
La Pintana es la comuna más sustentable de Chile
La décima comuna más pobre de la Región Metropolitana es la más eficiente y participativa en el cuidado del medioambiente, según el ministerio de esa área. Con una reducción del 80% de los residuos, la comuna comenzó con un proyecto ecológico en 1993 cuya apuesta es un plan a largo plazo que incluye educar a los vecinos desde la primera infancia.
Por Verónica Droppelmann
Aurora Castro está en el patio de la Dirección de Gestión Ambiental (DIGA) de la comuna de La Pintana con una pala, escarbando tierra. Después de removerla durante unos minutos, deja su herramienta de lado y toma un cúmulo con ambas manos, enfundadas con guantes gruesos. Hay lombrices moviéndose, entre restos de tomate, lechuga y cáscaras de vegetales. “Éstas son mis niñas”, dice Castro. Más lejos se ven frutas y verduras apelotonadas, junto con dos largas cadenas de tierra. También es obra de Castro, quien, junto con otros tres funcionarios, trabaja en el compostaje. Este es uno de los 147 lechos de lombricultura de la comuna, los cuales rodean a Aurora en el mismo recinto.
La lombricultura es un proceso de cría y producción de lombrices que reducen restos vegetales a través de sus desechos. En La Pintana, los lechos pueden llegar a minimizar el 80% de los residuos al mes, material que luego pasa a ser abono para jardines y huertos municipales, además de ser entregados a los vecinos. El compostaje tiene el mismo fin, usando esos restos más otros elementos reutilizados, como ramas de árboles trituradas, producen un abono natural de la tierra.
Estas dos iniciativas son parte del Plan de Separación de Residuos Vegetales de la DIGA, el cual busca que los vecinos de la comuna dividan los desechos de sus comidas, como cáscaras de fruta y verduras variadas. Cada casa tiene un basurero con separación de desechos, entregado por la Municipalidad. Los residuos son recogidos por un camión especial que pasa tres veces a la semana, en días distintos a los que pasa el camión de la basura corriente.
La Municipalidad recoge entre 17 y 20 toneladas de residuos vegetales al día, pero tiene una capacidad de hasta 40 toneladas.
Las iniciativa de hacer la comuna más sustentable comenzó con la formación de la DIGA en 1993. Un año antes, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, Chile firmó un acuerdo para promover el desarrollo sustentable. Tras esto, se estableció un ordenamiento territorial en La Pintana, lo que frenó su expansión de población y creó terrenos protegidos por su valor ecológico. El director de la DIGA, Felipe Marchant dice que la idea de crear una Dirección de Gestión Ambiental, que también cumple las funciones de un departamento de Aseo y Ornato, vino de Manuel Valencia Guzmán, un Ingeniero Civil experto en energía que trabajó en esta materia en la Municipalidad de Rotterdam, en los Países Bajos.
En la necesidad está la ciencia

