
El baile de la victoria, al fin
El 30 de enero de 2017 egresaron los estudiantes de Danza de la Universidad de Chile. De los 19 bailarines en el escenario de Matucana 100, tres fueron transferidos desde la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (U. Arcis) en 2014. Luego de verse obligados a irse de la institución en quiebra con más de la mitad de la carrera avanzada, nueve alumnos tuvieron la oportunidad de entrar a una de las mejores escuelas de la disciplina en el país.
Por Martina Díaz Araya
Trece alumnos de Danza de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (Arcis) se abrazaron una mañana de diciembre de 2014 en el piso siete de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, solo nueve de ellos podrían entrar a estudiar ahí. En la competencia por ganar un cupo debían pasar una prueba de ballet, de danza moderna, de improvisación y terminar con un solo de cuatro minutos. Todo ante la mirada de diez profesores que evaluaron cada movimiento, respiración y expresión en las presentaciones que prepararon por un mes durante clases y seminarios que profesores de la Arcis organizaron voluntariamente.
Luego de salir del colegio, tres de los nueve alumnos transferidos a la Universidad de Chile dieron las pruebas para entrar a esa institución, pero fueron rechazados y la Arcis fue su segunda opción. En enero de 2012, Scarlette Díaz (23) esperaba los resultados de su prueba de admisión, pero su nombre no estaba en la lista. Luego postuló a la Universidad Arcis y a los días recibió una llamada informándole que había sido aceptada. “Me llamaron por teléfono, justo en mi cumpleaños, el 14 de enero, fue el mejor regalo”, recuerda Díaz.
El regalo no duró mucho, en 2014 la crisis era tal en Huérfanos 1710, sede de la Universidad Arcis, que los profesores no tenían los sueldos al día, habían embargado los pianos y los paros eran recurrentes. Los alumnos de primer año de la carrera de Danza abandonaron sus estudios, otros de años más avanzados siguieron con clases esporádicas, organizadas por profesores voluntarios.
Era notorio el estrés y el sentimiento de incertidumbre en los estudiantes. Mientras unos catorce alumnos bailaban al ritmo del gypsy jazz de la cantante francesa Zaz en una de las clases voluntarias, la estudiante Vannesa Trecanao (25) lloraba por dolor en su espalda, tenía lumbago nervioso.
“Hubo mucha resistencia de parte de la institución por los espacios, porque era primera vez que se pedían cupos y porque se infravaloraba la formación de la Arcis en ese momento, que había sido muy intermitente”, dice la jefa de la carrera de Danza de la Universidad de Chile, Luz Condeza.

