Fotos por Sofía Alarcón.

El reino de las cartas

De lunes a sábado se juntan al menos 30 personas a jugar cartas Mitos y Leyendas en el Mall Espacio M en Santiago Centro. Cada mes, las 68 tiendas distribuidoras de este juego hacen al menos nueve torneos y, según los jugadores entrevistados, los competidores gastan cerca de $20 mil pesos mensuales en novedades para sus mazos. Para la edición más reciente de las cartas publicada 2016, se mandaron a hacer alrededor de 250 mil sobres y se vendieron todos el día previo a la fecha de estreno.

Por Sofía Alarcón

De lunes a sábado, en la esquina poniente del patio de comidas del Mall EspacioM, ubicado en Santiago centro, hay al menos 30 personas sentadas una frente a la otra. Están en el tercer piso del recinto, en el único extremo donde no hay locales de comida rápida, y la mayoría de ellos usa poleras negras, de bandas de rock o de videojuegos. Algunos son jóvenes que estudian de noche, otros vienen después del trabajo con terno y corbata, y otros llegan después del colegio con uniforme y la mochila en la espalda. Todos tienen en sus manos un mazo de cartas y se juntan ahí para jugar entre ellos. El espacio M se transformó en un lugar de entrenamiento de Mitos y Leyendas, un juego de cartas de estrategia chileno creado el 2000 por la empresa Salo.

Las cartas dejaron de fabricarse en 2010 cuando Salo quebró. Cuatro años después, la empresa Klu revivió el juego de cartas con una nueva edición llamada Furia, la que siguió con la tradición de mostrar a personajes mitológicos y medievales. En junio de 2014 anunciaron que el lanzamiento sería el seis de septiembre del mismo año y desde entonces han sacado una nueva edición cada año.

Para celebrar el lanzamiento, Klu organizó un torneo con convocatoria abierta. El evento se desarrolló en las oficinas de la compañía en Providencia, que también funciona como tienda, y las primeras 500 personas que se inscribieron presencialmente recibieron un mazo con 50 de las 214 cartas nuevas.

Al día siguiente, en el lanzamiento, llovía de forma torrencial y había más de 500 personas en la fila que se formó en la calle. Nicolás Barraza, un jugador de 28 años, no alcanzó a comprar su entrada. A las 20.30 hrs, 526 personas comenzaron a jugar con las nuevas reglas. Las cartas anteriores ya no servían, porque los diseñadores del juego decidieron comenzar una nueva era cambiando las reglas. “En el antiguo era todo muy rápido, jugabas muchas cartas por turno y era muy al azar, el que partía ganaba. No era tanta estrategia, ahora sí, como debería ser”, dice Felipe Ravanal, quien participó en el torneo y a sus 26 años es el campeón nacional de la versión 2016.Como a Felipe y Nicolás, a otros jugadores tampoco les importó volver a aprender a jugar.

Nicolás Barraza tomó una carta por primera vez en 2003. Hoy lleva su pelo negro largo hasta más abajo delos hombros, usa lentes, poleras oscuras y jeans. A todos los eventos va con un polerón negro que en la espalda dice Mitos y Leyendas, dice que se lo mando a hacer por encargo. Nicolás cuenta que todos frecuentan las mismas tiendas, venden y compran cartas online en el grupo de Facebook La Comunidad Número 1 de Mitos y Leyendas: El Reino, van a torneos y se juntan en el Espacio M. “Es casi imposible que los que juegan más no se conozcan”, dice el jugador.

Hay torneos avanzados, interescolares y el campeonato nacional. Los grupos que se juntan en los torneos avanzados son de máximo 32 personas, dependiendo de la capacidad de la tienda, y duran alrededor de cuatro horas. Hay jugadores entre los 17 a los 30 años. Van armados con sus mazos y tienen la esperanza de ganar sobres y cartas promocionales. Al mover las cartas, los competidores se miran a los ojos. Varias veces ponen la vista en el compañero del lado, que está a menos de 30 centímetros. A pesar de que hay cuatro mesas, donde caben ocho jugadores en cada una, la mayoría ocupa las que están más cercanas al mesón de ventas.

Durante el juego hablan lo justo y necesario, se escucha el sonido de las cartas bailando en la mesa, chocando, moviéndose de un lado a otro. También se escucha la gente que entra a comprar a la tienda. Llegan niños con sus padres, niños solos o adultos jóvenes buscando juegos. Cuando llega el descanso, los contendores se ríen y comparten, comen galletas y toman bebida. Deciden saltarse el almuerzo y seguir el torneo.

El premio de Felipe Ravanal por ganar el Torneo Nacional es un viaje a Europa por una semana con hospedaje en castillos antiguos que funcionan como hoteles. El joven asegura que no ha podido coordinar los tiempos, por lo tanto, aún no sabe si usará el premio. “Si no pudiera ir podría cambiar el viaje por dinero, pero lo ideal es ir”, recalca Felipe.

En los torneos, los jugadores hablan poco, se puede escuchar el movimiento de las cartas sobre la mesa.