En 2003 la encuesta CASEN posicionó a La Pintana como una de las tres comunas más vulnerables de Santiago,el 25,9% de su población era pobre por ingreso. Problema que se sumó al déficit municipal que generó la modificación de la Ley de Renta en 2005, la que significó que más del 95% de las viviendas de la comuna quedaran libres del pago de los derechos de aseo, un fondo que estaba destinado a distintas áreas, como los servicios sociales, consultorios y modificaciones a los colegios. Desde ese momento, explica Felipe Marchant, la Municipalidad tuvo que buscar una manera de disminuir otros costos para poder mantener aquello que se sostenía con los ingresos anteriores al cambio de la ley.
Estas situaciones llevaron a que en 2005 la Municipalidad y la DIGA realizaran un estudio para ver cómo se podían aprovechar los residuos locales y así disminuir el gasto municipal. 18 camiones municipales recorrieron las calles de la comuna para recolectar todos los desechos de sus habitantes, descubriendo que la mayor cantidad lo componían los alimenticios.
A partir del estudio, el municipio formuló el Plan de Separación de Residuos Vegetales, que empezó su funcionamiento a fines de 2005 y convirtió la recolección en un medio para generar ingresos. Además, le dio una identidad sustentable a la comuna, siendo La Pintana la comuna más eficiente en cuanto al uso de los recursos del municipio y la cantidad de programas de sustentabilidad existentes, según Municipio Verde, un proyecto de la ONG FIMA, que se dedica a la conservación y a la comparación de la gestión medioambiental entre los municipios.
La minimización de residuos es un proceso de disminución y reutilización de los residuos producidos por una persona o comunidad.
Ese mismo año, un camión comenzó a despertar a los vecinos. Por un parlante sonaba la base de canciónes de reggaetón famosas, pero la letra había sido remplazada por: “Ahora hazte responsable”. Viviana Aguilar (36), quien vivía en ese sector , cuenta que el camión pasaba día por medio y que lo que más les llamaba la atención era el entusiasmo con que unos jóvenes les explicaban que la población tenía que comprometerse con la separación de su basura. “Ellos te enseñaban que no todo es basura, es abono para la tierra, y que de esa misma tierra nosotros sacamos los alimentos para nosotros, entonces ahí a mí se me pegó el bichito de que no tenía que botar todo”, cuenta Aguilar.
Hoy, a 11 años de su implementación, la Municipalidad recoge entre 17 y 20 toneladas de residuos vegetales al día, pero tiene una capacidad de hasta 40 toneladas. La DIGA estima que más de 10 mil personas de la comuna separan sus residuos cada semana. Además, reciben material de vecinos de otras comunas para su reducción y participa recolectando desechos vegetales en eventos externos como Lollapalooza o el Cirque du Soleil.
Separar los residuos, hasta que sea un hábito
Marchant explica que el objetivo principal de todas las medidas que hace la DIGA es el cambio de hábito en la población. Para Aguilar es posible, pero no todos los vecinos son conscientes de aquello, en especial por la pereza al separar los residuos y que el camión de la basura pase un día diferente al de los vegetales. Ella estima, por lo que vio, que de 100 personas, 40 se deben hacer responsables. “Al principio te da pereza, pero después te sientes extraño si no lo haces”, aclara.
Según Municipio Verde, La Pintana es la comuna que tiene más participación de las personas en las medidas ambientales. Hasta la fecha hay 238 egresados de los cursos de conserjería ambiental dictados por la Municipalidad y se han impartido 154 talleres enfocados en diferentes materias medioambientales.
La Municipalidad cuenta desde 2012 con la Certificación de Nivel de Excelencia del Ministerio del Medio Ambiente, siendo una de las diez en la lista. Este es un sistema voluntario que le da a los municipios la posibilidad de instalarse como modelos de gestión ambiental. Sin embargo, desde la Municipalidad aseguran que el proyecto es más de las personas que de ellos. “Es de todos aquellos que hoy miran a La Pintana como un referente en materia medioambiental, gracias a la participación de sus habitantes”, dice la alcaldesa Claudia Pizarro.
Verónica Manquecoy, presidenta de la Junta de Vecinos San Francisco I, en La Pintana, dice que en su barrio todavía cuesta que los vecinos incorporen el concepto de la minimización de residuos. “Aquí ha costado un montón, pero yo creo que igual se sigue trabajando en el tema, la idea es que logremos más reciclaje por la gente”, explica Verónica.

Aprender a reciclar desde niños
El jardín infantil Lobito Bueno, ubicado en la población Pablo de Rokha, tiene 108 alumnos. De ellos, casi la mitad trae material para minimizar desde sus casas. El repertorio es variado: botellas plásticas, latas de bebida y otros aceites fritos para biodiesel. Dentro del jardín infantil reciclan el papel blanco que usan para sus actividades y separan los residuos vegetales que ocupan para la comida de los niños.
Ruth Jara, directora del establecimiento, cuenta que el jardín está hace 46 años en la comuna y desde sus inicios ellos se declaran como ambientalistas, reconocimiento que avala la Junji a través de un sello. Esto implica que se les da material para sus iniciativas, además de seguir una línea curricular en esta materia.
El apoyo de la Municipalidad ha sido de capacitaciones, dentro de los que destacan los talleres, por ejemplo, de reutilización de botellas plásticas. Con esto los niños hicieron ladrillos ecológicos y tejas con botellas plásticas para cuidar los huertos verticales hechos con el mismo material un año antes. El resto de los materiales, menos los desechos para compostaje y el aceite frito, el jardín los vende y los fondos van directo al centro de padres.
Sus iniciativas son propias. Las ideas nacen desde el mismo centro de padres y los funcionarios del jardín. En 2017 el proyecto consiste en crear un huerto dentro del mismo jardín abonado por compostaje. En este caso, la ayuda de la Municipalidad consiste en asesorar la elaboración. El resto, es todo aporte de los padres y los funcionarios, quienes deben llevar los desechos vegetales desde sus casas para compostar.
Sobre el autor:Verónica Droppelmann es estudiante de Periodismo y escribió este artículo en el curso Taller de Prensa. El reportaje fue editado por Rafaella Bremer en el Taller de Edición en Prensa.

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