alistó nuevos trabajos, que serían licitados a fines de 2016, cuando comenzara el periodo de Matthei como alcaldesa. Se estimaba una inversión de $480 millones de pesos, pero una vez más el proyecto fracasó.
Sobre las autoras: El reportaje fue escrito por Catalina Ide en el curso Taller de Prensa. Las fotos las tomó Ignacia Montoya como parte de su práctica interna en Km Cero. El reportaje lo editó Jaime Flores en el Taller de Edición en Prensa.

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