Cuando el torneo termina, todos miran la única pantalla que hay en la tienda. Nadie está triste o celebra notoriamente. Se forman en grupos y hablan entre ellos, comentan sobre las cartas y los regalos de los ganadores. Algunos compran la entrada para el lanzamiento de la última edición. “Es verdad que uno gasta plata, pero hay gente que gasta plata en otros juegos, hay gente que sale o hace deportes y gasta plata en eso también”, dice Sebastián Álvarez, un jugador de 24 años que participa en el torneo, mientras habla con sus amigos después de terminar el duelo. A Sebastián le costó seis mil pesos inscribirse. La inscripción de los torneos avanzados suele superar los cinco mil y el precio de las ligas ronda los dos mil pesos.

La única forma de clasificar al Torneo Nacional es juntando puntos por jugar en los torneos que organizan las tiendas. El año pasado el promedio para clasificar fue de 250 puntos y Klu usa este sistema para que el ingreso al Nacional sea por mérito. El evento es sólo una vez al año.

El premio de Felipe Ravanal por ganar el Torneo Nacional es un viaje a Europa por una semana con hospedaje en castillos antiguos que funcionan como hoteles. El joven asegura que no ha podido coordinar los tiempos, por lo tanto, aún no sabe si usará el premio. “Si no pudiera ir podría cambiar el viaje por dinero, pero lo ideal es ir”, recalca Felipe. Cada vez que sale una nueva edición, gasta alrededor de 120 mil pesos en sobres para tener mejores cartas en los mazos que ocupa en los torneos. “Yo no vendo mucho, así que todas las cartas que voy consiguiendo las guardo”, dice.

En el Espacio M, sentado con dos mesas blancas en frente y entre la multitud de personas que juega o simplemente observa, se encuentra un hombre de contextura delgada y pelo negro. Todos los días llega a ese lugar con cuatro carpetas que contienen alrededor de 1.300 cartas cada una. Luis Sánchez, de 38 años, se dedica a vender Mitos y Leyendas.

Luis siempre fue comerciante. Cuando tenía veinte años comenzó con un quiosco, donde unos niños le enseñaron el juego de Salo del que hoy vive. Después tuvo un negocio en un Centro de Salud de Pudahuel, que por remodelación sacaron del lugar. Como estaba sin trabajo y necesitaba dinero, se le ocurrió vender las cartas, con las que solía jugar, donde sabía que habría clientela: el Espacio M. “Estaba pensando en trabajar, pero solo tengo estudios medios y me pagarían el mínimo. Vendiendo cartas gano más y me alcanza para el mes”, dice orgulloso Luis. Luego de cumplir dos años desempeñándose en lo mismo, gana entre 15 y 20 mil pesos al día. En los días buenos asegura ganar entre 60 y 70 mil.

El vendedor del Espacio M pone precio a las cartas por antigüedad, calidad y rareza. En su casa tiene muebles llenos de ellas. “Decidí coleccionarlas porque las cartas son valiosas y pueden ser hasta una herencia”, sostiene. Código Zamurai, la carta más cara en el mercado, cuesta alrededor de 400 mil pesos. El Código Zamurai es una carta para coleccionistas, ya que por un error de impresión tiene un desperfecto, se le conoce como una carta rara y por eso también es de alto valor. Sánchez la tiene en su poder y espera venderla algún día.

Así trabajan los diseñadores de lascartas en la oficina de Mitos y Leyendas

Los nuevos jugadores

Lukas Troya de 17 años, es amigo de Luis y cuando llega del colegio al Espacio M lo ayuda a vender si no está jugando. Para él las cartas Mitos y Leyendas son un hobby con el que aprende sobre las distintas culturas que muestran las ilustraciones. “Sé que si me va mal en el colegio mis papás me quitan el juego, eso me hace estudiar más”, dice el estudiante. Lukas invirtió alrededor de 60 mil pesos en el mazo con el que, según él, triunfará con sus dos compañeros del Liceo Murialdo de Recoleta. Ya tiene armado el equipo con el que competirá en el Segundo Torneo Interescolar que organizará Klu.

El torneo para escolares de este año todavía no tiene fecha y el de 2016 reunió a 35 colegios de todo Chile. La competencia está dentro del programa educativo de Klu, que busca promover la enseñanza escolar con ejercicios didáctios con las cartas. Los colegios debían inscribirse por equipos de cinco personas más un profesor guía en alguna de las dos categorías existentes: Junior, para estudiantes hasta octavo básico, y Senior, para aquellos que cursen enseñanza media. Además, sumaban puntos si venían disfrazados. En la Universidad San Sebastián, que fue la sede del Interescolar 2015, parecía una fiesta de 175 escolares más sus profesores esforzándose por ganar.

Los premios para el primer lugar fueron un Notebook Gamer para cada miembro del equipo y cinco computadores de la marca Gama Alta para el colegio. Para el segundo lugar era un I-pad Air para cada uno o el valor en efectivo de estos.

Sobre la autora: Sofía Alarcón es estudiante de Periodismo y escribió este reportaje en el curso Taller de Prensa. El artículo fue editado por Felipe Cáceres en el Taller de Edición en Prensa.