Una segunda oportunidad
La entonces directora de la carrera de Danza en Arcis, Lorena Hurtado, había entrado a trabajar a la Universidad de Chile como productora en el Departamento de Danza y empezó a buscar soluciones para sus alumnos. Al saber su situación, la jefa de carrera de la universidad pública, Luz Condeza, le ofreció evaluar la posibilidad de abrir algunos cupos para los estudiantes. “Yo podría no haber hecho nada, podría haber renunciado, podría haberme ido, lo que pasa es que en la universidad nadie iba a hacer nada por ellos”, dice Hurtado.
Para Luz Condeza era fundamental tomar una responsabilidad al respecto y le pidió a Hurtado que hiciera un catastro de los estudiantes que estaban dispuestos a cambiarse a la Universidad de Chile. Así, solicitó a la dirección de la Escuela de Danza que le dieran nueve cupos. “Hubo mucha resistencia de parte de la institución por los espacios, porque era primera vez que se pedían cupos y porque se infravaloraba la formación de Arcis en ese momento, que había sido muy intermitente”, dice Condeza. Trece alumnos dieron la prueba y fueron seleccionados nueve. Según los resultados de la evaluación tres quedaron en cuarto año, el mismo nivel en el que estaban, y seis en tercer año.
Díaz bailaba descalza un solo de cuatro minutos, en su prueba de traspaso en 2014. Sin música, en una sala de paredes blancas con amplios espejos ante la mirada de diez profesores, estaba preocupada porque le quedaba poco tiempo, insuficiente para mostrar su potencial. Ser transferida a la Universidad de Chile era su única opción, no le importaba el nivel en el que quedara luego de las pruebas, no había considerado audicionar para otras escuelas de danza.
En la Arcis tenían más espacio, en la Universidad de Chile no tienen patio ni lugares de encuentro, las conversaciones se dan en los estrechos pasillos invadidos por los contrabajos y las guitarras de los estudiantes de música que practican todo el día.
Díaz egresó este año de la Univerisdad de Chile como licenciada en Artes con mención en Danza y decidió seguir estudiando para obtener la licenciatura de profesora especializada en Danza. Pese a que afirma que fueron difíciles los primeros semestres de adaptación, por el poco espacio que tiene el edificio, haber quedado fue una salvación. “El título es distinto, porque tiene más valor salir de la Chile”, agrega.
La adaptación
Para Vanessa Trecanao el primer año en su nueva casa de estudios no fue fácil, pero esta era su única posibilidad, si no no iba a seguir estudiando. En la Arcis le quedaba un año para egresar, pero al cambiarse a la U. de Chile quedó en tercer año. La carrera de Danza en la Arcis duraba cinco años, mientras que en la U. de Chile dura seis. En clases le molestaba el hecho de que algunos profesores los llamaran “los chicos de la Arcis”. Otra bailarina que fue transferida, Cristina Concha (24), recuerda que al principio los profesores hacían grupos, “los chicos de la Arcis” siempre trabajaban juntos.
Trecanao faltó tanto a clases que terminó reprobando el ramo de ballet por inasistencia y porque no logró tener la técnica necesaria. “Me sentía decaída, desmotivada, en la Arcis nunca falté a clases y acá como que faltaba todos los días, no me reconocí el primer año”, cuenta. Su amiga, Cristina Concha, dice que vivió lo opuesto: “No nos iba tan bien al principio, pero para mí se dio el efecto contrario, tenía más ganas de ir, más ganas de aprender”.
Tanto a Trecanao como a Concha les costó adaptarse por la infraestructura. En la Arcis tenían más espacio mientras que en la Universidad de Chile no tienen patio ni lugares de encuentro, las conversaciones se dan en los estrechos pasillos invadidos por los contrabajos y las guitarras de los estudiantes de Música que practican todo el día. Suelen almorzar en un pasaje que colinda con la casa de estudios, o en una sala donde no caben más de doce personas.
Hace tres años se abrazaron y se dieron energía con la esperanza de poder ser transferidos. En enero de 2017 la primera generación de alumnos de la Arcis en la Universidad de Chile logró egresar.
La relación con los profesores es muy lejana, situación que en la Arcis no vivían. “Tú podías conversar con un profe de tú a tú, fumarte un cigarro con un profe, en cambio en la Chile esa fue una de las primeras cosas que yo observé que eran muy distintas”, dice Concha. Pese a eso comenta que fue muy bien acogida por sus nuevos compañeros.

Manuel García (27) fue otro de los seleccionados, egresó en 2017, es ayudante del curso Técnicas dancísticas en la Universidad de Chile y da clases en la Academia Sergio Lenin, en Los Andes. Pese a que también considera que fue complicado el primer año en la U. de Chile, está feliz de haber terminado sus estudios y poder empezar a enseñar, que es lo que más le apasiona. Recuerda que él era quien le daba ánimo a sus compañeras de la Arcis. “Me decían estamos chatos, queremos irnos, no aguantamos, no hay confianza con los compañeros. Yo les decía tenemos que adaptarnos chiquillas, tenemos que ir y conversar, ver la historia de los otros compañeros y ahí vamos a poder entrar a este grupo”, relata.
Argumenta que todo valió la pena, mejoró su técnica gracias a la alta exigencia de la Universidad de Chile. “Siempre le digo a mi mamá, sin desmerecer a la Arcis, que si hubiese salido de ahí hubiese salido muy poco preparado”, agrega García.
En la Facultad de Artes de la U. Chile, ubicada en la calle Compañía 1264, Trecanao, Díaz y Concha continúan con sus clases. García terminó una ayudantía y se prepara para irse a su casa a descansar. Hace tres años se abrazaron y se dieron energía con la esperanza de ser transferidos. En enero de 2017, la primera generación de alumnos de Arcis en la U. de Chile logró egresar. “Egresaron dignamente, no fue una actitud asistencialista, sino que con criterios académicos hicimos un ingreso especial para un grupo que cumplió con todos sus requerimientos”, confirma Condeza. Díaz y García aparecieron en el afiche promocional de la función de egreso, estaban de espalda con el torso desnudo y de jeans, tomados de la cabeza de sus 16 compañeros. Este año deberían terminar la carrera seis alumnos más de Arcis, Trecanao y Concha serán dos de ellos.

Sobre el autor: Martina Díaz Araya es estudiante de Periodismo y escribió este artículo en el curso Taller de Prensa. El reportaje fue editado por Romina Díaz en el curso Taller de Edición en Prensa. Constanza Menares sacó las fotos como parte de su práctica interna en Km Cero.

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